Mi cuaderno de Bitácora. Curso 2003-04. 3: Temores

Lo tétrico. 3 (2/10/03)

El ser humano es como es. Y nosotros no hacemos más que confirmar esta idea. Somos un grupo formado por un número importante de futuros profesionales de la salud; pero este hecho, afortunadamente, no nos hace ser diferentes al resto de los grupos humanos. Y aceptando la idea de uno de sus compañeros de que mi propuesta de “imaginar la escena más terrorífica que penséis os puede pasar en vuestra vida profesional” contiene un cierto elemento negativo, lo cierto es que las únicas ideas que emergieron fueron de asesinatos, violaciones, muertes, agresiones… En un grupo apareció la idea de enamoramiento, pero la descartaron y no la dijeron en voz alta. Y esta suele ser una de las características del ser humano, o quizás mejor, del hombre de cultura occidental. ¿Qué función puede tener la tendencia a pensar en estos términos que parecen negativos? De entrada creo que generar susto. La idea de “piensa mal y acertarás”, parece que la tenemos en lo más hondo de nuestra alma. Generar susto o hablar de él. Porque lo que parece acertado es pensar que tenemos una cierta dosis de susto en el cuerpo. ¿Cómo me las apañaré ante el paciente (entendiendo como paciente una persona, grupo, institución sociedad)? El susto que proviene de nuestra lógica inexperiencia, de nuestra sensación de falta de recursos, de la edad…

Y ante el susto, tendemos a pensar en lo peor. Si mi hijo llega tarde a casa, descubro en mí una tendencia casi natural a pensar en si le habrá pasado algo… malo. Y creo que esto es normal, o al menos, general. En un grupo que llevo en la consulta, un paciente expresaba su preocupación porque no tenía noticias de su hijo desde hacía una semana. Pensaba si en el viaje que realizaba a Alejandría, le habría pasado algo… negativo. Tenéis razón cuando me decís que la muerte es algo importante, y que le tenemos miedo. Y que posiblemente ese miedo, me decíais, sea uno de los motores que alimenta tales ideas. Estoy de acuerdo. Pero, ¿y la vida? A veces tenemos miedo a la vida. A veces nos da miedo el triunfar, el que nos vayan bien las cosas. Otro paciente del mismo grupo decía: “me da miedo confiar en alguien, porque si confío ¡a saber a dónde me puede llevar esa relación! Esto habla más del miedo a la vida que a la muerte. Eros y Tánatos en plana interacción.

Susto. Esto es lo que creo planea sobre nuestras mentes. Y si nos fijamos un poco, ese susto tenía dos colores: por un lado el que derivaba de las características del paciente (podía ser un violador, o un suicida en potencia), y por otro de nuestros errores profesionales. Es decir, que este susto se ubica en dos lugares: fuera de nosotros y en nosotros. Fuera, es decir, es el otro el que por sus características acaba generando un follón de consecuencias imprevisibles; y dentro, porque serían nuestros “errores” profesionales, los causantes de desastres apabullantes. Pero, ¿qué es lo que se ubica fuera o dentro? ¿Podríamos pensar que hay algo común en estas dos “ubicaciones” ? Parece que el común denominador es algo que podría llamarse “agresividad”. La agresividad del otro y , posiblemente, mi agresividad expresada bajo la forma de “error” profesional. La primera parece muy clara. Suele ser más fácil ver lo que sucede fuera que lo que pasa dentro. Pero hubo una intervención que podría aclararnos un poco la segunda parte. Fue cuando se habló de la agresión que un profesional podría recibir por parte de unos niños, ¿recuerdan? En esta intervención lo que emergía era la posible reacción del profesional. Y esta reacción posible, y seguramente totalmente comprensible al vernos atacados, hablaría de esto que llamo “mi agresividad”. Entonces, si lo que estoy escribiendo tiene una cierta lógica, el susto que encabeza este párrafo es en realidad el susto que surge de mi miedo ante la agresividad, propia o ajena. Voy a dejar aparcado el tema aquí, ya que ya habrá otra ocasión para hablar de ello

Pero entiendo que puedan tener una cierta dosis de susto. Pero ¿y la confianza en sí mismos? Podemos hacer muchas cosas con las capacidades que ya tienen. Por ejemplo, podemos pensar. Pensar sobre las cosas que nos pasan. Y si somos capaces de ello, si somos capaces de desarrollar esta capacidad de pensar sobre las cosas que nos pasan en clase, por ejemplo, van a poder disponer de un instrumento útil para el resto de la vida. Tanto la profesional como la personal. Porque, como les dije, las personas todas, cuando no somos capaces de mantener activa nuestra capacidad de pensar, actuamos. Esto sucede tanto al nivel individual como en el nivel colectivo. Las parejas cuando la capacidad de pensar conjuntamente fracasa, se pasa a la acción, a la agresión. Las instituciones, las sociedades, cuando fracasan en su capacidad de pensar sobre lo que sucede, activan los mecanismos de agresión. Y esto desde hace varios millones de años. En este sentido no hemos evolucionado casi nada.

Espero y deseo que seamos capaces de mantener esta capacidad.
Dr. Sunyer

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