Mi cuaderno de Bitácora. Curso 2003-04

1/2003-04
Empezando que es gerundio

Como ya les dije hola y les expliqué un poco mi planteamiento en la carta que les dirigí, me voy a evitar este paso. Este escrito, y otros que irán apareciendo si las fuerzas no me fallan, pretende ser una forma de compartir mi pensamiento diario con Uds. A modo de cuaderno de bitácora que pongo a su disposición. Y en él pretendo ir desgranando pensamientos que creo tienen relación con el propio curso, su dinámica; sobre todo desde la perspectiva del colectivo de personas que formamos esta unidad que se llama clase; o aula, en algunos lugares.

No hace más que unas horas que he comprobado mi horario, o mejor, nuestro horario. No es el mejor pero no es tan malo como parece. Quizás los miércoles sea más duro por las ganas de comer. Y aquí ya tenemos un primer elemento que va a añadir tensión a nuestra propia dinámica: el hambre, el cansancio después de varias horas de trabajo puede animarles a desear acabar lo antes posible; incluso les puede venir la tentación de abandonar la clase antes de su finalización. ¿creen que los jugadores de un partido pueden salir del mismo antes de haber acabado el partido, aunque lo hagan a altas horas de la noche? Pues nosotros estamos en una situación similar. Claro que me dirán Uds., ¡no es lo mismo!. Pues no y sí. De esto voy a tratar de hablarles en este escrito, de los límites y los compromisos en nuestros tratamientos.

Sé que estamos en una democracia, y esta idea parece sugerir que todo debe realizarse bajo el común consenso de todos. Ello que es cierto en lo que atañe a la participación ciudadana en los órganos de poder, comienza a no ser tan cierto en otros lugares. ¿sería viable que la duración de los partidos de fútbol estuviese en manos de los espectadores? Si fuese así, se organizaría un auténtico follón ya que cada aficionado abogaría por finalizar el encuentro al ver que su equipo gana y evitaría por todos los medios que los del equipo contrario impusiesen una duración mayor para facilitar su resultado. Y esto es cierto no sólo en el terreno deportivo, sino en la mayoría de los aspectos humanos. Y por no dar muchos rodeos, una familia, por ejemplo, no es un espacio democrático. Los padres deciden cosas en función de una serie de criterios y no someten a los hijos decisiones que, aun atañéndoles, no les corresponde tomar. Creo que si a un hijo le pegunto si quiere ir al colegio me dirá, con toda razón, que no, que prefiere quedarse encasa jugando con los videojuegos o con Internet. Los padres, en este caso, toman las decisiones basándose en criterios personales; acertados o no. Y los partidos de fútbol o de hockey tienen sus tiempos determinados a priori y siempre los mismos. Y cualquier variación en la duración es una decisión del árbitro con base a determinados criterios, también muy concretos.

La razón, o una de las razones, es el establecimiento de un determinado orden. Orden que me permite dirimir lo que sucede en la contienda en un tiempo y un espacio determinados y no arbitrarios. ¿y por qué no pueden ser arbitrarios? Para evitar que aspectos no deportivos, por ejemplo, se introduzcan en el juicio del tiempo o espacio a jugar y desvirtúen el objetivo fundamental: saber qué equipo gana en este espacio y tiempo; y con unas determinadas reglas establecidas previamente. Pero, se podrá objetar, ¿qué elementos no deportivos pueden introducirse, cuando sabemos que todos los jugadores y el propio árbitro lo que en realidad desean es jugar y que gane el mejor? Pues sencillamente, aún aceptando la máxima honestidad de árbitros y jugadores, aparecen algunos elementos de carácter personal, emocional, que pueden desvirtuar la idea común. Y si no, fíjense en los follones que aparecen cuando el árbitro decide acabar un partido si alguien considera que falta un minuto o dos. ¡nos ha robado el partido, nos han quitado un minuto!

En el terreno profesional en el que nos movemos, pasa lo mismo. El profesional se pone a trabajar con una o varias personas y, aunque se sentía fresco y capaz de abordar cualesquiera temas que estas personas le presenten, comienza a sentir un cansancio que en ocasiones se torna difícilmente soportable. ¿qué hace? ¿corta la sesión? O mejor se pone a pensar en qué elementos le producen tal sensación de cansancio. Y lo mismo le sucede al paciente. Al principio muy bien, pero en ocasiones, comienza a sentirse mal, cansado, con ganas de salir corriendo. Y cierto que puede hacerlo, como también podía el profesional interrumpir la sesión. Pero… ¿qué tal si nos ponemos a pensar en qué ha sucedido, qué elementos han podido aparecer en escena para acabar provocando este cansancio y hasta la decisión de marcharse? Y si bien podemos pensar que los tiempos del inconsciente no se rigen por los mismos principios que los de la realidad, sucumbir a su presión, a la presión de lo inconsciente, tiene la pega de no posibilitar entender qué es lo que se está poniendo en juego.

Esta asignatura, este espacio lectivo denominado de Orientación Psicológica, va a funcionar de forma muy similar a cómo funcionan los espacios asistenciales de Orientación Psicológica. Y lo planteo así porque considero que es una de las mejores formas que tenemos (si no la mejor) para que vayan entendiendo los procesos que se dan en estos contextos. Y este aspecto del horario nos brinda la oportunidad de poder pensar cómo aspectos aparentemente anodinos, tienen o pueden tener una significación mayor de la que en principio suponemos.

Los horarios no siempre los decidimos los profesionales, y casi nunca los pacientes. Si trabajo en una institución, la institución me marca los horarios y las actividades que voy a realizar en aquel tiempo laboral. Entiendo que “lo ideal” pudiera ser que cada uno tuviese el horario que mejor le va. Pero esto no es posible. Lo “real” se opone siempre a lo “ideal”. Y si bien sería aconsejable que las instituciones tuviesen en consideración qué sucede con los horarios que proponen, este hecho no acaba siendo así. ¿han tenido alguna vez la desagradable experiencia de estar en un hospital recuperándose de una intervención quirúrgica o dolencia importante y descubrir que a horas absolutamente intempestivas, tanto el personal de enfermería o auxiliares de limpieza, entran a limpiar la habitación a comprobar la temperatura del paciente? Es un caso claro en el que prima el horario por encima de las particularidades del paciente. Y aquí sucede lo mismo. No parece que sea el mejor horario; seguramente es único el que es posible. Y, considerando lo que ello nos afecta, deberemos poder saber establecer las formas de funcionamiento para entender qué elementos se colocan en el horario y que posiblemente tengan que ver con otras cosas.

Estas cosas y muchas otras tendremos que ir entendiendo a lo largo del curso. Que les vaya bien.

Dr. Sunyer

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