Mi cuaderno de Bitácora. Curso 2002-03. Lo agridulce del encuentro

Lo agridulce del reencuentro. 8/1/03

A lo agradable del encuentro, tras tantos días de descanso, se añadía lo para algunos agrio del encuentro con la valoración de los trabajos. Y esto empaña un poco, en ocasiones un mucho, las relaciones. Pero por ambos lados; por quien recibe una noticia no esperada y que evalúa por debajo el esfuerzo realizado, y por quien valora que no desea generar malestar. Pero tiene un punto de inevitable. Y ese punto es el que agria aspectos de la relación teñidos de un color mucho más cálido.

Por lo general uno puede encajar estos aspectos de la realidad. Pero en algunas ocasiones, no. Y entonces anida un sentimiento de malestar que puede llevar a devaluar plenamente la experiencia. Haciendo que aquel punto negativo, desagradable, se apodere de todo el espacio relacional. No es fácil sobrellevar los momentos de frustración. Y tampoco es fácil frustrar, sabiendo, además, que uno no frustra por placer. Son aspectos de la realidad que muchas veces nos cuesta asumir. Y entonces aparecen aquellos profesionales que no asumen que una de sus funciones es esa: la de determinar algunos límites. Y en los tiempos que corren no tiene buena prensa ese aspecto limitador.

En muchas ocasiones nos encontramos con padres que no pueden, no saben, no se atreven a poner límites, a señalar que algo está mal, o que no es correcto. Con la creencia de que la vida ya les marcará y olvidando que en toda relación hay algo que tiene que ver con esa misma realidad. Confundiendo la tolerancia con el pasotismo se hace mucho daño. Y cuando los padres desplazan su responsabilidad en los maestros, éstos se ven con la presión social de hacer lo que no deben. Y, al no poder asumir ese papel, éstos demandan a la sociedad que ponga servicios de seguridad en las aulas. Y entonces, las aulas se convierten en otra cosa que en espacios de formación y de aprendizaje. Y así, delegando, delegando, acabamos exigiendo que la sociedad cree centros penitenciarios en los que recluir a toda persona que no se ajusta… y acabamos imponiendo una justicia infinita cuando en realidad, todo empieza donde empieza: en la asunción de la responsabilidad de cada uno. Pero esto no es fácil. Nos gusta más ir de buenos y bondadosos, que de malos. Aunque en ocasiones, el marcar límites es la mejor tarea que podemos hacer ante un paciente, ante un profesor o ante cualquiera. Y eso se agradece.

Como se agradece también el comprobar otros aspectos agradables como la valoración que han hecho del clima creado en el aula. Mañana les llevo el trabajo que proviene de las valoraciones de la escala de Moos. Debo decir, en aras al reconocimiento que les debo, que es una muy agradable valoración de la que básicamente, Uds., son los responsables.

Muchas gracias por el regalo Navideño.

Dr. Sunyer

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