Mi cuaderno de Bitácora. Curso 2002-03. El caso de Angel

Angel 5/12/02

Tras la sesión de ayer he considerado que puede serles útil el realizar alguna entrevista más y prolongarla uno o dos días más a fin de que les sirva de aprendizaje más global. Así que invité a una persona a acudir a la sesión. Este era Angel.

Y llegó Angel. Con sus particularidades y su extrema educación. Llegó con todo su ceremonial adelantándose a nuestras propias pretensiones y señalando, de entrada, que no adquiría ningún compromiso con nosotros; y que por supuesto nosotros tampoco con él. De esta forma enmarcó toda la relación que se estableció; y, además, éramos conscientes de que no teníamos otra alternativa.

Tras la entrevista (cuarenta minutos no es poco) nos pusimos en círculo. ¿Por qué? Es importante que nos acostumbremos a trabajar marcando las diferencias entre cada situación. De seguir como estábamos, espacialmente manteníamos la misma distribución que la que tuvimos con Angel y por lo tanto facilitaríamos la reproducción de una relación similar. Y esto no les beneficiaba. Ni me ayudaba. Siempre es importante que la distribución espacial se adecue a la relación que queremos mantener. De lo contrario podemos caer en confusiones que no son necesarias.

En el grupo grande se habló de muchas cosas. De falsedad, de pesadez, de no poder aguantar, de… Ideas todas ellas válidas, adecuadas a lo que la transferencia de Angel provocaba en nosotros. Y est que provocaba era esto que llamamos contratransferencia. ¿de acuerdo? Es decir, Angel inoculaba en nuestro aparato psíquico unas determinadas ideas y sentimientos que generaban en nosotros la emergencia de otros que se le adecuaban: falso, pesado, no puedo aguantarte, podrían ser frases que cualquiera de nosotros podría decirle en privado. Y me aventuro a pensar que son frases que ha oído en numerosas ocasiones. Oído no quiere decir escuchado, ¿de acuerdo?

Tras esos aspectos aparecían otros que enmarcaban el trabajo teórico de hoy: la conversación. ¿y cómo fue? Varios elementos emergían en la misma. Si nos fijábamos en el lenguaje no verbal, podíamos ver una particular forma de mover el cuerpo, las manos, la gesticulación de la cara. La manera cómo venía vestido, lo que hacía con su ropa cuando se la quitaba, los cuidados con los que actuaba se correspondían a lo que nos decía. ¡Cuidado! Y si escuchábamos el sonido de su voz oíamos un tono monocorde, con apenas variaciones sonoras; y un verbo pastoso, bastante barroco, que trataba de dibujar un escenario muy concreto para cada idea, cada frase. El fluir de su voz, de las palabras no era ágil, no era un torbellino, no una catarata: sino más bien como la de un río caudaloso que se desliza mansa pero peligrosamente por una llanura. Aguas profundas. Ahí cabe bien el dicho de “!de las aguas mansas líbreme el señor, que de las bravas ya me libro yo!” Y podríamos seguir si tuviésemos una grabación de la sesión. (en ocasiones lo he pensado, pero hay un problema de complejidad técnica que no sé cómo resolver) Si la tuviésemos grabada podríamos seguir haciendo un análisis del lenguaje y podría ser, para algunos de Uds., un precioso documento con el que trabajar y hacer una publicación.

Y lo que decía no tenía pérdida:

Tanto cuidado
Tanta felicidad
Tanta santidad.
Tanto equilibrio.
Tanto amor.
Tanta unión.
Tanta entrega.
Tanto altruismo

Como alguien bien decía, cuando alguien abusa tanto de las palabras, algo oculta. Y tenía razón. O al menos se la otorgo como buena hipótesis de trabajo.

En estos momentos pienso. ¿Y todo esto, cómo lo articulamos con la asignatura? Pienso en nuestro programa. Veamos… “el motivo de consulta” ¿lo tenemos? Creo que sí. Alguien que viene buscando una orientación porque su profesional de referencia le indica un tratamiento que el, desde su conocimiento, rechaza. Y ese tratamiento que busca lo precisa ante algo que llama cansancio y que aparece tras una historia que se inicia con la emergencia de una hepatitis B, y un tratamiento “bomba nuclear” Pero si se acuerdan, hablábamos que una cosa era el “motivo de consulta” y otra el “problema por el que acudía”. No sé si son capaces de descubrir el problema. No lo sé. Hasta ahora sabemos que hay cansancio, y que por las noches, se despierta pronto con la sensación de cansancio. Y que le faltan fuerzas para trabajar. Creo que si acudiésemos al DSMIV, no nos costaría mucho pensar en una clasificación. Pero ya saben que, en el contexto en el que me muevo, huyo un poco de esto. Sigamos.

En otro punto del programa hablamos del tema de la ansiedad. Y de cómo y en donde la depositábamos. ¿Cómo lo ven? ¿Tiene ansiedad? ¿Cómo expresa la ansiedad? ¿Estará oculta tras la idea de fatiga y cansancio? Creo que sí. Es una ansiedad profunda, manifestada por sintomatología somática (cansancio, fatiga) y que le despierta de noche. Una ansiedad que emerge en un cuadro, en una escena en la que todo es perfecto y funciona bien. Mucho cuidado, felicidad, santidad, equilibrio… Si todo funciona tan bien, ¿dónde puedo poner la ansiedad? Y, encima, el trabajo (que era correcto) se dibuja como la cosa más terrorífica que existe: estar en un lugar trabajando y en paro al tiempo. No hay tortura mayor. Y esa ansiedad también se manifestaba a través del lenguaje: pastoso, barroco, lento, y generando en Uds., unas ganas de salir corriendo enormes.

¿Y los temores? ¿A qué debe temer alguien que va con tanta cautela, tanta prevención y tanto asegurar públicamente que todo está bien? En el grupo grande hablamos de la Guardia Civil, y de los artificieros que con tanta heroicidad exponen su vida para desactivar bombas que algunos, llamémosles desaprensivos, colocan por ahí. Si tengo que desactivar una bomba no iré con prisas. Cualquier paso en falso puede acabar con mi vida o con la de muchas personas. Y Angel nos previene ¡Cuidado! ¡No compromiso! ¡Son Uds., muy amableeeeeees! ¡Son Uds. muy saaaaaaantos! ¿Miedo? A que estalle, a que algo se rompa dentro de mí y haga añicos lo que me rodea. ¡Cuidado!

Hablábamos de mecanismos de comunicación. Creo que los sentimientos que generó en nosotros sssn un claro exponente de lo que nos incula. Y lo inocula bien,quiero decir, no queda en la superficie, lo comunica, lo transmite, lo introduce en nuestra mente, en nuestra psique.

¿Y qué decir de las dicotomías?

Tanto cuidado, hace pensar en mucho descuido, o mucho peligro.
Tanta felicidad, hace pensar en niveles de infelicidad importantes.
Tanta santidad, hacen pensar en que no es oro todo lo que reluce: mucho demonio suelto.
Tanto equilibrio, nos lleva a pensar en desequilibrios y alteraciones graves en su entorno.
Tanto amor, hace pensar en odio.
Tanta unión, nos lleva a pensar en lo que está desunido, roto, fragmentado.
Tanta entrega, nos induce a pensar o en secuestros o en agarramientos acérrimos.
Tanto altruismo, hace penar en egoísmos a ultranza.

¿Ven la utilidad de la lección de aquel día?

Y podríamos seguir con los planteamientos éticos. ¿Hasta dónde llegamos? ¿Penetramos en él, o nos paseamos discretamente a su alrededor?

Muchas otras cosas podríamos seguir pensando, pero se lo dejo para Uds. el próximo día seguimos.

Dr. Sunyer. 5/12/02

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