Mi cuaderno de Bitácora. Curso 2002-03. Y llega la sesión del día siguiente

Y llega la sesión del día siguiente 20/11/02

(Es posible que se perciba un cierto enfado que proviene de que el ordenador me ha hecho una mala pasada y ha borrado lo que estaba escribiendo y tenía escrito y tengo que volver a escribirlo)

Decía, en ese escrito anterior invisible por mor de la técnica, que en la sesión de hoy nos pusimos a reflexionar sobre la entrevista. Y que en esta reflexión una de las primeras cosas que aparecía era la de si sería o no conveniente derivar el caso dadas las dificultades con las que nos encontrábamos (¿) Y cuando surgió la cuestión (que apareció posteriormente de forma similar) me preguntaba a mí mismo sobre el por qué de dicha cuestión cuando en realidad el tema con el que nos íbamos a centrar era la propia entrevista. Y se me antojaba que una de las razones que estaban tras esta idea era la de “sacarnos a ese paciente de nuestras manos”. Cosa que se entiende. Lo que sucede es que si ante las dificultades nos ponemos a derivar, ¿con qué vamos a trabajar? Porque siempre encontraremos dificultades. A las personas nos cuesta un montón cambiar. Cambiar nuestras costumbres. Cambiar nuestras formas de relacionarnos. Cambiar los procedimientos por los que hacemos unas cosas y no otras. Cambiar es difícil. Y no sólo les cuesta a los denominados pacientes. Fíjense en nosotros mismos. Porque en un principio, junto al deseo de todos Uds., de participar, de realizar una asignatura más participativa, nos encontramos con las “dificultades” a llevarlo a cabo. Dificultades que podemos atribuir a muchas razones. Me da vergüenza, no sé lo que hay que decir… razones de una lógica absoluta y de una legitimidad total. Entonces, si a nosotros que somos personas que nos consideramos normales, sin problemas especiales, nos cuesta tanto modificar la forma de estar y de llevar esta asignatura, ¿Cómo no le va a costar a alguien modificar hábitos, cambiar las formas de ver la vida, las maneras como se relaciona, controlar los afectos que tiene sumergidos? Pues mucho más, ¡lógico! Y ante ese cambio que posiblemente por un lado desea y por otro teme, se defiende como gato panza arriba. Todo le resulta difícil y pone en cuestionamiento incluso al profesional que le trata. De hecho es lo mejor que puede hacer. Si pienso que el profesional que me atiende es malo entonces está justificado que me marche a otro…

Cosas similares pasan en la mente del profesional. Y la idea de que “no soy bueno” justifica que lo remitamos a otro. Pero, me pregunto yo, ¿no consideran normal que el profesional ante las dificultades que encuentra no piense en abandonar la tarea? ¿Acaso no me cuestiono si es útil mi esfuerzo para con Uds., y si no sería mucho mejor que abandonase mi posicionamiento pedagógico y optase por unas clases magistrales que no me llevarían tanto dolor de cabeza, no tendría que escribir tanto, ni tendría que leer lo que me ponen y menos escribirles cuatro notas a sus escritos? A veces lo pienso. Y pensarlo no indica nada más que el esfuerzo que tenemos que hacer los profesionales cuando creemos en algo, cuando nos esforzamos cada día en atender a cada una de las personas o grupos que acuden para ser ayudados. Y ese esfuerzo cansa, y el cansancio nos enfada. Nos enfada porque no querríamos tener que hacer tanto esfuerzo. Nos gustaría que las cosas fuesen más fáciles. Que nada más proponerlas funcionasen. Algo así como que les propongo un método diferente para trabajar y automáticamente y sin ninguna dificultad participasen, buscasen bibliografía complementaria, mantuviesen discusiones provechosas por los rincones de la facultad… Pero la realidad es otra. Que cuesta introducir cambios en todos nosotros. Y no necesitamos ser pacientes para ello. Hay que tener paciencia, eso sí. La cultura del microondas la dejaremos para la cocina.

Las ganas de enviar a Pau al quinto pino son, pues, lógicas y legítimas. Pero, ¿acaso la relación que Uds., pueden establecer con él no es la mejor que Pau puede tener? ¡Cuesta creer que es la relación lo que ayuda! Si Uds., son mínimamente honestos con él, si ponen su interés en conocerle, en ver sus particularidades, en comprender su tensión y su guerra particular, si sucede esto Uds., son los mejores profesionales con los que se va a encontrar jamás.

Y como son buenos profesionales, las cosas que se les ocurran irán dirigidas siempre en su ayuda. Y desde la idea “Soy Pau de pau y no de guerra” a la que hablábamos de S.Pablo o cualquier otra que les venga a su mente, todas esas ideas guardan relación con su caso. Aunque parezcan raras, anodinas: se les ha ocurrido. Lo han pensado a raíz de la relación que tiene con él. Incluso podríamos pensar que les ha sido sugerida por él sin que se haya dado cuenta.

Estas cosas como en clase. Vienen, se articulan. Aparecen en sus asociaciones mentales. Y les llevan a actuar de una y no de otra manera. Y a esas actuaciones le añadirán sus recursos técnicos. Algunos los hemos utilizado ya, como lo del genograma o el sociograma. ¿Cómo se enrollarían con Pau? Sus aficiones son en muchos momentos, el anclaje con el que uno puede trabajar. Y uno trabaja hasta que Pau decida. Que puede ser mucho tiempo o poco. Eso lo decide él. No Uds.

UN saludo

Dr. Sunyer.

No Comments

Post A Comment