Mi cuaderno de Bitácora. Curso 2002-03. Etica y otros aspectos

Sobre ética y otros aspectos. 7/11/02

Tras la sesión de hoy, muchas cosas me venían a la cabeza. De hecho, el caso que les presenté generaba de por sí, muchas preguntas. Y posibilitaba numerosas sugerencias. Entre las cosas que se decían aparecía una frontera delicada: la que derivaba de la ética y la que provenía delos aspectos técnicos del propio tratamiento. También aparece la duda entre la ética y la legalidad. Porque que una cosa sea legal no significa que sea ética.

Les decía que el primer punto en el que aparece el conflicto es el primer encuentro. De hecho, desde la más pura objetividad, no existe ninguna razón para no ayudar al hijo de un compañero de colegio al que no se le ha visto en los últimos casi treinta años. Ya que si esto es impedimento, ¿qué hacen los profesionales que habitan y trabajan en poblaciones pequeñas? Atender a alguien en estas circunstancias debiera ser absolutamente normal. Y en estas circunstancias, lo lógico es poder realizar la anamnesis y seguir las pautas normales. Y si un paciente, por las circunstancias económicas que sean, no puede ajustarse a los términos convenidos al inicio del tratamiento, uno debe poder actuar con total normalidad y buscar una salida más o menos razonable al caso. Igualmente, los comentarios que proceden del niño en cuestión, pueden o no ser ciertas; pero habría que poderlas contextualizar y frenar los lógicos impulsos de “investigar” mas allá de la realidad del propio tratamiento. Y si en cualquier circunstancia, un niño llega con la apierna recién enyesada, o no dispone de dinero para llegar a su casa, o se encuentra que no puede entrar en ella y solicita quedarse más tiempo para no estar sólo en la calle, todas estas circunstancias y muchas otras, deben poder ser resueltas con la normalidad más absoluta y bajo lo que el sentido común parece aconsejar. El problema, como pueden suponer, no se encuentra ahí.

En él, la demanda de ayuda se imbrica en la de ayudar al amigo. Y seguramente, si nos pusiésemos a profundizar en esta circunstancia, podríamos comenzar a percibir elementos que nos ayudan a ver la complejidad de elementos que se agrupan bajo la duda del comportamiento ético. Si el ayudar al amigo, por ejemplo, tapa el deseo del amigo en ser ayudado, comenzamos a entender algunas de las dificultades que aquel profesional presenta en el momento de abordar la situación. El deseo, posiblemente, se ubicaba más cercanamente al profesional que al propio amigo. Y si el deseo habita en un lugar alejado a la persona que recibe la ayuda, los problemas comienzan a aflorar. Y ese mismo aspecto se reproduciría en el caso del chaval. ¿Hasta dónde hay un deseo del chaval en ser ayudado? Posiblemente aparezcan deseos encontrados: Una cosa es el deseo de los padres en que el niño se tranquilice y tenga buenos resultados académicos. Otra cosa puede ser el del chaval que posiblemente busca alguien con quien hablar, con quien compartir sus dificultades escolares y a quien confiar sus secretos. Son dos deseos diferentes que podrían ser articulados. De la misma forma que el deseo del profesional de ayudar a su amigo podría ser depurado de aquellos otros elementos que posiblemente interfieren en la historia que les expliqué: necesidades económicas, deseos de reconocimiento, reemprender o reiniciar contactos con un amigo que los años se encargaron de separar… La depuración de los elementos que se articulan, se aglomeran en torno al deseo inicial, nos puede permitir delimitar exactamente los ingredientes que se citan en el encuentro profesional con los padres y con el niño. Posiblemente el comportamiento ético tenga más que ver con esto que con el seguimiento más o menos formal de los códigos de comportamiento profesional.

En el decurso de la sesión, aparecieron preguntas varias e incluso propuestas que podrían haber evitado la triste resolución final: el finalizar el tratamiento por impago de los padres. Pero en ellas se nos colaban aquellos elementos que guardan relación con los aspectos transferenciales de la relación asistencial.

En efecto, decíamos en su día, que la transferencia no es más que la actualización de una estructura relacional cocinada desde los inicios de nuestros tiempos y que se actualiza permanentemente. No se trata de la repetición simplemente de elementos aislados, sino la actualización de esta estructura que nos impide actuar con la frescura con la que actuaríamos si no existiese ese aprendizaje afectivo previo. En efecto, se percibía con claridad, creo, que en la situación profesional se repetía con casi identidad milimétrica, el mismo patrón con el que el niño había llegado a la consulta. Eso nos da pié a pensar en la dimensión transferencial, que no se limita solamente a la relación puntual entre paciente y profesional y viceversa, sino que incluye al contexto en el que ambos se mueven. En este sentido pudimos contemplar cómo la relación que el padre mantenía con el profesional era similar a la que establecía con el hijo: una relación marcada por el abandono coloreada por buenas palabras y apariencia externa de acompañamiento. Y en esta situación, el profesional, desde los elementos contratransferidos, también se encuentra sujeto a una estructura relacional que es difícil definir cuándo se comenzó a establecer.

Esta estructura relacional que denominamos transferencia no se ciñe únicamente al “modo como nos relacionamos”, sino que incluye y queda mediatizada por los sentimientos que se articulan en el aquí y ahora y que reactivan aquellos que en su día fueron coloreando la relación ahora transferida. Estos sentimientos no son únicos y exclusivos sino que constituyen parte de la misma trama. De esta suerte y para recoger algunos ejemplos que aparecen en el caso expuesto, el malestar que al profesional le genera el hecho de ver que su trabajo no es correspondido, activa toda una variedad de afectos, en buena parte negativos, que alimentan y contribuyen a la formación de la estructura. Por ejemplo, el sentimiento de no verse reconocido por la tarea profesional (el no pago tiene también este matiz), alimenta actitudes de una cierta “aversión” a tratar con el padre, “aversión” que choca frontalmente con el afecto, el aprecio, derivado de “haber sido compañeros de colegio treinta años antes”. Esta línea de la estructura relacional transferida desde el padre del muchacho y que activa otra en el profesional, topan, a su vez, con los afectos hacia el chico y al tiempo, una cierta “aversión” a tratarlo convenientemente en tanto que es el representante del padre que activa o pone en marcha estos sentimientos negativos de no verse reconocido. Y contratransferencialmente, activan sentimientos del propio profesional, ajenos a las personas que están en escena y que corresponderían a sus escenas personales o lo que es más concreto, sus relaciones con personas con las que “no se ha sentido reconocido”.

En estas circunstancias, la clarificación de los aspectos que entran en juego, nos permite comprender mejor, creo, aquellos aspectos de la ética profesional que se ponen de manifiesto en el caso que les traje. Por esta razón, la supervisión puede contribuir a aclarar, a desenmarañar toda la gama de elementos que se citan en un aspecto del abordaje profesional. Y al tiempo, creo que nos permite comprender que el tema de la ética no es sencillo; no se limita al cumplimiento o no de un código determinado.

Y como este aspecto muchos otros. Por ejemplo, ¿qué hacemos con la confidencialidad de las manifestaciones del chaval? Y tantas otras situaciones que se dieron.

Por otro lado, recordarán Uds., que la tendencia que teníamos era la de plantear al conductor de la experiencia posibles dudas o soluciones al caso. O incluso algunos elementos de juicio acerca de la intervención profesional de la que se hablaba. Bien es verdad que aparecieron numerosas intervenciones que se formulaban al propio grupo y que éste, en la medida que podía, iba tratando de contestar. Ese contestar creo, se dirigía más en la línea de contraponer otra idea a la expuesta en vez de generar otra que enviase la cuestión a terrenos más variados. ¿Qué elementos se estarán poniendo en juego?

Tengo la impresión de que se está produciendo un giro en el propio grupo. Giro que se corresponde a que la responsabilidad de su propio funcionamiento está más en mano de Uds., que en quienes nos hemos creído con la responsabilidad de hacerlo funcionar. Sin embargo, esta misma idea es engañosa. Porque cada uno está como puede estar. Y podría darse el caso que la mejor manera de estar de unos fuese diferente a la mejor manera de estar otros. Dicho de otra forma. Podría darse el caso, que quien se encuentra mejor con una participación activa renuncie a ese estar a gusto con la creencia de que debe dar paso a otros. Y viceversa. Y creo entender que tras esos parámetros se conjugan otros afectos. Y éstos guardan relación con los elementos transferidos sobre el grupo, sus componentes y sobre el propio conductor. Y de la misma forma como en el caso que les expuse, esos afectos pueden estar paralizando el propio proceso del grupo; paralizándolo o condicionándolo.

En cualquier caso, no voy a repetir la escena del caso clínico que les expuse: no pienso dejarles solos.

Unsaludo.

Dr. Sunyer 7/11/02

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