Mi cuaderno de Bitácora. Curso 2002-03. Intensas emociones

Intensas emociones.

¿Qué decir de la experiencia de hoy? “¿Por qué no hablamos de lo que nos pasa?” Buena propuesta. Hablar de lo que nos pasa supone tratar de poner palabras a emociones que nos embargan, que nos poseen, y que no nos permiten hablar con tranquilidad. Atrevida y sana propuesta que convierte el grupo en un espacio en el que hay posibilidades de hablar. Eso es, salir de la posición que hasta ahora nos había caracterizado un poco. Dicho de otra forma, hasta ahora nos ceñíamos más o menos a los “textos” que serían el equivalente al “motivo de consulta” que encontramos en la práctica profesional. Ellos nos han servido y nos siguen sirviendo para muchas cosas. Por ejemplo, como razón para seguirnos viendo. Para tener un elemento entre nosotros y no quedarnos “sin nada” ante el otro. Fíjense que esos textos que vamos a seguir usando, más allá de tener su razón lógica y legítima para existir y estar ahí, cumplen una función. Es más, no se pueden suprimir. Y de forma similar, no podemos suprimir el “motivo de consulta” que es la razón que lleva a una persona o grupo de ellas a acudir al orientador. Este se va disolviendo, va dejando de ser una cosa tan importante y en su lugar va emergiendo una o varias preguntas que se asemejan a la que planteaban Uds. Y su disolución paulatina, no total o absoluta, sino parcial, progresiva, se debe a que había sido la única razón que legitimaba acudir a un profesional. Y la razón para acudir a alguien vinculado como Uds., a la psicología, siempre es psicológica; esto es, de dificultades que tienen que ver con las relaciones de uno consigo mismo y con el mundo en el que se encuentra.

El paso que dieron en el grupo de hoy es importante. Y lo realizaron Uds., con lo que consiguieron, si apreciarlo seguramente mucho, dos cosas: una, que no tuviese que ser yo quien les planteara la cuestión. De haberlo hecho, posiblemente hubiese suscitado mucho rechazo. Se hubiese vivido, fácilmente, de forma persecutoria. Lo cual entra dentro de la lógica. Eso nos lleva a reflexionar sobre la cantidad de cosas que han de pasar para que alguien acuda a un profesional de la salud. En ocasiones pasan años antes de tomar la decisión de coger el teléfono y pedir una cita. Y a veces, en estos años ha habido pérdidas: separaciones, actuaciones violentas, riesgos para la salud y la integridad de personas queridas, pérdidas de trabajo o incluso accidentes y enfermedades varias. Y al nivel de empresa y organizaciones, imagínense la de cosas que tienen que pasar antes de pensar en que hay elementos de la relación en el grupo de trabajo como para precisar (¡desde cuándo una empresa precisa un supervisor o un consultor!) un profesional. Cuando una empresa se lo pida, piensen en eso. Les irá mejor.

La segunda cosa conseguida es que inician un cambio en las relaciones entre Uds. y yo. Inician un cambio que pasa de una posición lógicamente dependiente en la que como “alumnos” aplicados se ceñían a lo que íbamos haciendo, a una posición en la que se convierten en profesionales que asumen su responsabilidad en lo que se está haciendo. Esto me alegra y al tiempo… bueno, es un nuevo reto, claro. Como cuando los hijos se hacen mayores. Uno tiene que ir aprendiendo a modificar su relación con ellos; de lo contrario está perdido. Y ese paso al frente, esa modificación que se ha iniciado y que exigirá pasos progresivos, nos lleva a otro tipo de dificultades, y a otro tipo de satisfacciones. La pérdida de posiciones anteriores siempre es a costa de la dificultad de descubrir ese nuevo camino; que está por hacer.

Deseo ser capaz de adaptarme a su nuevo planteamiento de trabajo. Y que me ayuden, claro.

Si trasladamos esta situación a la clínica o práctica profesional, nos obliga a pensar en qué sucede a partir de ahí. Qué sucede a partir del momento en que quienes nos han consultado comienzan a preguntarse cosas en torno a la relación que mantienen con sus círculos cercanos y consigo mismos. En ocasiones, ¡llevamos tanto tiempo con esa problemática! Y lo decían muy bien Uds., “malos entendidos”, “rivalidades”… Esto es lo que sucede siempre. Aunque hay quien prefiere, y es otra opción lógica, quedarse en este punto. Y el hacerlo tiene ventajas. Por ejemplo, la de no sondear lo que aparece ya que conlleva reflexiones sobre aspectos que se nos pueden escapar o nos generan un cierto malestar (“no estoy para otros rollos”). Entonces, si viene el chaval de aquel ejemplo que tenía problemas con la elección de estudios, nos ceñimos a este motivo de consulta, le pasamos unos cuestionarios que nos permitan saber d sus preferencias y habilidades, y ya está. Siguiendo estos planteamientos, yo debía ser Ingeniero agrónomo, y ya me ven… Otra de las ventajas es que al ceñirnos al motivo de consulta acotamos el terreno en el que nos movemos. Sin embargo, si vamos escuchando otras cosas, posiblemente damos pié a que aparezcan elementos que hablan de conflictos más cronificados: dificultades con los padres, con los hermanos; diferencias percibidas en el trato familiar; figuras parentales que, por las razones que sean, mantienen niveles de sufrimiento muy alto; emigraciones que han dejado huella; pérdidas no elaboradas de seres queridos; malos entendidos entre grupos familiares provenientes, por ejemplo, de desacuerdos ante un testamento. Muchas cosas.

Cuando los profesionales de la psicología, y dentro del terreno en el que nos movemos, comenzamos a escuchar más cosas, o a posibilitar que aparezcan más cosas, lo que hacemos no es más que aceptar la complejidad del vivir y, sin renunciar a la resolución del problema que era el motivo de consulta, comenzamos a poner nuestra atención en otros aspectos que van emergiendo. Y que aparezcan no necesariamente quiere decir que deban ser resueltos en el contexto de la Orientación; pero lo que suele suceder es que, en tanto que me he dado cuenta de la existencia de un problema y que he podido hablar de él, a partir de este momento mis relaciones con el entorno se modifican. Como cuando uno descubre que el vehículo que lleva es más largo de lo que pensaba. En ocasiones, es cierto, no sabemos cuan largo es el trailer que llevamos enganchado a nuestro tractor. Tener más conciencia de su tamaño me posibilitará que, cuando busque un aparcamiento, no se me ocurra aparcarlo en donde sólo cabe un mini. Y esto ya es una gran diferencia.

Y en el grupo aparecieron cosas. Apareció la idea de la cronicidad: el tiempo que llevamos arrastrando algunas cosas entre nosotros. Apareció la idea de enfado. Apareció la dificultad de articular el pensamiento cuando aparecen ideas opuestas; Apareció también la vivencia de sentirse atacado; la dificultad de vernos como contrincantes en vez de vernos como complementarios. Y también el deseo de aprovechar la propia experiencia, con sugerencias para poder reestructurarla y sacarle más provecho. Y el tema de la integración, del diferente, del que no pertenece a nuestra cultura… ¡Cuántos temas! Y en torno a esto les propuse dos ideas: Una corresponde a la imagen social y organizativa. Las tensiones sociales se visualizan en este grupo de tamaño grande en tanto que las reproduce. Es un fenómeno derivado del tamaño del grupo. El concepto teórico que le corresponde es el de la transposición: en todo grupo grande, se reproducen las vivencias y tensiones sociales que penetran en él. Si nos fijamos en la vida social cualesquiera de los problemas políticos que sufre nuestra sociedad se corresponden con dificultades que emergen en los grupos grandes. El tema de la inmigración, por ejemplo. Las dificultades que tienen aquellos grupos sociales que no pertenecen a la cultura mayoritaria al ver sus dificultades de ser incorporados a la misma. Desde su vivencia, la percepción de elementos que pertenecen a nuestra cultura les choca sorprendentemente. Y a nosotros, que estamos en ella, nos sorprende que nos lo digan. Y esto emergió en nuestro grupo, por ejemplo. Pero igualmente la dificultad de comprensión de aquellas ideas que, por razones que no vamos a entrar aquí, generan demasiada intensidad afectiva y provocan una reacción casi inmediata. En esto, nuestros políticos nos dan ejemplos numerosos. Y podríamos seguir.

La otra idea, que ya salió, creo, el día de la lluvia, ¿recuerdan? El grupo, y en especial el grupo grande, es una buena representación de fenómenos psíquicos individuales; sólo que engrandecidos. Porque el susto que nos llevamos cuando nos damos cuenta que disponemos de ideas y pensamientos que, nuestra parte más “normal” considera “anormales”. ¿Qué pasa si me descubro, racista? ¡Si toda la vida me he considerado la persona más integradora del mundo! No hace muchos días, en una entrevista, un paciente me decía que prefería estar callado, porque le parecía que si opinaba era autoritario: y esto era intolerable para él, y en consecuencia, se callaba. Y estas cosas nos pasan a diario. Descubrir aspectos nuestros que están ahí, y que desde su presencia callada, aprietan, actúan… Esto es realmente hacer consciente lo inconsciente. No es nada más. Poder acercarnos a nuestros aspectos desconocidos y que sometíamos a censura total y absoluta, con el consiguiente gasto energético, claro.

El grupo hoy, levantó una parte de la censura. Y realizó un paso consistente en no aceptar, con tanto relajo, la existencia de aspectos “callados”, de todo ese material del que no se puede hablar y que paraliza la vida de todo grupo, de toda organización; de la misma forma que paraliza el funcionamiento de las personas. Y la queja no iba dirigida a los que “no hablan”, si bien en lo real sí. Estas personas que, por las razones que sean, no han encontrado aún el nivel de fiabilidad y confianza como para poder incorporarse verbalmente al discurso del grupo, y que ya irán encontrando el momento de poderlo hacer, estas personas representan justamente esos aspectos que no podemos hablar y que llevamos, como decía alguien, tanto tiempo manteniendo.

UN Saludo.
Dr. Sunyer. 31/10/02

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