Mi cuaderno de Bitácora. Curso 2002-03. ¿Qué tal les fue con los puntos?

Tras la sesión de hoy aparecen varios elementos que me parecen sugerentes en esta tarea formativa. El ejercicio que realizamos, que es una adaptación de uno similar que propone Ivey, supuso para todos Uds., un acercamiento mayor al que habíamos tenido hasta el momento presente. Es decir, hasta ahora habíamos realizado algún ejercicio en el que los elementos personales quedaban más controlados por uno mismo, trátense de opiniones respecto algún tema, trátense de intentos de ubicarse “como profesional o como persona que consulta”; pero hoy debíamos realizar un ejercicio aparentemente neutro pero que en realidad no lo era: tenía una fuerte carga proyectiva. Frente a ello, frente a lo que supone ver en el papel aspectos que pueden sorprenderle a uno, reaccionamos de forma muy diversa. Y lo hicieron de la misma manera como lo hace cualquier persona. Si los temores son menores, el ejercicio sigue parámetros más libres; y si los temores aumentan, aumenta también el control de esa libertad. Y esta reacción, que como pudieron comprobar se daba de forma muy diversas, fue absolutamente normal

Por otro lado, como el texto de hoy y que he corregido al comprobar su dificultad de comprensión hablaba de los denominados mecanismos de defensa, estos elementos se añaden al ejercicio que uno realiza. Y, si para postre, nos sentimos un tanto “bajo la mirada del profesor o del compañero” lo que nos da una mayor sensación de inseguridad a las propias derivadas de nuestra condición de profesionales en ciernes, todo esto es material suficiente como para considerar que el ejercicio realizado fuese complejo y cargado de todo tipo de tonalidades.

A un observador ajeno a la experiencia que hubiese tenido la ocasión de vernos en nuestro grupazo o en los grupos pequeños seguramente no se le escaparía el conjunto de asociaciones que aparecieron tanto de su parte como de la mía. Y repito, de su parte como de la mía. Porque el profesional, desde mi óptica, está tan involucrado como Uds. Y esto lo ven y lo saben. Si siguiésemos las asociaciones, si alguien hubiese tomado nota de ellas, podría tener una radiografía muy buena del grupo que estamos trabajando duramente en el aclarar qué es eso de la Orientación Psicológica y cómo se aborda. Y les voy a explicar lo que percibí.

En primer lugar había una dificultad en centrarnos en la tarea. Numerosos comentarios dificultaban el inicio del grupo. Tras un poco de insistencia, nos fuimos centrando y alguien preguntó sobre si a los demás grupos les había pasado algo similar a lo que les había sucedido a ellos, en relación con las diferencias o con los procedimientos desarrollados para la realización del ejercicio. Y mis intervenciones más o menos posteriores se centraron en ir aclarando un poco esos procedimientos y la lectura que realizaba en torno a ello. Posteriormente, más o menos, alguien con muy buen tino, si todo tenía significado. Señalando, además, que si fuese así, uno se vería como excesivamente rodeado de elementos y que eso es más o menos que agotador. Y más tarde apareció la idea de qué podía suceder si uno se equivocaba. Estas son algunas de las cosas que recuerdo en mi mente y no tengo la impresión de desviarme excesivamente de los hechos. Quizás un poco de la literalidad, pero no en el espíritu.

Si nos centramos en estos datos, y en el contexto de las cosas sobre las que nos está tocando leer, ¿no les parece que existe un hilo conductor? Y cuando me refiero al hilo no estoy pensando tanto en una concatenación lógica cuanto que todos ellos parecen ir por una senda similar, una dirección determinada. Y puestos a seguir desgranando mi pensamiento con fines absolutamente didácticos, me parece percibir de entrada una cierta emoción: la que proviene de haber realizado un ejercicio que ponía sobre un papel una serie de elementos que, ineludiblemente, agitaban aspectos personales; y en cierta manera, íntimos. Se agitaban elementos que, normalmente antes no habían sido considerados. Es como aquella frase que me dijo una persona el otro día en la consulta:

Desde que vengo aquí, salgo más agitada: un montón de cosas que no había pensado antes aparecen en mi. Creo que eso es bueno, pero me asusta.

¿Y cómo no va a ser “agitador” un ejercicio en el que debo elegir qué personas pongo y dónde las pongo? Y luego pensar sobre ello. Y ver qué han hecho otros. Y ver que son estructuras diferentes. Y ver que los otros han hecho otras cosas. Y no saber si eso es correcto o no… Y un montón de cosas más. Y como podía percibir estas cosas pude decirles, por ejemplo, que no había un diagrama bueno y otro malo. Que no estamos ante un ejercicio para juzgar nada. Que las personas buscábamos formas de salir del atolladero en el que les había metido (¡caray con ese profesor!), tratando de mediar entre la ejecución de la tarea y salvar nuestro pellejo. ¿Ven? Ese es el acuerdo constante ante el que nos movemos en la vida: salvar nuestro pellejo y al tiempo tratar de hacer lo que la vida nos pide. Pero este es otro tema.

La agitación a que les sometí activa, inevitablemente, un montón de tensiones, de movimientos sísmicos. Ante ellos, una de las razones que aparecen tras la pregunta ¿en los otros grupos, ha pasado como en el nuestro? Es similar a la pregunta que las personas nos hacemos para saber si al otro le pasa lo mismo que a mí. Es decir, ante la tensión que supone el desconocimiento, realizamos una pregunta que nos puede aclarar si lo que a nosotros nos ha pasado les ha sucedido a otros. Conectando esta pregunta, a modo de ejemplo, con los temas de hoy, ¿no les parece que se trata de la utilización de ese mecanismo por el que tratamos de identificar cosas en el otro para así sentirnos mejor? Dicho de otra forma, el mecanismo de la identificación ha sido utilizado como medio de comunicación con el otro. Paralelamente, mis mecanismos de identificación me permitían percibir otros aspectos en el grupo clase queme llevaban a comentarles cosas que iban dirigidas a calmar determinadas ansiedades. Como pueden ver, todos estamos metidos en el mismo ajo.

Otro elemento que aparecía, venía bajo la forma de comentarios muy diversos. Por un lado, los que aparecían en la forma cómo se explicaban las diversas constelaciones. Por otro, las que aparecían bajo preguntas como “¿todo tiene significado?” o “¿Y si me equivoco?” Si nos situamos en los textos, creo que algo puede entenderse mejor. Y si me pongo a pensar… “pues que no me parece que sea muy cómodo estar dibujando no sé qué diagrama y me aparezca el profesor con esa mirada que pone, que vaya Ud. a saber qué estará pensando, y seguro que me está analizando”… estos pensamientos, por ejemplo, “aluden a algo que viene de fuera y mira lo que tengo yo, por lo que verá cosas que quizás a mí no me gusta que vea” Estos pensamientos hablan de cosas persecutorias, ante lo que mi reacción comunicativa vendrá determinada por esos elementos que denominamos proyectivos: “veo en él esa mirada censuradora con la que me miro”. Estas ideas no distan mucho de las que aparecen ante los significados. Si para mí, el hecho que todo tenga significado adquiere una connotación similar a la que hemos estado atribuyendo en este escrito al profesor, entonces esos significados se convierten no en elementos de información sino de persecución. Y por lo tanto el elemento de comunicación que aparece viene teñido de ese mecanismo que hemos denominado proyectivo. Y otro tanto emerge ante el temor a equivocarnos. Como también ante este mismo escrito: a ver qué dice, cómo nos interpreta, cómo nos analiza, en vez de estar pendiente del aprendizaje que esto supone.

Y les voy a dejar por hoy. El tiempo no me da para más. Lo siento.

Hasta mañana,

Dr. Sunyer

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