Mi cuaderno de Bitácora. Curso 2001-02. Erase una vez…

Entiendo bastante la situación. Aparece un texto y les pido que lo examinen, a la luz de la primera y segunda tópica. Y cada grupo, y por lo tanto Uds., y desde la óptica que les sugerí, se pusieron a leerlo, a analizarlo. A descomponerlo en fragmentos buscando qué componentes podían hacer alusión a los elementos de la segunda tópica Freudiana. Y dijeron cosas muy interesantes. No fueron cosas que aparecían en los libros, no repitieron como loros lo que dicen los textos. No. Se limitaron a desgranar los elementos del cuento desde la óptica Freudiana, y por lo tanto desde el psicoanálisis. Y llegaron a donde llegaron. Y, luego, llegué hasta donde vi que podíamos llegar. Y dejamos mucho material por el camino, ya que el análisis más pormenorizado requiere más conocimientos y más tiempo del que le dedicamos.

Parece que muchos de Uds. se sorprendieron de hasta dónde habíamos llegado. Incluso algún grupo llegó más lejos. Creo que es muy frecuente esta sorpresa. Como si lo que sale de lo concreto generase alguna sensación desagradable. Podríamos decir que estamos empeñados a recordar que una mesa es una mesa. Independientemente que una mesa pueda ser muchas otras cosas. Y no me refiero solamente a si puede ser un coche o un tren, que es lo que haría un niño que se pone a jugar con ella. Me refiero a que una mesa puede ser vista como una obra de arte, como un conjunto de maderos ensamblados, como una estructura que interrumpe espacios en un local; pero también puede ser analizada por su peso, densidad, composición, volumen. Incluso podemos analizar las relaciones que existen entre estos aspectos. O incluso, el análisis de las células vegetales que la conforman. Y cualquiera de estos estudios, que puede ser más o menos detallado, no contradice el análisis que se realice desde otro ángulo; en todo caso lo complementa.

De la misma forma podemos obrar con lo que tenemos ante nuestros ojos. Ante un caso o ante un texto u obra de arte. En cualquier caso, como psicólogos nos vemos ante la tesitura de poder estudiar un caso, texto o producción artística desde algún ángulo del pensamiento. Y Uds. lo que hicieron fue analizar un cuento breve desde una perspectiva psicoanalítica: Primera y segunda tópicas.

En la practica profesional cualquiera que Uds. vayan a desarrollar a lo largo de su vida profesional, sea esta en el campo de las organizaciones o en la de los trastornos de las personas, grupos o instituciones, se van a encontrar con la misma tesitura. ¿Y para qué sirve? Me imagino que para no quedarnos diciendo que “una mesa es una mesa”. Es decir, cuando se encuentren ante cualquiera de los casos que se les presenten deberán desarrollar, desde algún ángulo, la capacidad de analizar los componentes de lo que se presenta ante sus ojos. Este análisis, aún en el caso que sea el de un comportamiento desde una perspectiva conductual, si quieren llegar hasta el fondo, deberán entender las conductas particulares que han ido conformando la conducta actual.

Seguramente lo que señalo guarda relación con lo que se observó. El asombro. Y parece que cuando nos encontramos con algo que sale de los esquemas que habitualmente tenemos de las cosas, o cuando lo que se nos muestra ante nuestros ojos se escapa de lo que habitualmente esperamos, nos entra a todos una especie de recelo, de escondida sospecha ante aquello que estamos viendo. Parece que es una reacción lógica ante la suspicacia que despiertan estas novedades. Es como si cuando el sujeto se encuentra ante un objeto que contiene aspectos inesperados (y vean que estoy hablando en terminología psicoanalítica), emerge en nosotros un sentimiento de prevención. Como cuando los cuernos de los caracoles topan con algún objeto inesperado: se retraen. Es una medida preventiva, lógica, ante la posibilidad de que ahí haya algo que les genere problema. De esta forma, los cuernos del caracol se retraen y, cuando se ha calmado la ansiedad generada por la sorpresa, vuelven a emerger y a estudiar aquello que les ha generado susto. Y este fenómeno es absolutamente natural y esperable. Lo mismo hicieron los astronautas americanos cuando llegaron a la luna: no posaron el pie y se pusieron a andar sin más, no. Pusieron el pie, y volvieron a subir a la escalerilla. Esta reacción, aparentemente ilógica (más cuando la luna había soportado el peso de la nave espacial) era una reacción esperable y de precaución. ¿Lo podríamos denominar reacción defensiva? Creo que sí. Y es que no podemos vivir sin mecanismos de defensa. Moriríamos. Sirven para protegernos. El problema no sería tanto el disponer de estos mecanismos sino su utilización: cuando es excesiva o extemporánea, cuando nos generan problemas, es cuando hay que revisarlos. Y no antes.

Próximamente hablaremos de ellos. De momento ya tenemos bastante con lo que vamos teniendo.

Para el próximo día tenemos una sesión de grupo. Está conducida con una cierta intencionalidad. Recuerden las siete características que Ivey señala para las “estrategias influyentes”: interpretación, directividad, información, compartir experiencias, Feedback, consecuencias lógicas y resumen. El problema es cómo articulamos estas sugerencias desde un planteamiento psicoanalítico. ¿Serán capaces de hacerlo? Creo que sí.

Un saludo.

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