Mi cuaderno de Bitácora. Curso 2001-02. Y tras el susto…

Bueno, aquí estábamos comentando la jugada. ¿No les sorprendió algo? Debe ser un problema de edad. Leía en uno de los cuadernos que me entregan cada semana, una serie de comentarios, expectativas sobre la asignatura, y aparecían unas auto-evaluaciones un tanto duras. Me entusiasma que sean exigentes. También lo soy (al menos es lo que me dice la gente que me conoce). Pero con el tiempo he ido aprendiendo a atenuar tales exigencias, ya pensar un poco en ellas.

Entiendo que en los inicios profesionales somos muy exigentes todos. Pero me pregunto sobre si esta exigencia no será otra cosa. De entrada se me hace difícil pensar que, en el terreno profesional, no van a dar lo mejor de Uds. Al menos creo que la mayoría sí lo van a dar. Posiblemente, aquellos que no acaban de sentirse psicólogos, no lo harán; pero no porque no sean capaces de darlo sino porque, en muchas ocasiones, nos es difícil, muy difícil encontrar lo que realmente queremos hacer en nuestra vida. Pero, para aquellos de Uds. que quieren ser psicólogos (y no funcionarios de la psicología), estoy muy convencido de que darán lo mejor de sí mismos. O sea que, la exigencia, en cualquier caso, debe ocultar otra cosa.

En la conversación que tuvimos creo que se percibía su deseo de hacer las cosas bien. Pero, ¿esto qué es? ¿Saben Uds. que una de las cosas más importantes del ser humano es la capacidad de juego? De juego creativo, claro. Desde pequeños, desde que somos capaces de mover mínimamente nuestro cuerpo, jugamos. Experimentamos con lo que se nos ofrece ante nuestra vista. Desde pequeños, cualquier objeto es cualquier cosa menos para lo que fue pensado. Un sonajero se convierte en un martillo, en un chupete, en… ¿qué hacemos con ello? Más allá de lo que Piaget dedujo, y que es muy importante, lo que hacemos es conocer el objeto que tenemos delante. AL golpearlo, al chuparlo, al olerlo, etc., al hacer todas estas cosas lo que hacemos es conocer aquello con lo que nos hemos encontrado. Y conocerlo, como conocer a una persona, supone un complejo proceso mental por el que exploramos sus posibilidades en todos los terrenos que se nos ocurre. Y, al irnos haciendo mayores, vamos perdiendo un poco esta capacidad de sorprendernos, de averiguar, de explorar. Están más presentes las “normas” que las capacidades creativas. “Esto no se mira, esto no se toca, esto…” Parece que poco a poco vamos abandonando la capacidad de explorar por nuestra cuenta y, en su lugar, vamos poniendo el “cómo debe ser tratada tal cosa”

Si leéis a Winnicott (realidad y juego), podréis entender algo muy, pero muy interesante: que entre el objeto y el sujeto existe (o mejor, debe existir) un espacio mental, un espacio que posibilite el juego, la creación; y que posteriormente dará lugar a que se instale ahí, lo cultural. De lo contrario, y esto ya lo digo yo, entramos en el terreno de la patología. Al no inscribirse este espacio, desaparece la posibilidad de que las cosas sean muchas otras cosas. La cultura desaparecería, y el sujeto, encerrado en conceptos “enganchados al objeto”perdería totalmente su libertad. Por esto dije lo que dije de los tests, y de todos los conocimientos que vais adquiriendo.

La entrevista que tuvimos el día pasado era también un juego. Un juego que os permitió explorar posibilidades. Ver cómo nos confundíamos, cómo no podíamos pensar, cómo reaccionábamos ante una situación “real”, cómo el profesor dejaba de ser profesor y se convertía en otra cosa, y cómo vosotros, dejabais de ser alumnos y pasabais a ser otra cosa, rica, variada, apasionante. Y por esta razón, vuestra actuación fue excelente. Por unos momentos os permitisteis (no podías hacer muchas más cosas, es verdad) jugar a ser psicólogos sin el riesgo que supone una situación real. Y pudisteis, unos más que otros, atreveros a actuar tal como sois, enfadándoos, quedándoos petrificados, otros riéndose de la situación, otros sufriendo por el paciente y por vosotros mismos de la misma forma como un aficionado a hockey sufre al ver que Pere Amat no mete la bola en la portería.

En este espacio tan pensado, en el que (aunque no lo parezca) hay normas claras que van guiando el juego, aprendéis el oficio de Orientadores no en la “Teoría” sino a través de la práctica en condiciones de máxima seguridad: nadie va a resultar dañado. Pero podréis equivocaros y ver y comprobar que de estos errores se aprende; y se aprende más que en los libros que toda la vida estarán a vuestro alcance. Pero hay otra cosa más importante: aprendéis o mejor, os dais la posibilidad de creer un poco más en vuestras propias capacidades que, en el momento de la verdad profesional, cuando os encontréis ante el toro y tengáis que hacer una buena faena, vais a necesitar.

Los pacientes, las organizaciones que no son más que conjuntos de personas con sus conflictos y dificultades, empequeñecidos por la propia organización a la que dicen servir y de la que son esclavos, las instituciones, todo esto, va a tener que ser tratado, trabajado, entendido, como si de un juego se tratase. Vais que tener que encontrar la forma de jugar con la situación. Jugar para poder “entender”, para poder pensarla desde ángulos diferentes.

De esta forma, posiblemente, disfrutaréis con vuestra profesión.

Dr. Sunyer

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