Mi cuaderno de Bitácora. Curso 2001-02. El significado

Hoy tuve un lapsus. Bueno, tengo el recuerdo de uno. Llegué tarde al aula porque creí que empezábamos a la media. Afortunadamente algo me hizo pensar que era a las diez. Con lo que sólo llegué 10 minutos tarde. Y ¿por qué les digo esto? Verán.

Hoy estuvimos trabajando mucho el tema familiar. A pesar del inmenso calor que hacía en el aula (les ruego disculpen estas carencias estructurales), me pareció que trabajaban mucho. Reconozco que no las tenía todas conmigo. Me quedaba el recuerdo de las dificultades del día pasado y posiblemente estas dificultades incidían en mi lapsus. Sin embargo la sorpresa de ver cómo se involucraban en la tarea disipó algunos de mis temores. Y el resultado de la discusión posterior, los borró del todo. A pesar de la temperatura y de lo caliente del tema, el grupo participó bastante. Fueron apareciendo elementos personales como en un intento de ir averiguando hasta dónde podíamos hablar y qué uso hacíamos de ello. En algunas ocasiones el grupo parecía conectar con algo que provocaba comentarios con el compañero de al lado. En otras, atendían a lo que se decía. Estaba claro que la dinámica era de participar desde diversas posiciones.

Hablamos, creo que de forma principal, de los significados. Y, aunque parezca fútil, la idea de explorar sobre los significados de nuestros nombres (no sólo en relación con su etimología, que, en ocasiones es muy útil) sino con relación a cómo las fuerzas familiares se van actualizando en todos y cada uno de los actos, es muy importante. Les puse algún ejemplo; pero Uds. Aportaron otros tan o más válidos que el mío.

Comprobar los acuerdos más o menos tácitos a los que llegamos los padres en el momento de elegir el nombre de nuestro hijo, ver si sigue o no una tradición, o si representan una ruptura, todo ello, se incorpora a la cadena de significantes en el que el hijo queda articulado. Pero trátese de nuestro hijo o trátese de nuestro negocio. Cuando un grupo de empresarios decide un nombre, o el cambio del mismo, no es por casualidad. Obedece a estrategias muy particulares y con el deseo de que el público a quien va dirigido pueda memorizar y pueda articular significaciones significativas a dicho nombre. No tengo ejemplos de ello. Seguro que los que os dedicáis a Organizaciones nos podríais ilustrar. Pero no es al azar. Como tampoco lo son los logotipos. Nada del mundo de la publicidad está alejado del deseo de generar una serie de significaciones en el público a quien va dirigido. El éxito de una campaña de publicidad está precisamente en eso: en el conjunto de elementos que asociamos a determinadas imágenes, y dichas asociaciones no dejan de ser elementos significativos en el inconsciente individual y colectivo. Y lo mismo las campañas políticas. Todo ello nos remite otra vez a que el ser humano es un ser cargado de significación.

Ahora bien, ¿dónde se encuentra la significación? ¿en el nombre que ponemos? No. En todo caso ahí la depositamos. Es decir, atribuimos a aquella cosa, a aquel gesto, a aquel nombre un determinado significado o significados. Es decir, es la persona o el grupo el que atribuye tal o cual significado a las cosas. Por ejemplo, si cuando recibo a una persona en la consulta, le hago pasar a una sala de espera en la que se puede encontrar cómodo, este hecho queda cargado de la significación de “que se encuentre cómodo en mi terreno”. Y si se encuentra cómodo, es decir, si le atribuye un significado similar nos encontramos ante una convergencia de significados que pueden facilitar el entendernos. Cierto que puedo pensar “¡a mí que me importa que el otro se sienta cómodo!” Este es otro significado. El problema lo tenemos, en principio, en dos terrenos: en su interpretación de lo que recibe y en el cómo entiende o interpreta el gesto. Es decir, en qué significado tiene para él esta sala de estar cómoda y qué significación le otorga a que le ponga esa sala de estar. Fíjense que en la medida en que sea más o menos sensible a los diversos significados con los que las cosas pueden estar cargadas, mi comprensión de sus reacciones será mayor o menor.

Estos aspectos vienen condicionados también por la cultura. De hecho, los significados derivan de la cultura en la que estamos incluidos desde el momento de nacer, y de las experiencias personales que hemos tenido. Comprender la cultura en la que nos movemos nos permite entender más aún la situación en la que se encuentra el otro. Al respecto me acuerdo de la impresión que me causó el tuteo en el País Vasco. Acostumbrado como estaba en mi época a que en la panadería me tratasen de Ud. me chocaba mucho, e incluso lo tildaba de “falta de educación” el que me tuteasen. ¡Pero si no me conocen! Al tiempo fui comprendiendo que era una costumbre del lugar. Fíjense cómo un hecho puede ser interpretado de una forma u otra.

Decía que los significados los aprendemos del entorno cultural. Cierto. De entrada del entorno familiar que “atribuye” determinados significados a unas cosas y otros a otras distintos a los significados que las mismas cosas tienen en otro contexto familiar. Es decir, que cada familia dispone de unos patrones culturales que transmiten ( o podía ser de otra forma) a sus hijos. Pero junto a estos patrones adquiridos del entorno familiar y posteriormente del social, aparecen los patrones personales que son los significados particulares que la vida, nuestra experiencia de vida, nos ha ido marcando. Por esto es importante conocer la historia personal. Para poder ir articulando los hechos y dificultades con las que una persona acude a nosotros en el contexto de sus patrones culturales, de sus significados personales. Y esto sucede en las relaciones interpersonales y también en las organizativas. Una organización, un grupo, va adquiriendo unos patrones que generan significados particulares y concretos a las cosas que hace. Nosotros, como grupo, también estamos aprendiendo una forma particular de atribuir significados a las cosas. Y en este juego intervengo como profesor y Uds. como alumnos. Vamos aprendiendo a dar significado a la distribución en el aula, a las dificultades que encontramos, a lo que hacemos y dejamos de hacer. Y estamos aprendiendo a manejar estos significados y a leerlos bajo un determinado código de forma que podamos entender el ejercicio de “Orientar” a alguien. En este sentido, Orientar sería el resultado de ir aclarando los elementos que interfieren en la recuperación de estados de salud a partir de la comprensión de los significados que, para estas personas, tienen estos elementos.

De ahí que nos encontremos con problemas. Con problemas, por ejemplo, de tipo ético, que es el tema de mañana jueves. Así que les propondré uno o dos casos. Pero no tanto para saber si tuve o no “un comportamiento ético”, sino para poder pensar sobre lo que desde la ética se le plantea a un profesional.

Un Saludo.

Artícles a llegir:

1. *Col·legi de psicòlegs de Catalunya.: Codi deontològic.
2. *Ivey, A; Bradford, M; Simek-Downing, l. (1987): Appendix one: Ethical principles of psychologists. A Ivey, A; Bradford, M; Simek-Downing, l. (1987): Counseling and Psychotherapy. Allyn and Bacon.
3. *Ivey, A; Bradford, M; Simek-Downing, l. (1987): Appendix two: Ethical standads of the American association of counseling and development. A Ivey, A; Bradford, M; Simek-Downing, l. (1987): Counseling and Psychotherapy. Allyn and Bacon.

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