Mi cuaderno de Bitácora. Curso 2001-02. ¿Therapós?

Bueno, comienzan a haber algunas cuestiones y algunos dilemas. ¿Cuánta pedagogía hay en lo terapéutico y cuánto de terapéutico hay en lo pedagógico? Parece que Rogers, desde un cierto ángulo y en su momento, fue un revolucionario. Alguien que propuso ubicarse en una posición un tanto incómoda, un tanto alejada de los planteamientos habituales. Lo mismo había sucedido cincuenta años antes con Freud y otros muchos libre pensadores de la época. Y para ello tuvo que reflexionar sobre las relaciones que se establecían entre sus “pacientes” y él.

Hubo toda una amplia corriente de atrevidos pensadores y aguerridos profesionales que se desmarcaron de lo que la ciencia oficial indicaba. Me acordaba, por ejemplo, de la experiencia de Sumerhill. Hay quien puede tener referencia de ella, quizás más aquellas personas que hayan tenido relación con la pedagogía. Pero tampoco están lejos las experiencias de Bettelheim, Moreno y otros muchos cuya lista sería interminable. Pero ello nos plantea, o al menos a mí me lo plantea, un problema. ¿en qué posición me ubico? ¿en qué posición se ubica Ud.?

En la sesión de hoy hubo una serie de aportaciones muy interesantes. Y felicito a quienes las han planteado. La dicotomía pedagogía y terapia. Hay quien plantea la terapia desde una posición en la que el profesional “instruye” a quien consulta. Evidentemente, e independientemente de la posición teórica en la que uno se ubica, cuando uno trabaja con pacientes o personas o instituciones que presentan dificultades importantes debe poder hacer algunas intervenciones que contienen algún elemento “instructivo”. Por ejemplo, estaba pensando en si en un momento dado a alguien debo ayudarle a relajarse. Lo que sucede, al menos lo que me pasa por mi mente, es si esta relajación, en este momento de la relación terapéutica, tiene un sentido y significado u otro. O sólo es una técnica que le enseño. Esta cuestión, si tiene o no sentido y cuál puede tener, o sólo es una técnica, depende de la posición en la que me ubico. Me parece clave esta cuestión. ¿Creo que dispongo de una serie de conocimientos que “entrego” a quien acude a mi consulta (esta palabra me parece muy interesante), o considero que tenemos que rescatar los conocimientos que “tenemos” y buscamos cómo compartirlos?

Otra cuestión que se planteó era el del aprendizaje significativo. Parece que el calificativo de significativo alude a que aquello tiene un significado especial para uno. Por ejemplo, ¿qué personas les han resultado significativas en su vida? ¿Qué experiencias les han resultado significativas? Parece que cuando las personas calificamos de significativo a algo es porque aquello posee un carácter especial, una serie de características que lo distinguen de otras cosas que no las poseen. Y esto que resulta significativo parece que se comporta como un pivote en torno al que una serie de cosas, a partir de aquel momento, toman una dirección diferente. Y si esta idea la trasladamos a nuestro espacio profesional parece que indica que deberíamos ser capaces de establecer una relación en la que lo que aprendiésemos obtuviese el calificativo de “significativo”. No sé si es aprendiésemos o aprehendiésemos. O las dos cosas a la vez. Por ejemplo, ¿cómo hacer para que la experiencia que estamos tratando de organizar fuese significativa para Uds. y para mí.

Traslademos esta cuestión a la Orientación Psicológica. ¿Cómo hacer para que la experiencia que organizamos con tal persona o tal institución tenga carácter significativo? O quizás se puede plantear desde otro ángulo. ¿Cómo hacer para que una experiencia anodina pueda ser reconvertida en experiencia significativa? Alguien de la clase introdujo la idea de conflicto. La idea de que, de alguna forma, Rogers plantea un conflicto y a partir de él, surgen cosas nuevas. La duda que tengo es si el conflicto “lo provoco” o surge per se. Porque posiblemente no es cuestión de “generar” un conflicto. Quizás es cuestión de posibilitar que aparezca el conflicto. Lo que sucede, en muchas ocasiones, es que nosotros no queremos que aparezca el conflicto. Y, como todos tenemos capacidades evitativas, a veces, el proponer una relajación a alguien (para tomar el ejemplo anterior) es una forma de “evitar” el conflicto.

Mi vida me ha enseñado a ser muy escéptico con los abordajes farmacológicos, por ejemplo. También con los conductuales y demás. Y este escepticismo no excluye su recomendación, claro. Pero una cosa es medicar como medida que permite seguir trabajando una serie de dificultades, o sirve para negarlas. Y reconozco que a todos nos viene muy bien una aspirina de vez en cuando. Pero frecuentemente la medicación así como otras muchas formas de intervenir (también, en ocasiones el psicoanálisis) tienen un elemento “evitativo”. Evitar el conflicto, evitar la relación con el problema y con el paciente. Y se evita por varias razones: por alejar la ansiedad que dicho conflicto me genera, por alejar el replanteamiento de aspectos que están implicados en la relación, por mantener el estatus que tengo, por…

Alguien señalaba que el profesional también aprende. Absolutamente cierto. Y les digo que si un profesional de la salud no está en disposición de aprender de cada paciente, de cada situación terapéutica a lo largo de toda su vida, mejor se retire. Foulkes lo señalaba también. Y señalaba (no recuerdo exactamente la cita pero creo que es en su libro sobre “psicoterapia Grupoanalítica”) que el profesional debe ser alguien que viva plenamente su vida. Y aquí también hay conflicto. Muchas veces, a los humanos, nos cuesta mucho vivir nuestra vida. Cuesta mucho articular los deseos personales con los colectivos, con los de sus hijos, mujer y familia; e incluso grupo social al que se siente vinculado. Aprender del otro. Aprender de la relación terapéutica. Claro, uno se preguntaría, ¿cómo voy a aprender nada de este… drogadicto? O de este emigrante. O de este asesino. Y, siento decirlo, debemos ser capaces de aprender incluso de este asesino. No sé decir qué, pero algo (y a veces es algo muy significativo, algo se debe poder aprender de todos quienes nos consultan. Porque solo si somos capaces de aprender del otro, seremos capaces de que el otro aprende algo nuestro.

Cuando nos ubicamos ante un caso nuevo, independientemente si se trata de un problema organizativo empresarial o el de un chaval que acude de la mano de sus padres, estamos ante un mundo totalmente nuevo. Un nuevo país. Casi una nueva galaxia. Sólo si soy capaz de establecer una relación que posibilite un aprendizaje significativo, seré capaz de posibilitar algún cambio en este mundo; y en el mío.

Pero esto que suena muy bonito debería poderse poner en práctica. Pare ello debemos poder saber repensar muchos de nuestros propios convencimientos, debemos poder saber replantearnos muchas de nuestras relaciones y formas de proceder. Nuestra función es la de aquel investigador que busca pistas por doquier para facilitárselas al paciente a fin de que vaya pudiendo pensarse a sí mismo. Somos un poco como ese “yo auxiliar” que precisa el otro (sea una empresa, sea un individuo) que le posibilita la aparición de una reconsideración de sí mismo. Ponemos nuestro aparato psíquico ( y por lo tanto todas nuestras capacidades mentales y afectivas) al servicio del otro para que de esta relación surja una experiencia relacional significativa.

¿Creen Uds., que seremos capaces de hacer algo similar en nuestra aula?. Eso espero.

El próximo día tenemos un trabajo de Rigazio-DiGilio publicado bajo la firma de Ivey. Es un capitulo que he dividido en dos partes. Una primera parte para el jueves, y otra para el miércoles. Supone la entrada de lleno en una forma diferente de conceptualizar los abordajes psicológicos. Y no tanto por lo novedoso que aparenta ser (y digo aparenta porque el pensamiento grupoanalítico viene hablando de ello desde hace más de cincuenta años), sino porque nos lleva a considerar una relativización importante de muchos cuerpos teóricos. Ello no quiere decir que me aparte de mi conceptualización psicoanalítica, que por lo que voy viendo es más actual de lo que parece a simple vista.

Aunque el libro no hable de ello, les introduciré la idea de matriz, que es una idea de Foulkes y, a partir de ahí creo que podremos entender un poco más todo este abordaje, y el de la asignatura. Por Matriz podemos entender aquel conjunto de aspectos que se plasman en la relación y que están formados por afectos, normas, significados, comportamientos, etc, que provienen de las relaciones que un grupo de personas establece entre sí y que moldea las características individuales de estos mismos miembros. Por ejemplo, aquí en el aula, y a lo largo de los días, irá estableciéndose un conjunto de aspectos que se percibirán en la relación y que tienen la capacidad de moldear, modelar, las características personales de cada uno de nosotros. Esto se podrá ir evidenciando en nuestra aula, pero existe en cada familia, encada empresa en cada grupo humano.

¿Qué les sugiere?

Artículos a leer

*Rigazio-DiGilio, S.., i Cols (1996): Developmental Counseling and Therapy: Individual anda Famili Therapy. A Ivey i Cols (1996) Counseling and Psychotherapy. Allin and Bacon Ed.

Animo, no se asusten. Un saludo,

Dr. Sunyer

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