Mi cuaderno de Bitácora. Curso 1999-2000. Rol y empatía

La verdad es que no deja de ser apasionante. En algún momento he insinuado que podríamos considerar el conjunto del grupo como si de una mente se tratara. Si hacemos este esfuerzo mental no resulta difícil considerar las diversas aportaciones como exponentes de otros tantos aspectos internos de la persona. Es una manera de retomar la propuesta de uno de Uds., sobre el sujeto entendido como grupo. Es decir, podríamos considerar que la mente es un gran grupo formado por pequeños agrupamientos de pensamientos, ideas, sentimientos, percepciones, actitudes, y así un largo etcétera de cosas. Cuando nos encontramos ante una persona, ante un grupo familiar o ante una institución, da igual, nos encontramos también ante todo ello. Al que hay que añadir los elementos históricos que ya salieron en otra ocasión.

Cuando pienso en la sesión del último día se ve con claridad la multiplicidad de aspectos que surgen. Siendo, cada uno de ellos, digno de un tratado específico. Ante todo hay que señalar la capacidad de todos Uds., en hacerse presentes. Es decir, de aportar algunos de aquellos aspectos que les parecen significativos. Para ello, de alguna forma tienen que escoger entre las muchas cosas que, muy posiblemente han aparecido en el grupo pequeño, y comunicarlo. Aquí os podríamos extender, pero prefiero aparcar la problemática que nace de este aspecto para ir a otro.

Otro de los aspectos tiene que ver con el tiempo. Fígense qué rápido pasa el tiempo y cómo la limitación genera una sensación de “coitus interruptus” desagradable. Es justo cuando comenzamos a calentar motores, cuando comienzan a aparecer los primeros elementos apasionantes, cuando tenemos que detenernos. Ello es molesto. Pero lamentablemente no tenemos otra salida. El tiempo es otro de los elementos que están presentes en la ecuación de la Orientación Psicológica. ¿Cuánto tiempo dura una sesión? ¿Se realizan sesiones sin tiempo fijo? Si hay un tema particular, ¿alargamos el tiempo? ¿Qué hacemos cuando percibimos que no hay bastante tiempo para tratar los temas? Y podríamos seguir pensando. Lo ideal sería que pudiésemos estar una hora y media en cada espacio, en el pequeño y en el grande. Es un tiempo prudencial y suficiente como para trabajar muchas cosas sin el cansancio que ello genera. Cuando las sesiones son individuales, lo normal es establecer tiempos entre los 45 minutos y los 50. Cierto que hay quien trabaja con espacios de tiempo superior. De hecho cada uno va viendo qué tiempo destina a sus espacios asistenciales. Pero hay algo fundamental: establecido el marco temporal, éste no debe alterarse. ¿Por qué? Muy sencillo. ¿Qué sucedería si los partidos de fútbol tuviesen una duración aleatoria? Que fácilmente se presionaría para acabar antes o más tarde en función de los resultados. Con el tiempo, en los espacios de tratamiento (y de no tratamiento, los de clase, por ejemplo), establecemos un marco fijo (siempre hay un pequeño margen) respecto el que podemos pensar lo que ha sucedido sin otras interferencias ajenas.

Un tercer elemento es el número y tipo de temáticas que se abordan a lo largo de ese tiempo predeterminado. (Esto quiere decir que, si por alguna razón se tuviere que modificar el tiempo, esto debe ser señalado previamente a la sesión). Uno no debería plantear temáticas: éstas surgen espontáneamente del que viene a vernos y de la propia experiencia relacional. Lo diré de otra forma. Si uno va consiguiendo que se genere una situación lo más cómoda posible, una relación en la que se pueda ir instalando la confianza, lo que sucede a continuación es que quien nos ha venido a ver, cuenta cosas. Y no es tan importante lo que nos diga cuanto que pueda contarnos lo que le de la gana. ¿Por qué? ¿Cómo entienden Uds., la vida psíquica? Les había propuesto que imaginasen la mente como si fuese nuestro grupo grande: un gran conjunto de elementos (sentimientos, pensamientos, ideas, actitudes, símbolos, roles, comportamientos, etc.) que están en continua interacción: Como si entre todos nosotros hubiese (la hay, pero no entraremos en tema), un continuo intercambio de mensajes verbales, no verbales, etc. ¿vale?. Lo que hace el profesional es posibilitar que aparezcan sobre la mesa con la mayor tranquilidad, cuantos pensamientos sentimientos etc., el “otro” pueda aportar. De esta suerte, el flujo de ideas puede aportarnos el material necesario para comprender cual es la preocupación básica. Se preguntarán Uds., ¿en qué me baso? Esto es teoría psicoanalítica pura y dura. Y es el equivalente de la “libre asociación libre” propuesta desde los inicios.

Siguiendo con el tema de los temas, uno de ellos tiene especial relevancia en este momento: los roles. No es este ni el lugar ni el momento para hacer un desarrollo del concepto de rol. De roles hay muchos, y todos estamos permanentemente en varios a la vez. Uno es padre, es hijo, al tiempo es profesor y alumno en muchos casos. No se trataría tanto de diferenciar un rol del otro cuanto de poder estar en uno y luego en otro. Hay quien no puede modificar el rol. Suele suceder cuando uno se identifica con ese rol. Pero esa identificación, como pueden comprender, no es muy aconsejable. ¿Saben dónde se aprende a variar permanentemente de rol y no morir en el intento? Cuando uno trabaja con niños, con pacientes graves y con ancianos. En cualesquiera de estos casos, si uno sabe trabajar y trabaja, aprende a compartir roles, a moldear su relación en base a las necesidades del otro. Cuando, a lo largo de mi vida profesional he visto cómo muchas personas no podían dejar su rol ante un paciente, he visto lo esperpéntico de dichos profesionales. Un buen médico (profesión que admiro, como la de psicólogo) no deja de ser médico por ponerse a la altura del niño, del psicótico más psicótico, o del anciano que ve que la vida se le escapa. Sólo cuando los profesionales entramos en contacto con la realidad de la vida, con la muerte incorporada, comenzamos a comprender que el ser humano puede compartir roles, alternarlos. Creo que no dejo de ser profesor a pesar de la cercanía con la que me pueda sentir con Uds. Ni Uds., dejan de ser alumnos míos por mucha cercanía que tengamos. La autoridad que yo pueda tener ante Uds. no proviene sino de la capacidad que pueda tener en acercarme a Uds. y, sin perder los papeles, compartir la experiencia educativa. Lo mismo sucede con los pacientes. Un profesional puede mostrarse cercano, afectivamente cercano con los pacientes sin que ello merme un ápice los elementos de autoridad y objetividad que se le suponen.

Otro tema vinculado es el de la empatía. En realidad ¿qué es eso? Fíjense que justamente la empatía va articulada con los elementos de identificación descritos en psicoanálisis. Es decir, según entiendo yo, sólo si puedo identificarme con aspectos del paciente entonces podré establecer esa empatía de la que habla Rogers. Vean sino la etimología del término. El tema es que debo poder identificarme con esos aspectos sin que esa identificación sea masiva. Si de alguna forma yo no hubiese sido alumno ¡no podría entender ni un ápice de lo que Uds., me cuentan! Ahora bien, yo puedo entender muchas de las cosas que me cuentan precisamente porque sé de qué van; otra cosa es que esa identificación sea identificación masiva. Dicho de otra forma si me identificase masivamente con, por ejemplo, su dificultad de estar en el grupo (que también lo fue mía en su momento), automáticamente rechazaría cualquier propuesta grupal. Y esa no masificación proviene de la capacidad que podamos tener en separar aspectos de nuestra experiencia personal.

Este elemento, el de la empatía, se podría relacionar con el comentario de uno de los grupos respecto a que “uno va creando su propia relación”. ¡Bingo! Absolutamente cierto. Y esto sólo es posible cuando nos damos tiempo para ello, cuando aceptamos que vamos a cometer una infinidad de errores, que vamos a meter la pata trescientas mil veces, que somos de carne y hueso. Foulkes decía por algún lado que el buen psicoterapeuta es aquel que vive la vida, que trata de sacarle el máximo partido que sus posibilidades le permiten. Claro que esto parece ir en contra del tema de la formación teórica. ¡Menudo revuelo se organizó! Cierto. En la situación de grupo grande, los comentarios adquieren una dimensión que, en ocasiones, puede ser confusionante. Pero ¿no tienen teoría, Uds.? La formación del Orientador, y la del psicólogo y la del psicoterapeuta tiene más de formación continuada que de finalizada. Uno aprende de los libros, de las discusiones conceptuales con los compañeros, de los sucesivos seminarios a los que se va a ver necesitado de acudir a lo largo de su vida profesional, de lecturas en ocasiones accidentales, de los pacientes, de su propia vida de uno. No hay una teoría que, cual esperpento bíblico, hay que cumplir. No. Uno se mueve bajo unos parámetros conceptuales. En mi caso, los del Psicoanálisis y los del Grupoanálisis. Pero estos parámetros no son estacas fijas, son elementos bajo los que me pongo a pensar sobre mi experiencia profesional Lo están viendo todos los días. La comprensión del ser humano, el de sus relaciones, el de cómo se organiza el mundo interno, el cómo se vincula con el mundo externo, etc. Todo ello es, en mi caso, psicoanálisis puro. La aplicación es el equivalente de la frase que abría este párrafo. Incluso estas líneas van vinculadas a la teoría psicoanalítica. Pero podría ser cualquier otra teoría. Y si es esta es porque las circunstancias de la vida me han llevado a ese terreno; y porque una vez en él he visto una y otra vez la profundidad de los cambios que se realizan, tanto a nivel de personas como de instituciones.

No quisiera cansarles más por hoy. Quedaron otros temas como el de la maduración, el doble canal afectivo y relacional que se comentó y algunas otras cosas más. Pero ya volverán a salir.

Un saludo.

Dr. Sunyer.

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