Mi cuaderno de Bitácora. Octava entrega. Curso 2000-2001: Y llegaron algunos aspectos de la confusión

Bueno, tuvimos otra sesión. Quizás más animada porque por alguna razón mucha gente se sentía con capacidad para poder decir algo. Evidentemente no les voy a negar que me satisface; pero lo importante no es esto, sino que poco a poco van haciendo este espacio algo más suyo.

En el momento en el que estoy tratando de desgranar las ideas que se agrupan en mi mente, la idea que más persistentemente me viene a la cabeza es la que expresó uno de Uds. La idea de confusión. ¿Me permiten que ahondemos un poco en esta idea? Confusión es uno de los principales elementos que nos llevan a consultar a alguien. No tanto en el sentido psicopatológico cuanto en el sentido literal. Y nos sentimos confundidos cuando nos encontramos en el extremo opuesto, en la polaridad opuesta del estar aclarados. Curiosa dicotomía: confusión – aclaración. Tener las cosas claras me imagino que quiere decir tenerlas cada una en su sitio. Y es evidente que la distinción entre orientación y psicoterapia nos lleva a la confusión, ya que no está clara. Y soy consciente que contribuí a la confusión al añadirles a Uds., que para más INRI, hay un problema de campos de intervención, de profesionales que se dedican a ello, de competencias, de reinos de taifas. Siento que no pueda venderles un terreno claro, diáfano, en el que cada cosa esté en su sitio. Y es curioso porque estamos tratando de entendernos según los cánones que de alguna forma alguien ha venido en llamar “postmodernismo”. Palabreja esta que a mí, al menos, no deja de asombrarme. Si quieren que les sea sincero no creo en ella. En lo que sí creo es en otra cosa que les diré un poco más adelante.

Pero la confusión es también otra cosa. A mí, en estos momentos, me gustaría tener el poder mágico suficiente como para que, en el momento en que están leyendo esto, tuviesen un diccionario etimológico delante. Y aquí una recomendación que creo que ya he hecho en otro momento: no olviden nunca la etimología de las palabras; encierra gran información sobre todo lo que decimos y hacemos. “Con-fusión”, ¿está más claro? Cuando las personas percibimos que podemos fundirnos, nos confundimos. Y es difícil estar en un contexto con 130 personas pensando sobre algo sin sentir esta sensación, sin que a uno le venga la sensación de una cierta pérdida de los propios límites. Y en este sentido se entiende ( o al menos, entiendo) que queramos perfilar los límites entre psicoterapia y Orientación. Y quien hace qué. Y para qué es cada cosa. Parece que poner los límites nos ayudaría a clararnos; o a no confundirnos. Pero con esto corremos un riesgo. Olvidarnos que detrás de cada teoría, detrás de cada ámbito de intervención, por ejemplo, hay una persona. Y podríamos acabar confundiendo las personas con sus teorías. Y cuando olvidamos esto, nos ponemos a hablar de algo que nunca entendí: integrar teorías. ¡Si lo que hay que hacer es, en todo caso, integrar personas!

Lo hemos dicho en algún momento: las personas, nosotros, los profesionales, como todo el mundo, tenemos nuestras propias teorías sobre todas las cosas que nos rodean y sobre las experiencias que vivimos. Teorías, que se han ido constituyendo a lo largo de una sucesión casi infinita de experiencias, percepciones, sensaciones, sentimientos, etc que hemos venido recogiendo desde el mismo momento de nacer; e incluso antes, en tanto que estábamos en el útero de nuestra madre. Y este conjunto de elementos, al que personalmente denomino grupo de objetos internos, condicionan permanentemente lo que vemos, sentimos, percibimos… Y como todas estas experiencias vitales se establecen en relación con las personas con las que estamos, hemos estado y estaremos, en la medida que pueda integrarme (bonita palabra, esta. Diccionario etimológico, por favor) en la relación con el otro, pondré estas experiencias vitales a favor de la relación; Pero si la relación que establezco no me permite integrarme al otro, entonces utilizo mis teorías para separarme de él. En este sentido no creo que la integración de teorías psicológicas; sino de las personas que trabajamos en psicología. Pero esto no es fácil.

Y fíjense cómo no lo es: en este contexto tendemos a olvidarnos de aquellos compañeros que provienen de la orientación más empresarial. Sé perfectamente que no es una conducta voluntaria: pero ahí está lo malo. Que sin darnos cuenta, olvidamos la presencia de otras personas con otras experiencias y otras formas de ver la realidad. Y como son minoría, se pueden sentir con poca “autoridad” o fuerza para hablar. Y lo que en principio es sólo cuestión de “olvidos involuntarios”, puede acabar siendo un problema de integración de otras culturas, el estudio de las minorías en relación con las mayorías… Con ello quiero señalar que este grupo tiene un potencial impresionante que podríamos aprovechar.

Pero el tema de la integración también tiene otras lecturas. Recordarán que Ivey, en el artículo del otro día, hablaba cómo el paciente acaba hablando con un lenguaje similar al del profesional; acaba viendo las cosas desde la perspectiva del profesional que le atiende. Lógico. Pero lo que no creo haber leído es que el profesional también. El profesional también acaba hablando en la “lengua” que habla el paciente. Y si no acaba hablando en esa lengua, discúlpenme, pero es un mal profesional. Creo que como Orientadores (pero también como psicoanalistas, u otro “ista” cualquiera) si no somos capaces de hablar en el lenguaje del otro ( lo que no quiere decir dejar de ser nosotros), no podemos ayudar mucho. Si trabajo con niños emplearé un lenguaje diferente a si trabajo con ejecutivos. Si trabajo con personas mayores debo poder hablar un lenguaje diferente al que hablaría si trabajo con inmigrantes del magreb. Integrarme no quiere decir confundirme. Integrarme, creo, quiere decir poder expresar lo que digo buscando los puntos de referencia del otro; o estableciendo puentes para que el otro entienda y entienda yo lo que nos estamos diciendo.

Esto, ¿qué tiene que ver con lo que leímos hoy? Comprender las diversas versiones de lo que es Orientación psicológica supone poder entender que se definen desde experiencias personales, vivenciales, culturales, históricas diferentes. Entender las diferencias entre la Orientación y la Psicoterapia, por ejemplo, es poder entender a partir de lo que alguno de Uds. decía: sus orígenes lo son. Y de la misma forma, las precisiones que se establecían entre aconsejar y orientar, u otras, son muy interesantes porque nos obligan a repensar sobre qué término cada uno elige y, aunque esto no viene a cuento, desde dónde lo dice. Y esto es fundamental no para integrar teorías, sino personas. No me cansaré de decirlo.

Finalmente, para acabar este apunte. Cierto es que la formación que tenemos los de clínica e industrial es diferente; y esto hace que nuestra forma de ver la realidad lo sea. Pero estoy convencido de la existencia de amplios puentes entre ambas subculturas. Una persona la podemos pensar como una organización. Y viceversa. En sus manos está el que seamos capaces de construir estos puentes.

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Para el próximo día, seguimos con otro capítulo de Ivey y col. De hecho algunos de los aspectos que introduce ya han sido insinuados. Por ejemplo el de la empatía. ¿Qué tal si buscan su etimología? Es un ejercicio muy enriquecedor, el estudio etimológico de las palabras. Le sugiero que se habitúen a utilizar los diccionarios etimológicos, amén de los otros, claro. En este sentido tuve una profesora, actual catedrática de Psicología social y psicolingüística que en su momento hizo un comentario en clase que me caló profundamente: “pensamos en griego y hablamos en latín”. Y yo añadiría, “con elementos árabes”. Y se lo digo, porque cuando hablamos hacemos mucho más que intercambiar pensamientos y sentimientos: actualizamos permanentemente todo nuestro bagaje cultural que se pierde en los siglos de nuestra cultura. Y en el estudio etimológico, como en el de los mitos griegos, podemos encontrar la respuesta a muchas de las cosas que las personas nos dicen.

Otro elemento que quisiera destacar es la importancia de concretar lo que se dice. No es fácil, dada la ansiedad que invade a las personas que nos consultan, y la nuestra. Como tampoco es fácil tratar de ir abordando el problema en el aquí y ahora del momento del encuentro. Esto es mucho más difícil y requiere un ejercicio constante por su parte ya que todos tendemos a refugiarnos en el pasado, o en anécdotas externas a la relación que se da.

Finalmente la incorporación de lo multicultural. De hecho los tres ejes de coordenadas que nos proponen Ivey y cols. son muy sugerentes con vistas a poder ir haciéndonos un plano general de la ecuación que plantea el paciente. Tras este punto, el de la red social de pertenencia.

Todos estos temas, creo que son de alto interés. Deseo que les satisfaga.

Un saludo,

Dr. Sunyer. Curso 2000-01

Artícles a llegir

1.*Ivey, A; Bradford, M; Simek-Downing, L; (1997): The empathic Attitude: Individual, Family and Culture. A Ivey, A; Bradford, M; Simek-Downing, L; (1997): Counseling and Psychotherapy. Allyn and Bacon.

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