Mi cuaderno de Bitácora. Doceava entrega. Curso 2000-01: Sorpresa, sorpresa

Bueno, hoy fue un poco diferente. Acabé con tensión en la espalda. Me imagino que surge del propio trabajo realizado. No se olviden de la psicosomática. Y desde mi atalaya subjetiva ¿qué percibí? Más allá de las dificultades con las que tenía que lidiar para poder representar la persona en cuestión, era consciente que no podía dejar de ser el conductor del grupo formado por Uds. Ello suponía el estar atento a las personas que me iban haciendo preguntas y al tiempo estar dentro del personaje que había venido a clase.

Si tomo una de las preguntas que se me hicieron con relación al desarrollo de lla sesión, la cuestión era si había habido o no un “hilo conductor”. Aquí nos encontramos con una cuestión importante: entrevistas estructuradas o no estructuradas. Hay numerosos protocolos de entrevistas estructuradas. Unos más completos que otros y que desean poder acabar haciendo un diagnóstico sólo con la propia entrevista. He tenido ocasión de participar en algunos de estos protocolos y me parecen muy interesantes; pero precisan de mucho entrenamiento para poder asimilar todo lo que estos cuestionarios conllevan. Y nunca me han satisfecho. Admito que puede ser un problema personal, reacio normalmente a las imposiciones o a caminar por caminos excesivamente marcados que siento paralizan mis propias capacidades de iniciativa y creatividad. Pero además de este aspecto personal sigo prefiriendo las entrevistas no estructuradas. Y las prefiero no sólo por comodidad personal, sino por coherencia conmigo mismo y mis presupuestos teóricos.

Parto de la base de la existencia del inconsciente. Uds. lo saben bien. Por inconsciente, entiendo aquel cúmulo de elementos que no están en mi conciencia pero que interfieren y condicionan mi propio desarrollo. En realidad sería aquello que no conozco de mí mismo, o de la situación, y que interfiere en la misma. Y esta influencia está, científicamente fuera de toda duda. Otro tema es si lo considero o no en mi planteamiento profesional. Yo sí.

Siguiendo esta línea, la entrevista que tuvimos era una entrevista no estructurada. Pero ojo, no estructurada por nosotros; pero sí en cambio, estructurada por aspectos que escapaban a nuestro control. Más estructurada diríamos por las asociaciones personales que por una serie de preguntas previas. Si partimos de la idea de la existencia de una red de comunicaciones entre nosotros, podemos pensar que sí ha habido coherencia en el hilo argumental. Si consideramos que no hay tal red de comunicaciones…

Para quien estaba sufriendo las preguntas sí había hilo conductor; es decir, en ningún momento, creo haber sentido la sensación de que me llevaban de un lado para otro sin ton ni son. Es decir, tuve la sensación de que se establecía una relación entre Uds. y Joan C., relación que conducía la entrevista entre dos orillas: la de los objetivos que Uds. se proponían y la que yo me dejaba llevar. ES decir, siempre en una relación se establece una serie de acuerdos tácitos por la que cada una de las partes va avanzando en la medida que la otra le deja. En este sentido, la entrevista no estructurada tiene la ventaja de irse acercando en la medida que el otro deja, a las zonas de investigación posibles en aquel momento. De lo que ya no tiene tanto control el entrevistado, es respecto el número de sugerencias que sin darme cuenta voy emitiendo y que en realidad hablan del problema real que tengo: No del manifiesto.

En Orientación Psicológica, dado que tenemos tiempos relativamente escasos, nos encontramos con la necesidad de articular el máximo de información diversa para poder acercarnos a la situación real de quien acude a nuestra entrevista. Entonces, una de las primeras guías por la que nos podemos orientar es precisamente el hilo que hemos seguido, cuánto nos ha dejado entrar y por qué vías hemos podido transitar. Si, al nivel de hipótesis de trabajo, consideramos al conjunto del grupo clase, como si de un aparato psíquico se tratare, podemos hacernos un poco más a la complejidad de asociaciones que se nos suscitan en una entrevista. Y cuando uno está ante una situación, tanto clínica como organizativa, se encuentra ante numerosas asociaciones mentales que le vienen a la cabeza, y con la necesidad de escoger unas y desechar otras, al menos momentáneamente. Estas asociaciones mentales provienen no sólo de los aspectos racionales sino de los afectivos. No sólo del lenguaje verbal, sino del no verbal. No sólo de lo que dice, sino de lo que no dice. Y unas asociaciones nos llevan a otras: tal es el nivel organizativo de nuestro aparato psíquico. Una palabra (o incluso fragmentos de la misma, un gesto, cualquier elemento) sugiere otras muchas palabras o ideas; y en este juego permanente, en este caminar entre lo que puedo decir y lo que quiero decir, vamos tejiendo entre nosotros una densa malla que nos sostiene como individuos pensantes y miembros de un contexto social.

Partiendo de las premisas que hemos visto de Ivey y reutilizando las propuestas de Piaget, ¿en cuál de las cuatro posiciones parece situarse nuestro personaje? Si abordamos cuestiones éticas, ¿qué se puede decir o hacer ante la situación de adopción que plantea? Si hiciésemos caso al dicho de “Quan Pau…” ¿qué sugerencias tienen sobre el caso? Si recogemos las propuestas que provienen del artículo que les toca leer para el próximo día en relación la contratransferencia, ¿qué elementos contratransferenciales les ha sugerido? Si abordásemos la propia diferenciación entre psicoterapia y orientación, ¿cuáles serían los límites de la intervención en cada caso?

Si somos capaces de crear situaciones en las de quien nos consulta va articulando su demanda, su problema, dispondremos de un amplio abanico de datos que, en su momento podremos poner a su servicio para que, a partir de la información compartida, pueda ir tomando decisiones. Un ejemplo fue una de las últimas intervenciones: ¿qué tal si vamos analizando uno de esos problemas? Pero fíjense que en este “ir analizando” también nos encontraremos con las dificultades que presenta Joan. Dificultades que, en líneas generales, marcan realmente el problema. Aquí señalar un proceso a realizar: el del pasar del síntoma al problema. Lo cual, como se pueden ir imaginando, no es fácil.

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Para el próximo día recuerden que había una modificación del artículo a leer con relación al plan de lecturas. Corresponde el de Ivey y cols, “Conducting an Intentional interview” De este texto, y para este primer día, lleguen solo a la página 62, sin iniciar el apartado que reza: “Listening skills”

Un saludo,

Dr. Sunyer. Curso 2000-01

Articles a llegir:

1.*Ivey, A; Bradford, M; Simek-Downing, L. (1997): Conducting an intentional interview: theory, skills, decisions and solutions. A Ivey, A; Bradford, M; Simek-Downing, L. (1997): Counseling and Psychotherapy. Allyn and Bacon.

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