Mi cuaderno de Bitácora. Curso 2000-01. Eros y Tánatos

Ya sé que ni se lo creen ni se lo creerán. Que pensarán que todo está “apañado”. Pero no es así. Funciono guiándome por las diferentes asociaciones que me sugieren Uds., a partir de las que mi mente genera como consecuencia de lo que proviene de sus intervenciones. Y entiendo la suspicacia. No es difícil leer en algunos cuadernos la idea de “alguna razón tiene Ud. cuando os propone tal o cual cosa…” Si por razón se entiende lo que por mi mente pasa, sí. Si lo que se deduce es que tengo un plan previo, no. O como único plan que puedo tener, si hay que tener alguno, es el de funcionar lo más libremente posible, acercando la idea de la libre asociación y atención flotante a lo que puedo hacer en las sesiones de la asignatura en el marco de la misma.

Y a partir de estos requisitos tan elementales, “libre asociación y atención flotante”, trato de recoger aquellas cosas que considero útiles o significativas a la luz de mi experiencia, y aportar aquellos elementos que creo les pueden ser útiles cara su conceptualización de las cosas y su comprensión desde la posición, evidentemente de la teoría psicoanalítica. Y en este caso, apuntando a lo grupal.

En una sesión nunca hay un plan previo. O mejor. Nunca planteo las sesiones previamente. Es como el toreo. Un torero no plantea la corrida previamente. En función de lo que el morlaco le sugiera, trata de hacer la mejor faena. Unas veces sale mejor, otras peor. En ocasiones hasta le cornean a uno. Bueno, es la profesión que tengo y cómo la practico. Y en este contexto, lo que denomino Orientación Psicológica, sigue los mismos principios: Asociación libre, libre atención flotante. Y en la clase, también. Cierto es que, y como en los espacios profesionales de Orientación, como no tengo todo el tiempo del mundo, debo imprimir a esta faena un ritmo y unas actitudes que distan mucho de lo que se puede calificar como el de Terapeuta Pasivo.

Teniendo el marco de referencia, la temporalidad que determina mi intervención, la Orientación Psicológica se conceptualizaría como aquella intervención que pretende, dentro de los límites del tiempo y de los objetivos que se plantean, ayudar a metabolizar los elementos que dificultan el desarrollo de la persona, grupo, institución que tengo delante y con la que interactúo. Y todo ello dentro de los límites que la ética y la realidad me imponen; y los de mi planteamiento y forma de concebir las cosas.

En esta situación, nos encontramos todos en una experiencia grupal que, por su propia naturaleza, queda enmarcada en los límites y condicionamientos de una asignatura universitaria, a caballo de lo que es explicar lo que significa orientar a alguien al tiempo que orientamos al orientador. Y en esta situación aparecen una serie de fenómenos que son similares a los que aparecen en cualquier intervención profesional, sea con un grupo, una organización o un individuo.

Hasta el momento presente y tras irnos ubicando un poco en este terreno ambiguo de la Orientación Psicológica, hemos comenzado a realizar ejercicios y a plantear situaciones a través de las que podemos ir acercándonos a la problemática de la relación con el paciente, grupo o institución y ver no sólo qué “técnicas” (esta palabra no me gusta nada) podemos articular para conocerlo, sino también ver cómo podemos incrementar el conocimiento de lo que le sucede.

Y en este transitar nos hemos ubicado dentro de la conceptualización psicoanalítica del ser humano y, por ampliación, a la visión de lo grupal, organizativo e institucional. En este terreno estamos.

Como de lo que no se trata es de estudiar psicoanálisis sino de ir comprendiendo desde esta óptica, desde esta filosofía, lo que sucede, henos que nos encontramos con comportamientos del conjunto de nosotros (menda incluido) que parece que detienen un poco o al menos dificultan el desarrollo “esperado, teórico” de un grupo. Estos aspectos (comportamientos no me acaba de agradar) que nos detienen parece que presentan dos procedencias. Unas, del propio contexto. Nos hemos cambiado de aula y la provisionalidad en el uso de la que nos era habitual parece que se nos hace presente. Ha habido un asesinato, y el impacto que ha generado en todos, o al menos en la mayoría de nosotros, es elevado y nos pone frente a la fragilidad de la vida.

Pero también ha habido una evaluación con resultados que para muchos no habrán sido lo que se esperaban y esto también altera las relaciones que se establecen. Y dentro de nada, nos encontraremos con fiestas y puentes que vuelven a modificar, a alterar aspectos de la relación, el ritmo de trabajo. Y para colmo, las sesiones se centran en una orientación, la mía, con la que me siento cómodo y puedo hablar sin herir otros planteamientos con comentarios que surgen por lo general más desde el desconocimiento profundo o de un conocimiento liviano de ellos. Y esta orientación plantea, como elementos básicos aspectos que por su complejidad, o por su conocimiento parcial, o por lo que ello supone, generan reacciones o actitudes que pueden parecer y repito, parecer, enlentecedoras.

Ponía y proponía como elemento facilitador del pensamiento, el paralelismo digestivo. La verdad es que en ocasiones nos metemos en el cuerpo cosas de difícil digestión. Y se necesita mucho jugo gástrico, muchas horas para que la digestión no sea más pesada de lo que es. Y en ocasiones, precisamos de otras sustancias que aligeren nuestra digestión. Y les decía que algo parecido puede suceder con algunos conceptos. Y subrayaba también la coincidencia de que el debate se centrara entre los elementos de vida y de muerte. Pero no porque lo hubiese propuesto aposta, sino porque las asociaciones, al menos a mí, me fueron conduciendo a ese lugar.

Eros y Tánatos. Dos fuerzas, dos colores que toma la fuerza libidinal y que condiciona el cómo se desarrollan las cosas. Eros, lo constructivo, la fuerza de vida se articula con el Tánatos que nos conduce a la muerte y a la destrucción. Pero estos no son dos conceptos teóricos a secas, no son dos conceptos sacados del cajón de un despacho. Son conceptos derivados, como todos los conceptos de la teoría psicoanalítica, del análisis de casos, individuales o grupales. Porque el Tánatos, como el Eros, no sólo tienen una manifestación individual, sino grupal y socia; y por lo tanto también cultural. Evidentemente podemos o no aceptar la existencia de tales fuerzas. Podemos aceptar o no el que existan como tales. Lo que a mí me es difícil es el no pensar en su presencia cuando pienso y analizo lo que veo y lo que vivo. Es decir, no encuentro ninguna otra explicación al hecho de que a pesar de los miles de años de historia de la humanidad, la destrucción y el asesinato estén presentes. Pero tampoco la encuentro al ver cómo las personas tendemos con tanta facilidad a destruir, a poner trabas a lo evolutivo, a lo creativo. Me cuesta encontrar otra explicación al hecho de que proyectos dibujados con todo cariño, con toda ilusión y esperanza como pueden ser los educativos, los asistenciales, los políticos, acaben organizándose de tal forma que se paralice su crecimiento, se burocratice su funcionamiento y a la postre queden enquilosados y hasta se destruyan. Y también la propia vida.

Hablando ayer o anteayer con mi hijo, camino de la estación de tren, salió a colación el tema del suicidio. De cómo hay personas que optan por matarse. Y le trataba de explicar que precisamente el hombre es el único ser que tiene la libertad de escoger entre vivir o morir. Que la libertad llegaba hasta este extremo: una persona puede elegir si quiere vivir, crecer, desarrollarse; o simplemente, matarse. Ello nos aporta un elemento complementario a la propuesta de las dos fuerzas básicas: parece que entre ellas se instala una tercera que tiene la potestad de guiar, conducir el desarrollo hacia una u otra vertiente. Pero este aspecto todavía no lo tengo bien desarrollado y sólo lo anuncio. En el terreno grupal lo denomino función conductriz, para diferenciarlo de la función conductora. Evidentemente sería una fuerza inconsciente. Espero poderla ir desarrollando en el decurso de los próximos años. Pero creo que también aparece en lo individual. Quizás se podría denominar fuerza vital; pero esta fuerza acabaría determinando si se elige uno u otro camino. El problema, en todo caso, sería qué capacidad tenemos para colaborar con ella en favor de las fuerzas constructivas y creativas.

Si cambiamos de terreno, por ejemplo, creo que podemos pensar que en el grupo que estamos teniendo existen elementos, muchos, que nos llevan a ir construyendo el proyecto inicial. Para ello estamos todos realizando esfuerzos para aportar opiniones, y tomar actitudes que ayudan, colaboran al enriquecimiento de todos nosotros. Las participaciones entusiastas de muchos de Uds., la capacidad de ir tolerando las diversas frustraciones que inevitablemente jalonan nuestra evolución, han ido contribuyendo, anónimamente, a ese desarrollo. Ello también ha sido posible gracias a la existencia de determinado marco de trabajo, de una estructura que ha contribuido, mediante la implantación de determinados límites, al desarrollo del clima de trabajo que tenemos. Ahora bien, todo esto que es muy agradable, no está exento de otras cosas que paralizan o distorsionan ese aspecto. Si por ejemplo, nos quedásemos centrados en los elementos que funcionan, podríamos no ver aquellos otros elementos que distorsionan el desarrollo de este grupo.

Este grupo, como cualquier organización, contiene elementos susceptibles de destruir lo que hasta el momento hemos construido. Voy a poner un ejemplo. Las fiestas que se avecinan interrumpirán el proceso. Enfriarán el desarrollo del grupo. Y como estas fiestas aparecen pocos días antes de las de Navidad, este hecho, puede facilitar el que el grupo paralice su desarrollo. Y como después de Navidad nos quedarán pocos días para acabar el curso, pues tenemos más razones para que el proceso iniciado a finales de septiembre se enfríe lo suficiente como para que cada cual vaya a la suya y se piense más en la nota que me pondrán que en nuestro propio proceso. Aquí, por ejemplo, tienen uno de los elementos que son capaces de destruir todo un desarrollo realizado por Uds. De lo que seamos capaces de hacer frente a este elemento que interrumpe el ritmo dependerá nuestra capacidad de seguir creciendo o de iniciar un proceso destructivo. Lo mismo sucede en las organizaciones, tanto productivas como académicas o políticas. Y ello no significa que éste sea el único elemento destructivo, o potencialmente destructivo. Evidentemente hay muchos más. Por ejemplo, los afectos y emociones que se suscitan. En ocasiones tendemos a negarlos o a ocultarlos ya que genera una cierta sensación de desprotección el hablar al respecto. Por ejemplo, estoy viendo que tenemos dificultades para poder hablar del efecto “evaluación del primer trabajo”. Como si no se pudiera hablar de aspectos que también en lo real nos concierne y de los sentimientos de frustración o desencanto que ello pudiera haber provocado. Es algo así como si no se pudiere hablar de los sentimientos sin verse incluido automáticamente en el hablar. ¿Creen Uds. de verdad que no podemos abordar sentimientos de frustración, pequeñez o de envidia u odio sin vernos necesariamente involucrados por ellos? Creo que sí. Otra cosa es que nos lo permitamos.

En todo proceso de Orientación Psicológica debemos estar muy atentos a los elementos potencialmente destructivos de la relación y del proceso. Ello nos evitará situaciones complejas y permitirá garantizar un poco más el éxito de su intervención. Y en estos aspectos debemos poder incluir también la propia relación que se establece. Malos entendidos tan simples como el que deriva de comprobar la rigidez en los horarios de asistencia, o de la cuestión económica; o aquellos que se derivan de la desazón ante los resultados de un test o de un informe.

El próximo día lo dedicaremos al segundo capítulo. No sé si podríamos trabajarlo todo; al menos, como la parte de la asociación libre es un poco conocida, y como el de la transferencia y la contratransferencia ya apareció a raíz del caso clínico, quisiera que se centraran en la identificación proyectiva. Y al respecto me gustaría que hicieran una pequeña reflexión: cómo se da esa identificación en el proceso lectivo. A ver si se animan.

Un saludo,

Dr. Sunyer. Curso 2000-01

Artícles a llegir

1.*Ivey, A; Bradford, M; Simek-Downing, L. (1997): Psychodinamic Counseling and Therapy II: Conception and Theory . A Ivey, A; Bradford, M; Simek-Downing, L. (1997): Counseling and Psychotherapy. Allyn and Bacon.

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