Mi cuaderno de Bitácora. Quinta entrega. Curso 2000-2001: Aparece la dependencia

De entrada, disculpas. Deben ser procesos de confusión los que provocan que indique para leer un artículo posterior. Se lo traigo a Uds., para que realicen el esfuerzo que les pedía para hoy. En cualquier caso, la cuestión es por qué aparecen estos procesos de confusión. Uno prepara las clases con tiempo, organiza las lecturas, se empeña en que desaparezcan elementos que dificulten el proceso y… ¡zas!, ahí tenemos el duende.

¿Qué recuerdo tienen de la sesión del otro día? Aparece una lógica idealización de la realidad que puede llegar a ser tan intensa que nos haga alejarnos de ella. No dudo de la arriesgada propuesta de Rogers. Me parece, y más si la ponemos en el contexto de la época, como alguien decía, me parece impresionante. Revolucionaria. Me imagino que algo de ello habrá influido en el desarrollo de la Orientación Psicológica como disciplina. Pero bajemos a la arena del coso. Honestamente, ¿creen Uds., que todos los que nos matriculamos en una carrera universitaria venimos a aprender, o venimos a sacar el título? No dudo que haya gente que venga a aprender ( en el sentido que le estamos dando); pero me parece que, por las razones que sean, ese ideal que posiblemente al principio aparecía se ha ido desvaneciendo y en la mayoría ha quedado reducido a un “que me den el título”. Y esto pasa siempre. Por ejemplo, aquí, en nuestro contexto de clase. No tengo la menor duda que el deseo inicial sea el aprender. El problema es si este deseo se mantiene o no, y cómo y quién lo mantiene. La propuesta, hasta cierto punto seductora de la forma de trabajar, tiene las pegas suficientes como para que el deseo inicial de aprendizaje se vaya desvaneciendo y, muchos de los aquí presentes, acaban diciendo: “Bueno, a mí que me den el aprobado”. La pregunta sería ¿por qué aparece esto? ¿Por qué se disuelve la ilusión primera? Lo mismo sucede en el matrimonio, en el trabajo. Uno se ilusiona, pone un montón de expectativas en aquel trabajo maravilloso, con buen sueldo, etc; o en aquella persona con la que me he casado… y un día uno descubre que ni el trabajo es lo que creía que era, ni el compañero de vida es tan compañero como uno creía, ni el “profe” maravilloso es lo que aparentaba. ¿Qué pasó? Y a partir de este momento se instala un proceso en cada uno de nosotros en el que el desánimo, la frustración, o lo que sea, es tan poderoso, que acaba transformando lo que deseábamos en algo que no vale la pena y “¡Que me den el aprobado!”

Lo mismo sucede en las intervenciones profesionales. Es difícil, muy difícil, mantenerse lo suficientemente activos como para que lo que hacemos, hacerlo nuestro. Es difícil mantener la lucha o el esfuerzo ya que la cantidad de resistencias con las que nos encontramos ( y encontraremos, ya lo verán) no nos hagan abandonar el esfuerzo y desplazarlo hacia el profe (en este caso) o el profesional (que serán Uds.) en el otro. Y he dicho desplazamiento. Porque lo es: lo que nos corresponde a todos y a cada uno de nosotros, se desplaza hacia el otro. Y aquí, en este punto, comienza a instalarse subrepticiamente, un condicionante de las relaciones interpersonales muy importante. Por ejemplo. Estamos todos sentados formando un gran grupo, un “grupazo” como dice un amigo mío. Y a lo largo de los primeros minutos nos vamos posicionando y esperamos que otro comience a hablar. Esta espera, y desde la psicología, por ejemplo, ¿no es un “desplazamiento” de la responsabilidad sobre otro? Y hay suficientes razones que desde la lógica nos asaltan para no hablar: “no tengo nada que decir” “lo que diría no tiene importancia” “no se me ocurre nada” “ a mí sólo se me ocurren tonterías” “¿por qué tengo que ser yo?” En fin, podríamos escribir una lista inagotable de razones.

El mismo hecho sucede en la vida pública; y en la privada. ¿Por qué tengo que recoger la mesa yo?, ¡Que la recoja otro! Este problema quien lo tiene que resolver es el gobierno. La culpa de todo la tiene… Es decir, vamos desplazando la parte alícuota de responsabilidad en el otro. Y lo mismo, exactamente lo mismo le sucede al paciente, sea individuo u organización. Por resta razón lo que propuso Rogers, tiene algo de revolucionario, en cierta medida. En realidad, en lo que entiendo, Rogers dice “si soy capaz de provocar en el otro, de poner en marcha en el otro, el deseo de cambio, de saber, de aprender de sí mismo, conseguiré que haya un cambio, que sea sí mismo”.

Ahora el problema lo volvemos a tener todos.

Pasemos ahora a las próximas lecturas. La primera no se la he pedido a raíz de los cambios. Son dos y muy diferentes ambas. La primera que no tocaba, sigue la trayectoria que se ha dado a las primeras sesiones de nuestra experiencia lectiva. Cuando, más allá de lo que dice Rogers, trato de reflexionar sobre la función terapéutica me viene a la mente el reciente descubrimiento de una muralla medieval en la calle Pelai. Y las discusiones que genera. Ello me sugiere que las personas somos como ciudades. Nos hemos ido edificando con sucesivas demoliciones, conservaciones, ocultamientos de edificios y construcciones que en su momento han sido importantes. No conocemos la historia de muchos trazados de nuestras calles. Parece como si estuviesen ahí de toda la vida, cuando a decir verdad, en su momento fueron campos de cultivo, zonas de marisma o rieras. Ante esto, ¿cuál es nuestra tarea? Porque el paciente (recuerden siempre que puede tratarse de un individuo, una familia o una institución) acude a nosotros porque no sabe por qué una calle no la puede modificar, o porque necesita un nuevo trazado de su “ciudad” ante los cambios que se están dando en su vida, o lo que sea, y no sabe, no ve cómo hacerlo. Se puede encontrar con que sabe evaluar el valor de esas murallas, si debe derruirlas, ocultarlas, o modificar su plan de cambios para preservar ese bien cultural en beneficio de sí mismo y de quien lo visite. Nosotros no tenemos un “trazado óptimo”. No somos nadie para decidir que se anulen las murallas o que queden expuestas. El valor que estas tienen deberá ser determinado basándose en una serie de parámetros que su propio desarrollo personal, cultural, etc., deben determinar. Nuestra función será pues la de comprender lo mejor posible estas valoraciones y ayudarle a determinar lo que debe y puede hacer.

El segundo artículo, que contrasta mucho con este primero, nos introduce en una serie de dicotomías que no debiéramos pasar por alto. Y que nos llevan, en realidad, a la conclusión de lo relativo que es todo; a que frente a cualquier situación se nos presentan una serie de alternativas que debemos considerar detenidamente y, tras tomar algunas determinaciones, seguir revisándolas.

Deseo que los hayan leído despacio y que en la sesión de hoy, Jueves, hayamos reflexionado sobre esta dificultad de tener un marco de referencia fijo, universal e inmutable: tres cosas que la vida nos muestra que no es así la realidad.

Y para el próximo día, sí: el trabajo que debía haber sido para hoy y que supone un esfuerzo importante para Uds.: El estudio de un texto en ¡Inglés! Sé que no les resultará fácil, pero es importante ese que supone una modificación de última hora del orden de algunas lecturas esfuerzo. Corresponde al libro de Ivey y colaboradores y supone la entrada de lleno en una forma diferente de conceptualizar los abordajes psicológicos. Y no tanto por lo novedoso que aparenta ser (y digo aparenta porque el pensamiento grupoanalítico viene hablando de ello desde hace más de cincuenta años), sino porque nos lleva a considerar una relativización importante de muchos cuerpos teóricos. Ello no quiere decir que me aparte de mi conceptualización psicoanalítica, que por lo que voy viendo es más actual de lo que parece a simple vista. Aunque el libro no hable de ello, les introduciré la idea de matriz, que es una idea de Foulkes y, a partir de ahí creo que podremos entender un poco más todo este abordaje, y el de la asignatura.

Artícles a llegir

*Rigazio-DiGilio, S., i Cols (1996): Developmental Counseling and Therapy: Individual and Family Therapy. A Ivey i Cols (1996) Counseling and Psychotherapy. Allin and Bacon Ed.

Animo, no se asusten. Un saludo,

Dr. Sunyer. Curso 2000-01

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