La Matriz

Uno de los conceptos fundamentales en la teoría psicoanalítica es el de Objeto. Si nos atenemos a lo que Laplanche y Pontalis nos informan en relación con él, su noción se considera bajo tres aspectos diferentes: como correlato de la pulsión, como correlato del amor y del odio y en el sentido tradicional de la filosofía y de la psicología del conocimiento. Otro de los conceptos cercanos es el de Objeto parcial, pero básicamente se relaciona con aquellos a los que apuntan las pulsiones. Por otro lado, Klein, M. a través de la noción de Objeto introduce también la de mundo interno que sería “el resultante de la actividad de la fantasía inconsciente, en la que a través del mecanismo de introyección, se construye dentro del yo un mundo interno complejo. En el mundo interno se siente a los objetos internos en relación dinámica los unos con los otros y con el yo” (Segal, H 1982:123) . Parece que este concepto podría sernos útil para tratar de establecer un nexo de unión entre la idea de matriz, que parece ser un concepto que surge de lo grupal, y la idea de individuo. Es decir, podríamos pensar que el sujeto, a través del mecanismo de la introyección, ha introducido en su mundo interno objetos, unidades como apunta Kernberg, que se corresponden a aspectos de la vida del mundo exterior y que mantendrían entre sí una relación dinámica.

Por otro lado, el concepto de Matriz es complejo. Y lo es, básicamente porque (quizás por su repentina muerte que hizo que se quedasen a medias muchas de sus conceptualizaciones), Foulkes nunca acabó de definirlo. Una de sus aportaciones habla de “la hipotética red de comunicación y relaciones en un grupo determinado. Es la base común compartida que en último término determina el significado y la significación de todos los sucesos y desde el que todas las comunicaciones e interpretaciones, verbales y no verbales, permanecen ” (1964: 292 ) Desde este ángulo, y con base al conocimiento de lo que sucede en los grupos, podríamos señalar que la matriz grupal es algo así como la clave referencial, la piedra Roseta a través de la que todo lo que sucede en un grupo tiene una significación particular. Entre nosotros, Martínez Azumendi (1990) realizó un esfuerzo importante; pero a pesar de ello no pudo acabar de definirla. Siguiendo sus indicaciones parece la idea de matriz y la de red de comunicaciones serían intercambiables, si bien la idea de matriz parece disponer de un componente energético.

En torno al concepto otros autores como Roberts 1993, Prodgers (1990), Cortesao (1991) han intentado aportar otras visiones que complementan o aclaran la conceptualización. En cualquier caso, parece que dicho concepto se vincula a algo que emerge de lo grupal.

El problema, pues, lo tenemos desde el momento en que queremos articular el grupo y el individuo. Por un lado tenemos la conceptualización de M. Klein de Objeto y de mundo interno, y por otro el de Matriz de Foulkes.

Si tomamos como hipótesis aceptada la existencia de un mundo interno formada por unidades, objetos que mantienen entre sí una relación dinámica así como con el yo, podríamos pensar que quizás existe un paralelismo entre esa organización interna y la percepción que el sujeto tiene del exterior. Es decir, podríamos pensar que el sujeto, que desde el mismo momento del parto se incluye en una matriz de relaciones cuya complejidad sólo le será progresivamente revelada, organiza, introyecciones mediante, un complejo mundo interno formado no sólo por esas unidades sino por una especial constelación proveniente de la matriz de relaciones que percibe en el mundo externo. Esta matriz se articularía en la base psíquica de cada individuo determinada genéticamente y que vendría fundamentada en aquellas funciones básicas tales como las capacidades perceptivas y de retención mnésica.

Esta matriz de relaciones internas, reflejo de las que en el mundo externo percibe, tendría dos funciones básicas: la de establecer el complejo entramado de significados entre los objetos aportándoles la particular forma de interpretar la realidad basándose en las experiencias que su relación con el mundo externo le ha ido proporcionando desde el inicio de la vida, función que estaría muy cercana a la idea de contención, y la de establecer el soporte sobre el que las nuevas introyecciones se ubican y se articulan respecto las anteriores.

Si nos centramos en lo que sucede en un grupo, y sobre todo si ampliamos la lente de visión pensando en los primitivos procesos que se suceden en un grupo grande, podemos apreciar cómo los individuos en los primeros momentos del desarrollo de este grupo, y como consecuencia del estado regresivo, psicótico, en el que están inmersos, inician un conjunto de acciones tendentes todas ellas a poder integrar esa nueva experiencia; nueva por lo novedosa, pero similar, creo yo, a las primeras experiencias habidas en las primeras etapas de su desarrollo en el mundo. El sujeto trata de salir del estado de confusión en el que se encuentra que reproduce los primeros estados de confusión y marasmo en el que el bebé vive a lo largo de los primeros momentos de la vida. Y el miembro del grupo, inicia un proceso de reubicar todos los sucesos y todas las percepciones que tiene en una particular red interna; pero el grupo también está en el proceso de construir esa matriz sobre la que podrá ir comprendiendo los sucesos del grupo, las intervenciones, y todo lo que en él aparece. La constitución de esta matriz, que es un proceso lento y largo, se produce por los intercambios que aparecen entre los miembros del grupo que permiten ir estableciendo la red de significaciones y el lugar en el que lo que se percibe se coloca. Pienso que algo similar sucede en la mente del sujeto.

Dr. J.M. Sunyer

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