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Analizando que es gerundio

Mi cuaderno de Bitácora del 30 de noviembre de 2011
Sunyer · 30/11/2011
Fuente: Sunyer

Analizando que es gerundio.

 

Tras el sleeping day, ahí estábamos unos cuantos dispuestos a entresacar algo de esos cargadores de móviles, de esas cargas y descargas, de esas lumbalgias y otros aspectos que aparecían en las entrevistas que os transcribí. Y ello a seis días seis de acabar la asignatura, y con la semana que viene en la que, de momento, me niego a hacer acueducto (no por falta de ganas sino por responsabilidad y compromiso). Y en mis paseos por cada subgrupo me descubría diciendo lo de “no tenéis que tomar la medicación antes de venir a clase; luego, sí” queriéndoos transmitir el mensaje de “dejaros llevar por lo que asociáis, ¡relajaros!”  Y cuando lo conseguís, ¡bingo! Porque aunque eso os parezca raro, eso es lo que hacemos muchos de nosotros cuando estamos ante un paciente. Y, por asociación libre, estaba dudando sobre si enviaros escaneado un texto de tres páginas de un amigo mío, Noruego por más señas, que habla de cómo se permite dejar fluir la mente estando en un grupo hasta el punto de poder medio dormirse, y cómo este material que le viene a la mente cuando está en este estado es utilizado para el proceso terapéutico de los pacientes. Sé que esto os escandaliza. Lo sé, y posiblemente por eso no os lo voy a enviar, pero ganas…

Mirad, alguien de vosotros dijo con mucho tino “entonces, si esta persona estudió derecho quizás es porque le gusta tener las cosas muy organizadas, legalmente organizadas” y le contesté “estoy totalmente de acuerdo contigo”. Lo que hizo vuestra compañera fue asociar, dejar el pensamiento más libre de lo que habitualmente lo tenemos, y conectó la formación de esta persona con las características que busca en la carrera. ¡Bingo! Otros lo conseguisteis hacer con la palabra “cargador”. Y cuando sois capaces de soltaros comenzáis a dar en el clavo. Lo que conlleva aceptar la propuesta de otra compañera: no hay un único significado para las cosas. Pues evidentemente, cada uno asocia como puede, como se permite asociar, como le viene en gana. Porque si antes de acabar una sesión el paciente se acuerda de su móvil y de la carga deficiente que puede tener, su acción y comentario algo tiene que ver con lo que pasa en la sesión: que está harto, que quiere marcharse, que… o que se quiere ir con sus baterías más cargadas que es la forma cómo lo interpreté. Y considerar los significados que tienen las cosas es una forma muy inteligente de avanzar en los procesos asistenciales. Aunque sé que eso no os satisface demasiado.

Seguramente a vuestra edad tampoco me hubiera satisfecho ver que todo aquello con lo que el hombre se relaciona, todo aquello que interviene en la vida de cualquiera de nosotros tiene significados. Y eso se aleja mucho de la idea más lineal y posiblemente simplista de que a cada cosa le corresponde otra. Y cuando a las personas nos pasan cosas cuyo significado no encontramos, nos lo inventamos. O podemos llegar a delirar que es otra manera de dar significado a las cosas que no entendemos. Y eso no es ni bueno ni malo, simplemente es. Pero claro, si todo tiene significado… ¿cómo me libro de ello? Esta es una de las enseñanzas que más me ha sorprendido en mi práctica universitaria: la tendencia a ver en los significados algo persecutorio. En todas las promociones (y ya van unas cuantas) cada vez que aparece este tema observo que los estudiantes en su mayoría tratáis de zafaros de tal situación. Pero, ¡si lo que nos caracteriza a los humanos es precisamente el lenguaje y su amplísima capacidad para aportar significados a las cosas!

Ante vosotros teníais una entrevista, un monólogo y el resumen de un informe que elaboré para una institución barcelonesa que me pidió “ayuda”. Como no hemos tocado este tercer ejemplo, lo dejaré para otra ocasión. De las otras dos… ¿os fijáis en las diferencias? En un caso es una entrevista con un profesional de la abogacía de larga y conocida trayectoria; por lo tanto una persona brillante en su campo pero que, y de ahí hay toda una enseñanza, en el terreno de lo afectivo bastante en pañales. Lo que no tiene nada de extrañar ya que los humanos, más allá del ideal de que todas nuestras funciones, las mentales y las no mentales, deberían funcionar a la perfección, la realidad indica que no es así. Y en lo concreto de nuestra psique podemos ver que mientras que en unas áreas podemos funcionar perfectamente en otras puede no ser así; como le sucede a este hombre. Y en la conversación (¿no os ha chocado el tipo de conversación?) aparecen una serie de temas y, fundamentalmente, unas palabras clave muy interesantes. Por ejemplo, “carga”. Y esta palabrita… ¿qué significado tiene cuando la utilizamos? Si salimos de clase y decimos, “hoy salgo cargado”, ¿qué quiero decir? Evidentemente no significa que me he puesto unos kilos de más sino que las relaciones que se han dado me han “cargado”, es decir, me han tensionado. Si decimos, este hijo es una carga para los padres, ¿qué significa? Evidentemente no nos referimos a que lo llevan siempre a cuestas sino que supone para ellos un trabajo extra que no habían previsto. Pero si decimos “me voy a un balneario a cargar pilas” no queremos decir que nos vamos ahí provistos de unas pilas para cargarlas sino que hacemos mención a la búsqueda de un tiempo de relajo, de descompresión, de no pensar en las cosas cotidianas… cargamos pilas, nos llenamos de energía.  Pues bien, hemos visto cómo en la entrevista el buen hombre andaba con diversos tipos de carga y lo que hacía con cada uno de ellos. Hasta el broche final de pedir cargar el móvil antes de partir… ¿tendrá significado?

El otro monólogo era otra cosa. Porque este paciente es una persona con un sufrimiento enorme y de muchos años, tantos como casi toda su vida. Que sea un monólogo ya es significativo, ¿o no? Y lo que dice también. Fijaros cómo anda tratando de buscar explicaciones a las cosas que le pasan, y cómo el profesional trata de expresarle que le entiende perfectamente. Porque lo que importa es que se sienta entendido, aceptado en su forma de expresar su dolor. Luego, cuando ya haya confianza podemos ir suavemente a explicarle que todo eso es la manera que busca para entender cosas y que en ello la imaginación siempre está a nuestro servicio.

Pues bien, eso es el proceso de análisis. No es otro. Ir tejiendo con el paciente, con el otro en definitiva, una red tupida de relaciones y conexiones que posibilite incrementar, poco a poco, su conocimiento de sí mismo y del de los demás.

Hasta el miércoles… si me dejan

Dr. Sunyer (30 de noviembre de 2011)


El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura
 
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José Miguel Sunyer Martín, Doctor en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona
Colegiado con el número 6589, en el Colegio oficial de Psicólogos de Cataluña
Avenir 5, Ppal. 2ª · 08006 Barcelona · Cif 37252506G