El diálogo entre el Yo y el Yo auxiliar.
Fue un ejercicio muy rico. A partir de los títulos de los cuentos que os propuse en la pizarra fuisteis organizando una serie de historias clínicas con las que poder trabajar algo. Ya de entrada, la organización de una historia clínica alejada de los criterios diagnósticos es muy interesante. Nos permite pensar en cómo se cuece la historia de una persona tomando como eje esa referencia literaria. Claro que si lo pensamos un poco… ¿hasta dónde esa referencia literaria no puede considerarse como el eje de un esquema mental que labramos desde pequeños y sobre el que vamos organizando algo de nuestra vida? Creo haber leído hace mucho tiempo algo similar, pero si no ha sido escrito os lo digo yo. Tengo la vaga sensación confirmada por algunos datos de pacientes que nuestras historias no se tejen sin más: hay una urdimbre básica, proporcionada por los padres y por las experiencias que vamos recopilando desde nuestra niñez y que se articulan en torno a relatos, mitos familiares, historias más o menos reales que constituyen un eje sobre el que vamos construyendo nuestra propia historia. Es algo que en el fondo no deja de ser delirante, algo muy básico y fundamental, alejado de todo contacto con la realidad pero sobre el que vamos tejiéndonos nuestra propia telaraña.
Pero más allá de si realmente es así o no (os lo dejo para que lo vayáis investigando a partir de vuestra experiencia clínica) lo cierto es que nos fue de perlas para organizar nuestras historias. Luego estaban las dos partes del psicólogo que hacía de entrevistador. Y este momento me pareció fantástico.
Las seis parejas representasteis de forma muy clarificadora varios aspectos que aparecen en esa relación entre el Yo y el Yo auxiliar. Os decía que el Yo (es decir, cada uno de nosotros, para entendernos) se desdobla en dos aspectos de uno mismo: uno, el Yo, está ahí presente y crea un elemento auxiliar, el Yo auxiliar, que es esa parte con la que nos relacionamos con el otro, con el paciente. Es un aspecto de uno mismo (por esto no es algo falso) que se pone a la disposición del paciente para ayudarle a salir del momento y situación en la que se encuentra. Y en cierto modo es el responsable del establecimiento de la empatía.
Pero este fragmento de uno al que llamo Yo auxiliar, no deja de estar en conexión constante con el Yo, estableciéndose un diálogo rico y productivo. Pero en ocasiones no lo es ya que lo que sugiere el paciente puede ser suficientemente impactante como para bloquear la capacidad del Yo auxiliar de prestar auxilio. Esto se vio en varias de las representaciones. Si el Yo estaba muy fuerte y vivía de forma muy intensa las cosas que salían del paciente, el Yo auxiliar se sentía atrapado entre uno (el Yo) y el otro (el paciente). En otras ocasiones ese Yo era más flojo, no quedaba tan impactado por lo que decía o hacía el paciente. En estas circunstancias era el Yo auxiliar quien tomaba mucha relevancia. Son estas situaciones en las que uno pone más énfasis en la capacidad auxiliante que en la capacidad reflexiva. Esto se vio en dos representaciones más. Finalmente creí ver que en otras dos se daba una circunstancia curiosa: el Yo quedaba bloqueado, prácticamente, por lo que oía del paciente, por el relato aparentemente absurdo (¿recordáis la historia fantástica de las cerraduras?) que apenas podía musitar palabra alguna y el Yo auxiliar se quedaba muy solo.
Por esto me pareció un ejercicio fantástico del que seguro más de uno sabe sacar provecho.
Dr. Sunyer (9 de noviembre de 2011)
El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello.
Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo.
Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura