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Capítulo 2 de este manual

Matriz y función
Sunyer · 09/09/2011
Fuente: Sunyer

Capítulo dos.

 

En el escrito anterior describí algunas definiciones (grupo, conductor) y dibujé esquemáticamente los cuatro tipos de consideraciones respecto a lo que es un grupo que creo ayuda a entender cómo cada conductor (otros se denominan a sí mismos Líder, Coordinador, Director, Terapeuta o Psicoterapeuta) se sitúa ante y en el grupo que, lógicamente, condicionará el desarrollo del mismo. En realidad condiciona mucho el cómo se van a dirimir las relaciones entre los que componen el grupo, eso que denominaremos matriz grupal. Hoy en este escrito pretendo definir y explicar el término, así como el de función. Y a partir de ahí iré desgranando algunos aspectos de las diversas funciones que enmarcan el grupo.

 

Matriz.

En todo lugar en el que se desarrollan una serie de relaciones cualesquiera se da una circunstancia que proviene de esas mismas relaciones que las define. En la prensa, en los medios de comunicación pero también entre nosotros solemos decir que “tal reunión se desarrolló en una atmósfera agradable”, o que “la reunión fue tensa, la atmósfera era muy crispada”, o “el partido se mantuvo en un ambiente festivo, una atmósfera amena y divertida”. Es decir que con el término atmósfera o ambiente solemos aludir a algo intangible pero descriptivo de las circunstancias que se dieron en aquel suceso. Aquí, el uso indiscriminado de la palabra atmósfera o ambiente hace que aludamos con un dos términos diferentes algo que nos parece igual aunque en realidad no lo es. Ambiente es un término que proviene del latín y que alude a lo que rodea algo y en este sentido podemos decir que el ambiente de un local es de una manera o de otra. Pero la palabra atmósfera es diferente, proviene del griego y alude al vapor (atmós) que proviene de lo que emanan y envuelve a los cuerpos que lo generan. En este sentido es de mayor propiedad decir que la atmósfera se desarrolló en un ambiente agradable cuando queremos hacer mención del tipo de relaciones que se desarrollaron, y utilizaríamos el término ambiente para referirnos más a los componentes materiales, la decoración, la luminosidad, etc., en la que se desarrolló tal reunión. Ahora bien, estos términos no acaban de ajustarse cuando queremos definir algo que va un poco más allá de eso que denominamos atmósfera o ambiente. Por esta razón se introdujo en su momento el término Matriz. En el próximo número de Teoría y práctica grupoanalítica que es una revista de periodicidad semestral que se edita aquí y que se centra fundamentalmente en la psicoterapia de grupo (y especialmente la psicoterapia grupoanalítica) aparece un trabajo bastante extenso del concepto de matriz.

Este término fue introducido por S.H. Foulkes (que fue el iniciador de la psicoterapia grupoanalítica a mediados del siglo pasado) para definir algo intangible pero que está presente en el grupo y lo condiciona. Este algo es lo que percibimos todos nosotros cuando comparamos nuestra relación, por ejemplo, entre un amigo y otro. Con un amigo podemos tener una relación muy intensa, muy cercana, pero que los temas de conversación, las actitudes que tomamos ante un tema u otro, la calidez de la propia relación, la viveza e intensidad es muy diferente a la que tenemos con el otro siendo ambos igual de amigos. Las diferencias que encontramos las solemos atribuir a las características de cada uno de los amigos; pero ello no es óbice para que nos sintamos cualitativamente diferentes con uno o con otro, por lo que diríamos que la matriz que se desarrolla con uno es diferente a la que se desarrolla con el otro. Lo mismo sucede con los grupos: hay grupos de amigos que posibilitan unas y no otras actividades, conversaciones, formas de desenvolverse uno entre ellos. Y evidentemente ello es porque esos amigos son diferentes a aquellos otros. Esto significa que las características de esas personas son las que hacen que la relación que tenga con ellos tenga unas características diferentes a las que tengo con otros. Esas características son las responsables del desarrollo de un tipo de matriz u otro.

El término matriz alude en nuestro idioma (de forma similar a lo que ocurre con el término correspondiente en Inglés) al útero materno que es el lugar en el que se desarrolla el embrión y en el que crecerá el hijo. Ese útero tiene una serie de propiedades que por un lado contienen al embrión, lo protegen, le proporcionan alimento y le mantienen en unas condiciones que posibilitan su desarrollo. Al tiempo, el término se utiliza en la vida corriente para asignara el molde con el que los artesanos dan forma a un determinado material. Pues bien, aplicado a lo grupal, la matriz es ese componente derivado de las características de las personas que lo generan y por lo tanto que los envuelve pero con la particularidad que también los moldea de una forma u otra. Es decir, y volviendo al ejemplo de los grupos de amigos, en un grupo puedo ser de una manera más suelta, más creativa, mientras que en otro soy más reflexivo y serio.  A algo de eso nos referimos cuando hablamos de moldear.

En todos los grupos se desarrolla una matriz particular y exclusiva. Y como nuestro primer grupo de referencia es el familiar deberemos pensar que la matriz de ese grupo es el primer facilitador de nuestro desarrollo (recordemos las características maternas del término) y moldeador (las segundas características) de nuestra manera de ser. Y con una particularidad que no puede escapar de la observación: el bebé (de la misma manera que cada miembro del grupo) también interviene en la creación y desarrollo de esa matriz. Y trasladando esa idea a lo grupal debemos pensar que cada miembro del grupo contribuye a la generación y desarrollo de esa matriz que, al mismo tiempo, le va a moldear. Y precisamente el grupo es un potente instrumento terapéutico por esa gran capacidad de modelaje que tiene su matriz. Es decir, no es el profesional quien tiene el poder de ayudar en la modificación de las características de las personas sino el grupo. De ahí la gran importancia y presión de lo social sobre el individuo.

No es aquí el lugar para dar muchos más detalles de cómo se construye la matriz de cualquier relación interpersonal y que podréis consultar en la revista que os comenté, pero para que tengáis una idea mínima os diré que tal matriz se constituye mediante los lazos que establecemos todas las personas entre nosotros, lazos que nos vinculan, nos atan, atrapan de forma se crea una urdimbre dinámica, modificable en cierta medida, entre nosotros que es la que permite definir la relación. Esta trama, esta urdimbre, determina unas interdependencias vinculantes cuyas características posibilitan el desarrollo normogénico o patogénico de las personas de esa urdimbre. Voy a intentar ser un poco más claro.

Decía que entre las personas se establecen unos lazos, ¿verdad?, que fácilmente podemos percibir. Entre nosotros podemos decir que tal y cual persona se caen bien, o que a mí me cae simpática tal persona en tanto que esa otra me parece falsa y no me hace confiar en ella. Pues bien, lo que hace que pueda decir esto o lo otro es un conjunto de percepciones muy finas que en un caso me hacen tener una imagen de esa persona cuyas características no me tranquilizan, me generan ansiedad o desconfianza; en tanto que con otra siento que hay una buena corriente de relación por lo que la califico de agradable, simpática… Ahora bien, he dicho también que esos lazos nos condicionan. Efectivamente, mi relación con la persona que me cae mal, o de la que desconfío, o que la percibo de falsa viene condicionada por esas percepciones y ello hace que tenga unas características que no siempre puedo modificar.

Por recuperar un fragmento de la sesión del jueves pasado, cuando se presentó el caso clínico mencionó el barrio al que se iba a referir. Pues bien, sólo oír el nombre del barrio, automáticamente y sin conocerlo realmente, hizo que ya escuchara lo que luego relató de una forma particular que seguramente hubiera sido algo diferente si el nombre me fuera indiferente.

Ahora bien, puede darse (y de hecho se da) que en la medida que mi relación con estas personas va progresando y haciéndose más y más cercana, la simpatía que siento hacia alguien vaya adquiriendo colores complementarios que, sin dejar posiblemente de considerarla simpática, van a darle una dimensión y una tonalidad diferente a la que tendría si sólo me quedara con la primera imagen. Y lo mismo con la persona que me cayó mal. E incluso puede ser que ambas acaben cayéndome igual de bien y hasta que esa segunda acabe siendo una muy buena amiga. ¿Qué ha sucedido? Que las interdependencias que se han ido desarrollando han posibilitado unas modificaciones en tanto que he podido elaborar, comprender, entender e incluso encajar de otra forma esos aspectos que hacían que me cayese tan mal. Esa elaboración es un complejo proceso en el que se deben poder separar varios aspectos:

a)      Los que me corresponden por ser características personales de los que le corresponden. Recordad que no son los aspectos que nos diferencian de los demás los que nos generan malestar (como se suele indicar erróneamente a mi modo de ver) sino precisamente aquellos que son iguales y que no tolero en mí.

b)      Con los que me corresponden debo poder ir desliando los aspectos que provienen de unas y de otras personas significativas.

c)       Con este proceso de separación, de fragmentación de mis propios componentes debo poder ir modificando las significaciones que esos aspectos tenían asociadas a ellos para poderles dar un significado diferente al que tenían.

                Si todo este proceso lo podemos hacer con la compañía y ayuda de los demás el resultado es bastante más complejo y beneficioso porque me hace sentir más normogénicamente vinculado a los demás sin que ese vínculo anule mi propia individuación. En este punto de maduración somos individuos al tiempo que somos miembros del propio grupo sin que un aspecto u otro prevalezcan especialmente. Y esa sería la definición de salud.

                Función.

                Esta es el segundo concepto que quería desarrollaros hoy en este capítulo. Por función queremos significar el conjunto de operaciones mentales (mayormente inconscientes) que posibilitan la capacidad de comprensión y desarrollo de todas las cosas que hacemos. En este sentido, el desarrollo de las funciones mentales facilitarán la capacidad de pensar, valorar, considerar, prevenir, y conectar eso con lo que sentimos y, consecuentemente, nuestro estar en el mundo adquiere características que posibilitan un mayor bienestar. De esta forma podríamos considerar que el grupo (y ahí va otra definición) es un espacio mental que recreamos para poder desarrollar las capacidades de pensar y de elaborar los sucesos de las vidas de las personas que lo integran. Ahora bien, si el grupo tiene esa característica, la de generar ese espacio mental de integración de aspectos varios, el conductor tiene un rol particular que viene definido por varias funciones básicas.

                Función teorizante, aquella que le suministra información y conocimientos para poder elaborar lo que sucede en el grupo desde un punto de vista dado. Esto significa que el conductor no es un mero administrador de tiempos de habla o atemperador de emociones para que todos los miembros puedan intervenir, sino que es alguien que, más allá de tener que realizar este papel, debe poder pensar a partir de un modelo de pensamiento personal que le otorgue una visión de lo que sucede separada de las vivencias que siente.

                Función verbalizante. En un grupo, los miembros no estamos sólo para expresar las emociones, cosa importante, sino para poderles dar un sentido a partir de la palabra. Por esto nuestros grupos son para hablar y no para actuar. El lenguaje, el poder poner palabras a las cosas que suceden es el recurso superior que la civilización nos ha ido aportando a lo largo de los siglos de la historia de la humanidad permitiendo alcanzar niveles de significación mediante los que el hombre es más capaz de ubicarse en el mundo en el que está. En un grupo será básico, pues, el hablar sobre lo que pasa, sobre lo que le sucede a cada quien y el intercambiar lo que los demás vamos percibiendo.

                Función higiénica. En un grupo debe haber una serie de normas y debe haber un marco a partir del que podamos entender lo que sucede, y encajar los comportamientos de las personas de forma que prime el cuidado al otro sobre la individualidad. En este sentido todo grupo debe organizarse en torno a una mínimas normas: asistencia, puntualidad, pacto de no agresión, confidencialidad y respeto al otro.

                Función convocante. El grupo debe tener un convocador ya que de lo contrario no puede darse. Ese convocante es el responsable del desarrollo y debe velar por el bien del grupo, tomando las decisiones que le aconsejen su sentido común y sus conocimientos técnicos con único objetivo que es el servir, ayudar a las personas que constituyen el grupo.


Los comentarios se refieren a las sesiones que he realizado con los profesionales que han acudido al curso que organizó la Diputación de Barcelona.
 
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José Miguel Sunyer Martín, Doctor en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona
Colegiado con el número 6589, en el Colegio oficial de Psicólogos de Cataluña
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