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Lenguaje no verbal

De cómo el lenguaje no verbal acaba siendo fundamental.
Sunyer, J.M. · 10/03/2010
Fuente: Cuadernos de Bitácora

Comunicación no verbal.

Bueno, trabajamos un rato. Por lo que me pareció a muchos les resultó agradable y sugerente la propuesta de trabajo de hoy. Y sacaron provecho. Otros lo pasaron un poco mal. No entendían la propuesta. La veían un poco o bastante absurda. ¿Cómo vamos a comunicarnos con estas palabras que no dicen nada? Ahí está la clave. Palabras que no dicen nada. Una de las diferencias entre unos ejercicios y otros era precisamente que en unos aparecían palabras con significado y en otros no. Y es más. En algunos casos hubo quien trató de dar significado a lo que no tenía para, así, poder comunicarse.

Es curioso todo esto. En ocasiones, cuando estamos ante una persona nos quedamos prendados de lo que dice. Como si la clave de lo que le sucede estuviese en lo que dice. Ponemos mucho énfasis en sus palabras y llegamos a conclusiones que consideramos básicas y fundamentales. Y en parte hay mucha razón en ello. A través del lenguaje comunicamos muchas cosas. La estructura de las frases, las palabras que se utilizan que están cargadas de significados, nos llevan a territorios muy ricos. Lo hemos comprobado estos días cuando confeccionábamos historias o cuando buscábamos las eidesis. Pero en muchas otras ocasiones, todo esto es secundario. En ocasiones, lo más importante no es lo que se dice sino el cómo se dice. Estaba pensando, por ejemplo, cuando trabajamos con niños. O con personas muy dañadas. En muchas ocasiones lo importante es la comunicación no verbal. Que, dicho sea de paso, es la que aprendemos en primer lugar. ¿O acaso la comunicación con los bebés es una comunicación principalmente verbal? No es esta mi experiencia.

Con mis hijos, lo importante era la comunicación no verbal. Y creo que todos los padres confirmarán esta experiencia. Y precisamente porque es la primera comunicación que tenemos, adquiere una importancia singular; y, además, al no estar codificada y al poseer menos habilidades en este terreno, la controlamos peor. Pero ahí está precisamente lo rico del lenguaje no verbal. Otro aspecto que señalaron Uds. es la mirada. La mirada juega un papel fundamental. Cuando dos personas se miran, en este mirar, si somos capaces de entrar en el otro, adquirimos un conocimiento mayor de la entidad del otro que si escuchásemos todas sus palabras durante siglos. La mirada es el primer organizador de la psique. Independiente de lo que indican (y confirman) los estudios, la mirada de los padres captada por el bebé es el que posibilita la organización psíquica básica. El bebé, a través de la mirada, va pudiendo organizar todo su esquema corporal, va uniendo los diversos fragmentos de su propio cuerpo dándoles la unicidad de su ser, va pudiéndose ver, pudiéndose sentir uno mismo a través de la mirada de la madre. Esa mirada unifica no sólo su esquema corporal sino que le mantiene uno en sí mismo. ¿O no es esa su experiencia en el grupo grande?

Fíjense un poco. Cuando nos encontramos en el segundo momento de la clase, una de las experiencias más ingratas es la de no percibir si el otro me mira o no. Si hablo a alguien o a nadie. Si lo que digo es escuchado o no por el otro. Esta experiencia no es ajena al resto de los humanos, sólo que en nuestro caso la estamos reproduciendo para que perciban la importancia que tienen todos estos aspectos en la comunicación. Cuando en una familia, el padre no mira al hijo cuando éste le habla, el hijo se siente igual de mal como nos podemos sentir en el aula. O peor. Cuando un hijo se dirige a su padre y éste no le contesta o no da señales de que le escucha, se siente fatal. Como nosotros en el aula. O peor. Y estas circunstancias se dan no sólo en las relaciones familiares sino también en las laborales. Por esto, cuando un trabajador siente que no es escuchado, se siente excluido, se siente fatal.

Cuando en un contexto grande, las personas se lo pasan mal, es por esto: no se sienten reconocidos por el otro. No perciben que la mirada del otro les permita sentirse una unidad consigo mismos. De ahí que, en casos extremos, haya gente que nos hable de desmembración, de sentirse hachos pedazos. Y como no pueden articular una teoría que les explique lo que les pasa, inventan una teoría delirante. Los delirios, en último término, no son sino esfuerzos desesperados para comprender el mundo desde algún lugar; aunque sea equivocado. Mucho adelantaremos si somos capaces de recomponer nuestra propia imagen.

Un saludo,

Dr. Sunyer


El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura
 
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José Miguel Sunyer Martín, Doctor en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona
Colegiado con el número 6589, en el Colegio oficial de Psicólogos de Cataluña
Avenir 5, Ppal. 2ª · 08006 Barcelona · Cif 37252506G