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Mi cuaderno de Bitácora del 19 de noviembre del 2008: Don Ricardo, dos
19/11/2008
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Mi cuaderno de Bitácora del 19 de noviembre de 2008: Don Ricardo, dos.
Ambiente de trabajo. Todos centrados en la tarea de pensar, dibujo mediante, qué le pasaba a Ricardo.
De entrada la “reestructuración de expectativas”. Bonita idea. Esto me hace pensar en cómo buena parte de nuestro malestar puede estar vinculado con ese reestructurar al que no siempre estamos dispuestos. Cambiar la idea que nos hacemos y que está guarnecida de todo lo que en ella proyectamos, por otra que tenga más contacto con la realidad.
Pero, ¿por qué nos hacemos determinadas expectativas? Varias deben ser las razones. Por un lado lo podríamos ver como si fuese un mecanismo ¿contrafófico? Quizá. Es decir, en la expectativa hay un componente de imaginarse lo que vendrá, lo que va a llegar, mecanismo mediante el que nos preparamos a recibirlo. Mecanismo que nos aporta una serie de ideas, sentimientos, afectos y fantasías de carácter preventivo. Pero hay otros componentes en la expectativa. Uno se imagina lo que va a venir depositando en ello deseos, ilusiones, fantasías…, cuyo diseño lo convierten en algo especial. Coloca en lo venidero, en lo esperado, todo un conjunto de elementos que básicamente tienen que ver con cada uno. Es un ubicar en el objeto que va a venir una colección de aspectos personales. Es precisamente ese hecho el que nos genera frustración y enfado cuando constatamos que eso que viene no tiene todo lo que hemos depositado, en nuestra fantasía, en él. A mayor intensidad, número y calidad de los elementos depositados, mayor frustración y enfado. Y es precisamente esa frustración y enfado la responsable de la dificultad de conectar desde un inicio con la persona que era depositaria de nuestras expectativas. Persona, cosa, proyecto… De alguna forma es como constatar que los Reyes Magos no vienen de Oriente.
Segundo paso. Una vez constatado que tenemos que hacer ese reajuste que señalaba uno de los miembros del grupo y recogidos y atemperados los sentimientos de frustración y enfado que brotaron en nosotros, ¿qué sucede? Aparece el Ricardo real. El que se mueve, habla, gesticula… y que mediante todos estos componentes reales ya, trata de ubicarse en la realidad de la entrevista que accedió a tener. Él también tiene sus expectativas y él también tiene que apañárselas para recomponer sus enfados y frustraciones. Pero ahí está. En algunos casos ese Ricardo puede marcharse. En otros, como el que vimos nosotros, no. Se quedó. Pero tenía que hacer toda una demostración de poder y dominio para apaciguar su ansiedad, para mantener el tipo y disponerse a las preguntas que le fuese a realizar el respetable. Controló algunos objetos que tenía sobre la mesa (¿le asustaría algo de lo que había ahí?) y se presentó con un periódico que justamente había cogido en la entrada de la Facultad (ved ahí los elementos contrafóbicos también: toma un objeto de la Facultad con el que se pasea y posiblemente se tranquiliza).
Y empieza el baile. Una entrevista es un baile. Y percibisteis un montón de cosas, muchas de las cuales estaban reflejadas en los dibujos que realizasteis hoy. Y si os fijáis, cada grupo iba subrayando aspectos complementarios de lo que vimos. Iba como tomando nota y expresando aspectos parciales de la compleja galaxia que representa Ricardo. Evidentemente no es la totalidad de Ricardo. Pero sí muchos de los componentes que constituyen al sujeto que tenemos ahí. Y os propuso un baile y lo aceptasteis. Fuisteis siguiendo la conversación al hilo de lo que os sugería. Y así, en este baile, el profesional va consiguiendo que el otro se vaya sintiendo cómodo en el espacio de la entrevista. El grupo supo hacer algo que no es fácil: dejar el protagonismo individual para en complementariedad establecer un baile con el paciente que obtuvo resultados importantes: iba destilando aspectos de su forma de ser, de su constitución personal, de cómo establece un determinado tipo de interdependencias vinculantes con los que le rodean. Ese estar atrapados que muchos de vosotros percibisteis (él dominaba la sesión, el marcaba el ritmo, quien hablaba y quien no…) es la manifestación de las interdependencias que vienen marcadas por el paciente y que provienen del estilo personal con el que se mueve por la vida. En principio parece que no le pasa nada sólo que hay unos mareos… el lenguaje del cuerpo es muy importante. Él expresa lo que nuestro aparato mental no es capaz de expresar.
Y como colofón, el dibujo. ¿Por qué un elefante? ¿Por qué este tipo de trazos? ¿Por qué hacia la izquierda? ¿Por qué las patas quedaban casi fuera del papel (pizarra)? ¿Por qué devaluaba lo que acababa de hacer diciendo que era un boceto? ¿Por qué…? Todas éstas y otras muchas cuestiones son sólo el punto de partida. No la meta de llegada. Son preguntas que el profesional se hace y que sólo va a poder ir contestando con el tiempo. El sentido sólo nos lo dará la relación que se establece con él, el conjunto de interdependencias que se irán tejiendo y tejiendo a lo largo de la relación asistencial.
La o las entrevistas son un procedimiento para conocer a la persona que tenemos delante. En la de ayer muchos comentasteis que sentisteis pena, tristeza. Y es que bajo la apariencia de Ricardo se esconde un hombre muy pero muy triste. La apariencia narcisista se esconde otro ser, uno muy pero que muy triste y sólo. Con una seria dificultad para conectar con lo que siente. Dificultad que no procede, como alguno me comentaba de un mal aprendizaje. No eso no se aprende. Sino que es el resultado de un trabajo al que habrá tenido que llegar para preservarse de dolores muy intensos y que le han aportado grandes dosis de sufrimiento. Y de soledad.
Dr. Sunyer
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