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Mi cuaderno de Bitácora del 5 de octubre del 2008: el enfado
06/11/2008
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Mi cuaderno de Bitácora del 5 de octubre del 2008: el enfado.
Día D, hora H. Tenía que aparecer y apareció. Tenemos un problema. Y es una buena señal de salud grupal el que lo tengamos. Y para tranquilizaros a los que podáis estar intranquilos: si en el espacio asistencial (como en el académico) no aparece el problema, entonces el problema es mayor. Por esto os agradezco que fueseis capaces de enunciar parte del problema. Porque no lo es todo, claro.
Empezamos con unas representaciones que tenían un componente común: el enfado porque me han desplazado del lugar que ocupaba. En un caso Roberta se quejaba de que su hermano había conseguido la atención total de la familia y aunque ella había hecho los posibles e imposibles por colaborar, el rechazo permanente por parte de sus padres que seguían mirando al hermano, al recién llegado, como lo fundamental de la familia, le había llevado a reactivar el consumo de cocaína y a marcharse de casa. Una magnífica representación de nuestra compañera.
El caso de Joana no era menor: su madre se había casado de nuevo con un señor, “el cabrón ese” y además había una chiquilla a la que se le daba toda la atención del mundo. Esto le generaba una rabia de difícil contención. Las actuaciones de Joana no eran de menor calado. No sólo se había tirado a su novio, sino que había roto algún cable del coche con la esperanza de que se matara. Y a pesar de todo emergía una hermanastra que le perdonaba todo. ¡Mierda decía ella, no me perdones, entérate de lo que me está pasando a mí, de lo que sufro! La emoción era intensa y Joana apenas podía contener su intensa rabia y todo su cuerpo se rebelaba intensamente. Otra fantástica representación.
O Rigoberta, que andaba con un enfado de ahí te espero, al ver cómo tras tantos años de trabajo y de fidelidad a su jefe y a su empresa, habiendo conseguido llegar a ser una secretaria de referencia, veía como una becaria lucía sus modelitos y sus maneras para captar la atención del jefe hasta hacerle ¡caer la baba!. Y claro… las consecuencias contra ella. Que tanto y tanto había colaborado en beneficio del bufete de abogados en el que trabajaba. Y esa mocosa se estaba haciendo con el poder. Y aunque los planes por boicotear su trabajo eran activos (borrar archivos, derramar café en los documentos, traspapelarlos…) no conseguían lo que ansiaba: que despidieran a intrusa. El final ya era conocido: depresión, llanto, y una recomendación de baja para que vaya pensando… Una tercera y formidable representación.
O Joan, trabajador incansable que había llegado a un buen nivel en su departamento dentro de la empresa cuando va y un joven que acaban de contratar acaba fastidiándole el trabajo, las posibilidades de ascenso… lo cual a su edad era difícilmente soportable: su mujer e hijos requerían de su trabajo y se le hacía insoportable mantener el equilibrio en la empresa y en casa. Hasta un día su mujer recibió un bofetón, pero no era por ella, era la tensión que vive que le está resultando insoportable. No sabe qué hacer. Se reconoce con mucha rabia pero no sabe qué hacer con ella. Una cuarta y fantástica aportación de otro compañero nuestro.
Y tras un ratito de discusiones, el grupazo. Y ahí emerge un tema: la identidad. La identidad que no es algo fijo. Que está formada por numerosos elementos entre los que están los roles. Y que cuando nos cambian el rol… pues como que lo pasamos mal. Acostumbrados como estamos a funcionar en nuestra silla, en nuestra manera habitual. Y cuando aparece un intruso y pretende cambios, los humanos no lo aceptamos tan fácilmente. Nos cabreamos. Nos cabreamos como se han cabreado Roberta, Rigoberta, Joana y Joan. Y el debate de la identidad va cobrando fuerza. Los roles. ¡Ah, con los roles! Y es cierto, absolutamente cierto que cuando ponemos todo el peso de la identidad en un aspecto parcial, cuando ese aspecto comienza a flojear… nos cuesta mucho valorar otros aspectos y dado el valor que tenía aquel… ¡defenderlo hasta la muerte! Y fijaros, cuando los humanos individual y colectivamente percibimos, erróneamente la mayoría de las veces, que eso que llamamos identidad está en peligro…
Y luego apareció el tema. El tema de la participación. Y de si yo participo y tú no participas. Y que si puedo si quiero y si no quiero o no puedo, y que si la técnica y si espero tener las ideas claras antes de hablar, o que para decir tonterías… ¿de qué estamos hablando?
De entrada, nunca he oído ninguna tontería en clase. Todo lo que se ha dicho desde el primer día tiene un valor mayor del que le dais. Todas las ideas son necesarias independientemente de si están o no elaboradas. Nadie tiene que hablar por boca de nadie, bastante tiene con la suya propia. Ni nadie tiene que hacer una exposición doctoral ya que aquí no hay tribunal alguno. Más allá del tribunal que cada uno adjudique a los demás, pero eso ya es cosa individual. Pero… ¿qué está pasando?
Mirad, salir de la posición pasiva a la activa no se hace de forma gratuita. Dejar el rol A para pasar al rol B supone también aceptar que los elementos de la identidad que estaban asociados al primero deban ser renegociados para poderlos encajar en la posición B. Y el enfado que hay y que muchos lo ponéis en vuestros propios compañeros no nace de ellos ni por ellos. Nace del conductor quien os propuso desde el primer momento este trabajo y de esta forma. Y ese cabreo contra el conductor, es decir, contra el profesor, ya se viene manifestando desde hace días sólo que hoy salió a la luz. Y entiendo ese enfado pero lo vamos a tener que digerir y seguir trabajando como hasta ahora o incluso más y mejor.
Mirad, el profesional sólo puede ayudar al paciente a través de esos y otros muchos momentos que aparecen en la relación asistencial. No hay más tus-tus. Y ¿qué es lo que le propone el psicólogo al paciente? Que abandone la posición A para acceder a la B. Y este cambio no representa una pérdida de la identidad, sino un enriquecimiento de la misma. Y eso cabrea. El paciente no viene para este cambio. Tampoco vosotros venís para ese cambio. Pero el paciente, como vosotros, os encontráis con alguien que sabe que este cambio es el que se precisa para acceder a la posición B que es bastante más sana, autónoma, normogénica que el permanecer en la posición pasiva de A. En los ejemplos de hoy se veía muy claramente. Ni Roberta, ni Joana, Rigoberta o Joan estaban pensando en pasar de A a B. Sólo querían que se restableciera la posición anterior. Y ellos, como nosotros en el aula aunque de otra forma, pensaban que en la situación A era mucho mejor vivir. Porque si se pasa a la B uno no sabe de qué va esa nueva posición en la vida.
Estamos en un proceso de crecimiento similar al de los pacientes, sólo que en este caso tiene toques académicos. Pasar de la posición dependiente clásica de los estudios universitarios a la No activa requiere un esfuerzo. Y hoy por hoy, todos lo estáis realizando. Con dureza, con sacrificio, nada cómodamente (a las 8.30 de la mañana y con esos pelos…), pero fijaros que la asistencia es casi total. No penaliza tanto la asistencia como para atribuirlo a ella. Debe ser el interés que ponéis en todo lo que estáis haciendo en este espacio a estas horas de la madrugada.
UN saludo
Dr. Sunyer
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