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Mi cuaderno de Bitácora del 23 de octubre del 2007. Construyendo Identidades 11

23/10/2007



Mi cuaderno de Bitácora del 23 de octubre de 2007


Construyendo identidades, 11

Hoy rompí un poco la metodología diaria proponiéndoles una entrevista totalmente improvisada al inicio de la clase de hoy. La solicitud de dos ayudantes no acababa de cuajar. Tuvieron que pasar hasta cinco minutos para que aparecieran los que iban a representar a Petronila y Cobi. En el transcurso de esos cinco minutos pensaba en esa gran dificultad colectiva. ¿Qué pasará por las mentes de los alumnos que la actitud general suele estar más en la pasividad que en el ofrecimiento colaborador? Lo único que puedo pensar es en la idea de miedo. Miedo y susto. ¿A qué?

Petronila y Cobi se conocían del autobús. Se encontraban así, sin proponérselo ni pensarlo ante una persona que les preguntaba cosas. Así recuerdo que se inició una conversación en la que no había un guión previo, una estrategia de abordaje de algo particular. El profesional sólo quería conocerles un poco más. Pensó, el profesional, que eran compañeros de trabajo pero al parecer lo eran de un centro Universitario vinculado al estudio de los higos. Estábamos en fase inicial de la entrevista y poco más podíamos saber. Que Petronila era hija de una familia de emigrantes venidos cuando ella era pequeña a Barcelona y procedentes de un pueblo de la zona alta de Aragón. Cobi, sin embargo, era de aquí. Y si bien a él le gustaba el estudio de las hortalizas, en especial las berenjenas y los tomates, ella estaba pensando dejar los estudios de higos para poderse dedicar a algo más vinculado con las personas. Eso le había provocado una cierta tensión en casa puesto que la familia toda ella era de origen más rural y se dedicaba al campo, por lo que los estudios de algo ajeno a él supusieron un enfrentamiento con su padre. Percibía la diferencia existente entre la vida ciudadana y la rural, ésta más apegada a la tierra que aquella. Y también por el ritmo de vida tan diferente. Por parte de Cobi la problemática se centraba más en la combinación de las verduras: tomates y berenjenas representaban formas de cultivo diferente.

Pronto la conversación que venía un poco distorsionada por las intervenciones espontáneas del público que asistía perplejo y atónico a la entrevista, se fue encaminando hacia el tema racial. Petronila aportó una imagen que había aparecido en los ferrocarriles y a partir de ahí se habló de la dificultad de integración entre los inmigrantes y los que los acogían. Las vivencias de ser invadidos parecían estar en la raíz de algunos de los problemas que las diferencias raciales levantan en la población. Y si bien a nivel intelectual se entiende que son dificultades de integración, la imagen de la dificultad de mezclar el aceite y el agua resumía muy bien la complejidad del tema racial. Esto también se evidenciaba en la cuestión agrícola ya que entre tomates y berenjenas no siempre hay una buena alianza. La mano del labriego, del hortelano también tenía mucho que ver. Los había de diferente pelaje siendo unos más facilitadores que otros.

Hasta aquí más o menos lo que recuerdo de la entrevista. Y ¿qué tiene que ver con la clase de hoy? Clase que es la siguiente de aquella otra en la que emergió una dificultad en la incorporación de un lenguaje diferente en esta asignatura, de un estilo diferente también, y de una serie de demandas por parte del profesor que requieren de todos un esfuerzo integrador que no siempre se está dispuesto a realizar.

La idea de no guión previo, la existencia de un cierto interés por parte del profesional que de alguna forma guía la entrevista son ideas que, tengo la impresión, chocan con una mitificación: la del profesional aséptico, la del políticamente correcto, la del que cual mosca en la pared asiste a alguien con quien no se relaciona. Esto es un mito, una idea que creo bloquea una actividad profesional: la de orientar, la de asistir, la de establecer una alianza (¿estamos en guerra?) con el paciente. Pues bien, el profesional no puede dejar de influir. Aun no queriendo influir lo hace, por lo que es mejor ser consciente de tal hecho y utilizarlo en beneficio del paciente. Ello supone pensar que la relación asistencial no deja de ser una especie de baile en la que cada uno facilita o no que el otro ocupe un lugar u otro en el mismo.

Otro mito es el de la libertad. No consiste en que aquí uno hace lo que le viene en gana. Libertad no es, creo, que el caballo al que monto haga lo que le plazca sino en guiarlo y utilizar su fuerza, su capacidad, para beneficio de los objetivos que pretendo alcanzar. Libertad en este sentido sería la de poder elegir aquellos elementos asociativos, aquellas ideas, aquellas circunstancias que me van a posibilitar ayudarle. Y para ello utilizo todo lo que está a mi alcance: mi capacidad de mostrarme más o menos, de ser más o menos transparente, u opaco. Porque parto de la idea constatada de que cualquier idea, sentimiento, sensación, pensamiento que me viene a lo largo de la relación que mantengo con el paciente, todo esto proviene de esa relación en la que el otro coparticipa. Y yo lo evidencio.

Por esto lo que planteo asusta. Porque los elemento persecutorios parece que comienzan a hacerse presentes. Como temiendo a las propias capacidades que todos los que estamos aquí tenemos. Habrá que seguir trabajando.

Y es que en el proceso de construcción de la identidad juegan muy mucho toda una serie de factores entre los que están el desmitificar una serie de cosas que los mitos tratan de paralizar. Considerar que los que estamos aquí formándonos como profesionales de la Psi, somos personas capaces de conectar con personas para que en dicha relación emerjan aspectos más y más personales e íntimos, supone desmitificar la figura del psicólogo, la del terapeuta y considerar que somos del mismo pelaje que los que vienen a visitarnos y a pedirnos ayuda. En eso nos jugamos muchas cosas y es mejor romper los mitos con los que estamos bloqueados que permanecer vinculados a ellos y no cambiar. Dejemos ese no cambio para los políticos. Nosotros, profesionales de la salud, deberíamos tener otros discursos.

Un saludo

Dr. Sunyer.




 
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José Miguel Sunyer Martín, Doctor en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona
Colegiado con el número 6589, en el Colegio oficial de Psicólogos de Cataluña
Avenir 5, Ppal. 2ª · 08006 Barcelona · Cif 37252506G