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Orientación Psicológica (Counseling)
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Mi diario de bitácora, 12 de Diciembre del 2006

14/12/2006

Mi cuaderno de Bitácora del 12 de diciembre de 2006

Lo persecutorio.

En la sesión de hoy volví a percibir un nuevo cambio de atmósfera. Seguramente el retomar un cierto hábito anterior roto con las dos entrevistas a Juan, haya contribuido a ese cambio. O haber podido hablar de nosotros, también.

En toda relación asistencial, como no puede ser de otra manera, se activan una amplia serie de elementos. Unos guardan relación directa con el caso, otros con la interrelación que se da con la persona que acude, otros tienen que ver con nuestras propias vivencias que se activan con las cosas que el caso nos trae y, finalmente, otras que tienen que ver con la situación en la que nos encontramos. Estos cuatro aspectos, estas cuatro áreas de procedencia de elementos que emergen en la relación asistencial, siempre están presentes. Y creo que es bueno que nos paremos a reflexionar un poco.

La vida psíquica, los aspectos psíquicos de las personas nunca están de vacaciones. Bueno, en realidad, ningún aspecto nuestro, ni los psíquicos ni los fisiológicos lo están; excepto cuando ya reposamos en la tumba, que no es nuestro caso. Eso significa que todo lo que sucede a nuestro alrededor y que nos implica aparece en todos los momentos y actos que realizamos. No puede ser de otra manera. Por esto, cuando uno de vosotros me preguntó sobre la elección del caso, le respondí que, en efecto, lo elijo en la semana misma de la representación; o acaso un par de semanas antes. No es algo previo. Esto supone que en esa elección va a haber una serie de elementos que guardan relación con la dinámica de la clase; y otros elementos que tendrán que ver con otras áreas de mi vida persona y profesional. Saber que estoy en el mundo me relaja. Pero eso no significa que en la elección del caso haya conscientemente una valoración previa del caso con relación directa a la dinámica del grupo. Es decir, no digo “como ese grupo tiene esas características, traeré ese caso porque se les asemeja, o porque con este caso trabajaremos esas cosas...” No. Retomaré ese aspecto.

Juan, como vimos, es una persona que tiene la duda como elemento guía de su vida. Duda que parece proceder, en parte, de una habilidad que consiste en ubicar en el otro las responsabilidades que le corresponden. “La de la tienda me dijo que ese color de lámparas es el que le iba a mi comedor” ¿recordáis? Y como ésta, otras muchas frases. Es decir, el otro toma decisiones que le corresponden a él, pero que hábilmente desplaza, proyecta en el otro. Ese movimiento psíquico, este proceder no es genuino de Juan; no tiene la patente. Consiste en un mecanismo aprendido, desarrollado a partir de su más tierna infancia y que no ha progresado en la dirección de asumir la responsabilidad de esas decisiones. Por esta razón puede impunemente preguntar “¿qué haría Ud., en mi lugar?” Esta pregunta que os la hizo en dos o más ocasiones, señala la forma de proceder. Y en la segunda entrevista aparecían dos personajes, el Jefe y el compañero: uno decía una cosa y el otro, otra. Y él... esa división en el relato en el que él era el centro de la escena, el personaje principal, habla de la división con la que parece vivir. Siempre dudando entre Scila y Caribdis, duda en la que queda atrapado. Como la historia del burro de Buridán. Ahí queda atrapado y ahí puede morir; psíquicamente hablando. Esto es lo que corresponde a la historia.

En la interrelación que nos plantea, Juan entra un primer día repleto de angustia. Se perdió al venir. Y entró casi como pidiendo disculpas. Y nosotros le comprendimos y le disculpamos ¿qué podíamos hacer si no? Y se fue tejiendo una urdimbre de relaciones en las que tanto él como nosotros quedábamos entrampados. Pero fijaros bien: ninguno de nosotros quería, en un principio, establecer esa relación. Seguramente él tampoco. Pero la habilidad fue la de ir posicionándose de manera que todos quedamos atrapados en la misma telaraña en la que él está atrapado. Y esto sucede porque el paciente siempre tiene la sartén por el mango; como no puede ser de otra manera. Y nuestro deber, nuestra responsabilidad no está en no caer en su telaraña, sino en la de poder ir viendo en qué telaraña nos hemos metido. Es decir, no se trata de estar a la defensiva para evitar “caer” en la dinámica que nos propone el paciente, sino que de lo que se trata es precisamente poder caer para poder entender y conocer esa misma dinámica. Ello corresponde a la segunda área de la que os hablaba.

La tercera es lo que ello nos supone para nosotros. Lógicamente no estoy en vuestro pellejo y poco puedo decir que no sea más cosecha mía que otra cosa. Pero tomándola como referente personal creo que la idea que propone Juan, enfada. Enfada porque, eso ya lo habéis dicho vosotros, establece un elemento de dependencia con nosotros que cansa. ¡cómo no va a cansar! La palabra dependencia tiene un significado muy concreto, pero si la separamos, “de-pendencia”, tenemos una pequeña pista de por donde van los tiros. ¿qué asuntos tiene Juan pendientes o que le generan pendencias con los demás? O mejor, y dicho con las palabras de una compañera del grupo, ¿qué le enfada tanto? ¿con qué está tan enfadado? NO sé, pero lo cierto es que me enfada. Me cuesta aceptar a alguien que se cuelgue tanto de mí, que no me deje ni respirar, que sea tan poco autónomo. Pues bien, ese enfado, esa constatación de la “tiranía” que supone alguien tan pendiente de mi, activa elementos enfadosos, elementos agresivos en mí hacia él. Ese y otros muchos elementos han sido activados por y en la relación asistencial con Juan; y creo que se activaron el otro día. Eso es lo que nos supone para nosotros.

Y finalmente, el cuarto. La situación. La posición relativa que ocupa el profesor respecto a los alumnos suele hablar más del establecimiento de relaciones de dependencia que de autonomía. Y es cierto que en este tipo de relaciones se dan unos aspectos que parecen paralizar la posibilidad de modificación de dicha relación de dependencia. No suele ser raro que exista un cierto temor a pensar por uno mismo, a asumir la responsabilidad de lo que uno piensa. Y la propia estructura en la que estamos, la estructura académica, si bien es cierto que acepta la idea de que haya diversas posturas ante los hechos, esas mismas posturas, en tanto que no cuestionan lo que podría ser el “orden establecido”, se aceptan más que si lo hacen. En cierto modo, las posiciones políticamente correctas son las que habitualmente tenemos en la clase. Y en la institución en la que estamos. Yo incluido. Y es cierto que hay unos baremos de valoración de las cosas y que su misma presencia parece contradecir lo que propongo. Pero también es cierto que estos no son o no presentan la rigidez que se les atribuye. El tener que circular por la derecha supone una limitación, pero también supone un alivio.

Ahora bien, constatar esto no es cómodo. Fácilmente tenemos la tendencia a considerar que hay una especie de mano negra que dirige nuestras acciones. Una especie de intencionalidad en las actuaciones del profesor, por ejemplo, intencionalidad a la que creo se le da un contenido más persecutorio que real. Parece como si no pudiésemos pensar en la propia experiencia considerando la parte alícuota que cada uno pone en el cocido. Cuando esto sucede, la aparición de supuestas intenciones de connotación negativa sirven como válvula de escape ante la ansiedad que supondría considerar la parte de cada uno en este negocio.

Hasta mañana.

Dr. Sunyer


 
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José Miguel Sunyer Martín, Doctor en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona
Colegiado con el número 6589, en el Colegio oficial de Psicólogos de Cataluña
Avenir 5, Ppal. 2ª · 08006 Barcelona · Cif 37252506G