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Mi cuaderno de bitácora XXIV. del 21 de diciembre del 2005. Paranoia

21/12/2005

Mi diario de bitácora, XXIV, del 21 de diciembre de 2005

¿Miedo? Hubo una frase al final que quizás ilumina un poco: no creemos que nuestras ideas son válidas. ¿no? ¿quién os lo ha dicho? ¿cómo puede ser una idea “no valida”? Toda idea corresponde a una parte de la experiencia de una persona. Y si la idea no se entiende bien, la aclaramos y punto. Y todas las cosas tienen muchas interpretaciones, matices... Pero hoy estabais especialmente asustadas. La paranoia se paseaba por nuestras cabezas, el miedo a qué dirá el otro... Lo indicabais cuando comentabais que no teníais información de quienes habían hecho el cuento (por cierto, enviádmelo), y que temíais que la interpretación que le hicierais no fuera correcta. ¿es posible eso?

No podemos vivir la vida de ningún paciente. Nadie puede vivir la vida de nadie. Puede imaginársela, puede comprenderla en la medida que ha tenido experiencias similares (nunca iguales), puede tratar de ponerse en la piel del otro para comprender los sentimientos que le suscita tal hecho de su vida. Pero nadie puede vivir la vida del otro. Por lo que debemos recoger aspectos complementarios de lo que el otro cuenta para poder comprender un poco más la experiencia que nos explicó. Y esto es lo que hicimos hoy: ver qué decían las historias que teníais entre manos más allá de lo que literalmente decían. Y había un común denominador. O quizás varios: La valoración de la experiencia lectiva. Y todo, absolutamente todo, tenía paralelismos con nuestra experiencia. Desde el que se desesperaba porque el semáforo no le posibilitaba subir al autobús que le ayudaba a subir la cuesta de la Facultad (hay dos cuestas, la real de la calle del Císter, y la metafórica que alude a alcanzar, por ejemplo, los conocimientos que impartimos en esta asignatura); a la idea del pájaro que ansía salir de la jaula (hay dos jaulas, la formada por los barrotes con los que hemos ido creciendo, y la de la jaula real, la del pájaro) y que metáfora mediante, hace alusión a poder encontrar un espacio, como el de nuestra asignatura, en el que podemos hablar de lo que queramos; o la idea de la sirena (representando como bien decíais al profesor que os seduce con sus propuestas pero también que encierra un peligro: suspenderos); o... Pero curiosamente en el día de hoy mostrabais el recelo a compartir todas estas ideas y aquellas que os habéis quedado en el tintero. Por esto os llamé rácanos, tacaños. Como si las ideas tuviesen copyright.

Y ¿por qué tendríais que ocultároslas? Miedo. El temor a que el otro diga que aquella interpretación no es correcta. ¿no es correcta? Cada uno interpreta las cosas como quiere. ¿acaso somos propietarios de la interpretación que cada uno hacemos de las cosas? ¡Esto sí que es una fantasía! Como lo es el pensar que somos dueños de las ideas. No, las ideas son como el aire. Surgen de la experiencia humana y navegan por el aire a otros pulmones mentales e, introduciéndose en ellos, generan nuevos pensamientos que salen del pulmón y se expanden por el grupo social en el que nos encontramos. Cuando no lo hacemos somos representantes del autismo más selecto.

La paranoia es un mecanismo mediante el que nos sentimos “potencialmente perseguidos” o “perseguidos a secas” por el otro, por sus ideas, por sus acciones u omisiones, por... La idea del otro como enemigo potencial. Pero, ¿por qué el otro se convierte, mágicamente, en enemigo potencial? Porque lo convertimos en ello. Tememos que piense lo que nosotros pensamos que puede pensar. SI yo pienso que el otro piensa que pienso lo que pienso, entonces me coloco en posición paranoide. Y para que el otro no piense lo que pienso que piensa, no digo nada, me encierro en mí mismo. Era tal el temor que algunos incluso no podíais decir lo que os hacía reír por el temor a que el otro (es decir, los demás) pensásemos lo que pensabais que podíamos pensar. ¡menos mal que los psicólogos somos técnicos de la comunicación!

Y luego la tensión que proviene del momento del año. Navidad. Fecha que a muchos nos gusta pero que al tiempo nos supone un montón de tensiones de todo tipo. Y es que, además, la Navidad anuncia no sólo el fin de año, sino el nuevo. Y el final de las clases. Y el final de...; y eso da miedo, susto, preocupación... Y lo que genera este aspecto por un lado, y lo que genera nuestro espacio hace que la situación se convierta en especialmente dura. Por esto las ganas de acabar cuanto antes. Si antes nos vamos, antes se empequeñece la paranoia, antes la angustia de separación. Cuesta, nos cuesta expresar lo que sentimos. Nos cuesta sentirnos de carne y hueso, personas que nos apreciamos tras un trayecto (el cuento del barco de esto hablaba) realizado. Cuaderno de bitácora mediante. Y decirnos adiós, hasta Enero, no parece que sea fácil. Lo entiendo.

A mi edad esto ya no me cuesta tanto. Algo sí; pero no tanto como a vosotros. Por esto os he dicho y os repito: Feliz Navidad. Nos veremos en Enero.

Dr. Sunyer


 
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José Miguel Sunyer Martín, Doctor en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona
Colegiado con el número 6589, en el Colegio oficial de Psicólogos de Cataluña
Avenir 5, Ppal. 2ª · 08006 Barcelona · Cif 37252506G