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Orientación Psicológica (Counseling)
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Mi diario de bitácora, XXIII, del 20 de diciembre de 2005: relaciones objetales

20/12/2005

¿Y para qué nos sirve esto? Como os decía, hacer la clasificación de los aspectos que aparecen en el cuento en base a si éstos son buenos o malos, o si son normativos, instintivos o si pertenecen al propio sujeto de la acción, el criado, puede tener o categoría de actividad buena, o actividad mala. Y es que el ser humano, desde que es concebido, reacciona de maneras diversas ante los estímulos que recibe. Concebir la vida como algo que es a partir del mismo momento en que se unen dos células procedentes de dos seres diferentes, conlleva que todo lo que sucede alrededor de esa nueva célula va a interferir, a intervenir en su desarrollo.

No me atrevo a aseverar que a partir de la 5ª o 6ª semana de gestación, el embrión capte y almacene en su memoria celular, lo que sucede a su alrededor e interviene en él. Sí me atrevo más a pensar que en los últimos momentos de su vida intrauterina (posiblemente en las cuatro o cinco semanas antes del parto) y sobre todo a partir del mismo parto, ese ser va inscribiendo en sus registros cerebrales (hipotálamo, por ejemplo) el conjunto de experiencias que va teniendo. Pero esto no sucede sólo en el individuo en su desarrollo filogenético, también sucede cuando alguien se incorpora a un grupo o a una nueva actividad: va registrando todas las informaciones que proceden del nuevo lugar en el que se encuentra; este registro en un principio se organiza de forma indiferenciada, no pudiendo precisar exactamente bien aquellos aspectos que pueden ser buenos de aquellos que son malos. Con el tiempo va pudiendo discriminarlos y aparta en la medida que puede aquellos que no le son útiles, o que le distorsionan ya que la tarea principal es hacerse con el lugar en el que está, ubicarse y poderse desarrollar ahí. En el individuo y hasta la doceava semana, esta discriminación no se comienza a instalar de forma clara, de manera que los elementos buenos y los malos quedan mezclados, indiscriminados. Si la potencia de los elementos negativos es muy elevada para el sujeto, el desarrollo de la capacidad escindidota, separadora de unos y otros hace posible que se afiance con fuerza suficiente como para impedir el normal desarrollo del niño: los autismos de Kanner y Mahler son clara expresión de tal y tamaña alteración.

La función del psicólogo tiene una importancia grande en la articulación de los elementos buenos y los malos. Os decía que una experiencia traumática como puede ser la muerte de un ser querido, pero igualmente la pérdida de un trabajo, un descalabro económico y otros muchos sucesos, puede favorecer el que el sujeto quede anclado en un punto y no salga de ahí. En estos casos vemos que se instala lo que denominaremos “duelo patológico”, es decir un duelo (elaboración de la pérdida) que adquiere carácter patógeno en tanto que no consigue salir del punto traumático. Cuando los duelos, es decir, la elaboración de los traumas que tenemos en la vida van por otro camino, lo que hacemos es rescatar de aquellos aspectos negativos, los que nos son útiles para la vida. La frase que habéis dicho de “no hay mal que por bien no venga” encierra esa parte de la sabiduría popular que apunta justamente en esa dirección.

La elaboración de los elementos negativos mediante la “digestión” de la rabia inherente, posibilita que la persona pueda recuperar de la experiencia aquellos aspectos que no le permiten vivir y, al quedar “liberados” de la rabia que esa situación nos crea, podemos comenzar a desarrollar los aspectos creativos justamente a partir de aquel hecho traumático.

La conexión entre los aspectos positivos y negativos de las diversas experiencias humana, de los diversos elementos con los que los humanos nos encontramos a diario, durante toda nuestra vida, posibilita que la visión que tengamos de la vida y de nosotros mismos sea más completa y real que la que derivaría de una separación de dichos aspectos. Que sea más o menos fácil es otra cosa.

Os decía que de las sucesivas introyecciones (que son el primer mecanismo psíquico por el que introducimos aspectos de la vida y de nuestra relación con ella) van pudiéndose diferenciar no sólo el objeto como tal (es decir, la imagen que tenemos de él), sino los aspectos afectivos vinculados y la auto-imagen, de mi relación con este objeto. El conjunto de las autoimágenes va constituyendo lo que llamamos el “mí mismo”, es decir, la base más intima (la de la autoestima) de uno. Estas autoimágenes, buenas y malas, van constituyendo una conciencia de mí mismo más y más exacta. Y de ahí surge la idea de un Yo-Ideal, que es aquel que es capaz de tolerar y apaciguar permanentemente esas imágenes encontradas entre unos aspectos agradables y otros desagradables de nosotros mismos. Ese “Yo-Ideal” satisfaría siempre cualquier circunstancia que se nos diera: pero esto no es posible, no es real. De la lucha entre este Yo-ideal y el Yo real emergen las patologías de tipo mas depresivo. Mientras que de la articulación entre los aspectos reales de uno y los aspectos reales de lo que nos rodea, surgen acciones más progresistas y realistas.

En nuestro espacio lectivo-formativo, también tenemos todo esto. La figura del profesor tiene estos aspectos. También los tiene el propio grupo, la propia asignatura, los compañeros. ¿cómo articular los elementos creativos con los destructivos? ¿cómo articulamos los aspectos que hemos idealizado con aquellos más reales y que nos ubican en la cruda realidad académica? ¿cómo armonizamos las expectativas que nos habíamos trazado con los objetivos alcanzados finalmente? ¿cómo poder ir elaborando los aspectos concomitantes a la separación próxima de forma que podamos rescatar de la experiencia habida, los aspectos suficientes como para poder sacar buen sabor y no quedarnos con el disgusto de la pérdida inevitable?

Se nos acerca la Navidad. Es un momento delicado para todos. No siempre es una fecha que podríamos calificar de agradable. Son momentos en los que echamos de menos a personas que han estado con nosotros y que se han ido. Son momentos en los que nos vemos todos los componentes de una familia y no siempre son encuentros agradables: el primo que no puedo ver, ese tío incordiante al que tendré que felicitar el año, esas tensiones entre familias próximas... todo esto son aspectos que se introducen en nuestra Navidad. Unos la celebramos de forma más coherente, creemos, con nuestras creencias, otros lo hacen de forma más folclórica. Y tras la Navidad, el año nuevo, con todo lo que ello conlleva. Hay quien se divierte más y quien menos. Hay quien valora lo que hizo, a modo de balance, otros se limitan a desear que la cosa vaya mejor (es una forma de balance secreto), otros finalmente no hacen nada. Y luego los Reyes, con todo el conjunto de aspectos que concitan: ¿qué me traerán? ¿aceptarán mis regalos? ¿acertare con lo que le compré? ¿mis regalos serán mejores que los del otro? ¿cuándo comenzaré a regalar a mis padres y abandonar la zona de que sean ellos los que me regalen a mi? ¿cómo afecta este cambio en la estructura familiar? Como veis, hay tema para rato.

Y, aunque tengo previsto escribiros mañana también, prefiero adelantarme un poco y desearos lo mejor para el año 6 del presente siglo, y cómo no, una Navidad en la que los aspectos agradables superen aquellos que no lo son

Dr. Sunyer



 
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José Miguel Sunyer Martín, Doctor en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona
Colegiado con el número 6589, en el Colegio oficial de Psicólogos de Cataluña
Avenir 5, Ppal. 2ª · 08006 Barcelona · Cif 37252506G