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Orientación Psicológica (Counseling)
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Mi cuaderno de bitácora XII, del 2 de octubre del 2005: la paranoia

02/11/2005

Mi cuaderno de bitácora, XII, del 2 de noviembre de 2005



Sesión movida ¿no? Eso percibí. Y la verdad es que el ejercicio de hoy daba para “moveros” un montón. Lo estuve pensando a partir de leerme el capítulo 8. Y es que la realidad académica en la que nos movemos me obliga, lógicamente, a ceñirme un poco a nuestros textos. De lo contrario tendríais más la sensación de estar pasando el tiempo con una experiencia de clase, más que estar aprendiendo en el contexto de una asignatura. Pero al tiempo me pregunto cómo hacer para sacar más jugo al texto y cómo hacerlo para que ese jugo contenga elementos de vuestra experiencia lectiva personal. Es un juego malabar. Y en él estamos todos implicados.

Os propuse lo que os propuse y realizasteis el ejercicio correctamente. Y tras él, la conversación grupal. Y ¿qué paso en ella? Comenzasteis con una pregunta que hacía referencia a si esta “técnica” se emplea en la práctica asistencial. Y a partir de ahí empezaron a aparecer unas asociaciones, unos pensamientos que nacían a partir de la primera intervención y que “reflexionaban” sobre el funcionamiento de los grupos. La disparidad de aportaciones, la dificultad de articularse como un pensamiento del equipo, la facilidad y la inoperancia del ser antipático. Y os decía, ya que no dejamos de estar en “clase” que había varios temas que parecían estar tras estas preocupaciones. Tras señalar algunos de ellos, apareció otro tema vinculado y que podríamos agruparlo bajo la palabra “provocación”. Esto motivó un acalorado debate en el que intervinisteis unas cuantas personas. Hasta que acabó el tiempo de la clase, os repartí el material que os pertenecía y nos marchamos. Este sería un resumen de la clase, ¿verdad?

¿Qué hacer con este material? Os decía, y sigo diciendo, que lo más importante desde mi punto de vista es que pensemos en la interrelación. ¿recordáis lo que comentaba de las gomas elásticas que nos entrelazaban y condicionaban? Esto es la interrelación. Las personas todas, a partir del momento en que establecemos contacto comenzamos a tejer entre nosotros estos vínculos que nos atrapan. El problema que tenemos los profesionales de la salud y todos aquellos que como psicólogos intervenimos en la vida y milagros del otro (o de los otros, entendiendo por tales una familia, una organización, una institución, un gobierno) es el de poder pensar, es decir, reflexionar sobre los aspectos que aparecen en estos vínculos para poder aclararlos lo suficiente que posibilite una modificación de los mismos; si cabe. Pensemos un poco sobre estos vínculos.

Desde el mismo momento de ser concebidos formamos parte de una red de vínculos que nos penetran y nos forman. Por ejemplo las conductas que tenemos. Fijaros que no son conductas individuales. Son aprendizajes que provienen, en principio, de nuestro entorno próximo. Pero este entorno lo aprendió, a su vez, del suyo, estableciéndose, como podéis ver, unas líneas que van bastante más allá de nuestro mundo concreto. Esto nos permite pensar en nuestras conductas, por ejemplo, en las de nuestros pacientes como algo que guarda relación con más historias que las exclusivamente personales. Y esto hace referencia también a los que trabajéis con organizaciones. Ver las líneas de conductas, de comportamientos, de pensamientos, de relaciones, todo esto nos ayuda a tener una visión más completa de la situación con la que estamos trabajando. Esta idea proviene de N. Elias, un sociólogo del que poco se sabe en nuestro país. Y que si lo pensamos desde una óptica de Orientación nos da una perspectiva enriquecedora ante las problemáticas de cualquier persona.

En nuestro caso pienso en lo complejo que resulta para vosotros este tipo de trabajo que os propongo. Y que también tiene hondas raíces ya que forma parte de una cadena de aprendizajes que se iniciaron, oficialmente, en 1975, cuando comencé a trabajar “en serio”. ¡Antes, casi, de que la mayoría de vosotros fuera concebido! Y la complejidad deriva, entre otras cosas, de que la tradición en la que nos hemos ido formando es más desde la idea de discusión, de aprendizajes derivados de una cierta desigualdad en las relaciones, y de un gran temor al pensar desde nuestras propias experiencias. En realidad, también me veo ante la tesitura de “desaprender” una serie de cosas para poder ir reubicándome cada día ante vosotros. Y entiendo que en ocasiones nos podemos ver o sentir como “manipulados” o “provocados” por el otro. Esto mismo me sucedió no hace muchas fechas en otro curso. Y la idea de que “provocaba” surgía de mi deseo de aclarar qué estaba sucediendo entre los alumnos (todos profesionales adultos y con años de formación y práctica clínica) y yo. Y es curioso constatar cómo independientemente de la edad y condición, la idea de “ponerse a pensar sobre la experiencia relacional” parece que agita fantasmas similares.

¿Me acompañáis al diccionario? Mirad lo que dice la Real Academia de la Lengua de la palabra provocar:

(Del lat. provocāre).
tr. Incitar, inducir a alguien a que ejecute algo
tr. Irritar o estimular a alguien con palabras u obras para que se enoje.
Intentar excitar el deseo sexual en alguien. U. t. c. intr
tr. Mover o incitar. Provocar a risa, a lástima
tr. Hacer que una cosa produzca otra como reacción o respuesta a ella. La caída de la bolsa provocó cierto
tr. coloq. Vomitar lo contenido en el estómago. U. m. c. intr.
tr. coloq. Col., El Salv. y Ven. Incitar el apetito, apetecer, gustar.
tr. p. us. Facilitar, ayudar.

Creo que si pensamos un poco en el significado de la misma (por no buscar la etimología latina que veréis que es muy similar a invocar, convocar, revocar... ¿qué tendrán estas partículas que modifican la segunda parte de la palabra?), posiblemente ampliemos la comprensión. ¿Sería la nuestra una actitud provocadora? ¿no debiera ser más la que elimina obstáculos para facilitar la salida de determinada idea más que la de incitar a ello? ¿hasta qué punto debemos utilizar nuestra capacidad incitadora o inductora?

¿Estaré provocándoos? Esta es otra de mis preguntas. Quizás la vivencia es que os provoco. Pero en este caso, si no es lo que pretendo, ¿por qué se vive como una provocación? Si lo pensásemos desde este aspecto creo que podríamos pensar en los elementos persecutorios. En este caso seria, representaría “lo persecutorio”, o el que “os persigue”. Pero ¿porqué la ayuda continua de mi persona os podría provocar esto? ¿Por qué el daros la mano es vivido, o podría ser vivido como una provocación?

Creo que todo esto es motivo de reflexión importante por parte de todos. ¿estaremos formando parte de una sociedad en la que lo paranoide está presente? Creo que sí. Pero la cuestión sería, ¿por qué? Y si lo pensamos un poco (y revisáis el concepto de paranoia), la idea paranoide consiste en ubicar en otra persona, en otro lugar, aquellos aspectos que no podemos aceptar como nuestros. ¡Los políticos son especialistas en ello! ¿podría ser, por ejemplo, que nos gustase hablar de un montón de cosas, realizar un montón de ejercicios en clase, de proponer un montón de sugerencias pero... eso nos asusta y, en cuanto alguien nos lo propone entonces pensamos lo que pensamos? ¿Si esto fuera una Organización, qué sería lo persecutorio en ella?

En cualquier caso, todas estas cosas son para seguirlas pensando.

Un fuerte abrazo a todos.

Dr. Sunyer

 
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José Miguel Sunyer Martín, Doctor en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona
Colegiado con el número 6589, en el Colegio oficial de Psicólogos de Cataluña
Avenir 5, Ppal. 2ª · 08006 Barcelona · Cif 37252506G