Publicaciones

Orientación Psicológica (Counseling)
261 registros

Buscar por :



Criterio:


Buscar

 

Mi cuaderno de Bitácora. Curso 2002-03. La segunda entrevista con Angel

11/12/2002

La segunda entrevista 11/12/02

Y Angel volvió. Pero no entendía bien lo que pasaba. Nadie le fue a buscar... Casualmente, una persona que venía de los servicios le miró y eso le dio pie a que preguntase por la clase; no sabía dónde tenía que ir. Nadie le venía a buscar... Y esta persona, amable ella, le introdujo en la clase. Había muchos murmullos. Las personas que estaban ahí reunidas parecían no hacerle mucho caso. Incluso la que hacía de presentadora improvisada no podía iniciar la presentación dado el ambiente que había. Incluso varias personas entraban en aquel momento, pasados ya los diez minutos de cortesía. No entendía nada. Nadie le había venido a buscar...

Angel optó por ponerse a hablar con la presentadora. Casi nadie les escuchaba. No sabía de qué hablar y optó por lo más recurrido: hablar del tiempo, de la temperatura. Y ella le seguía el tema... no podía introducirlo al resto de sus compañeros. Y se sentía raro. No entendía por qué le habían pedido que volviese. No parece que nadie tuviese interés en saber de él. Incluso pensó en marcharse. No lo hizo por respeto; pero no entendía nada. Incluso se habían confundido con su nombre... Y el ya lo decía, “no se lo tomen como un compromiso a más largo plazo, si no les intereso ya me iré...”

Al poco comenzaron a aparecer preguntas. Trataba honestamente de explicar lo mejor que podía lo que le pasaba; pero estaba intranquilo. No notaba interés en sus entrevistadores. Unos sé lo prestaban, otros parecían estar de relleno. Y comenzó por las preguntas que le remitían a su cansancio, a su mal dormir, a sus preocupaciones porque no veía que les interesasen muchas osas de él... Ya consiguió meterse en canción. Pudo hablar de su mujer, de la depresión que tuvo, del trabajo que no le dejan hacer, de la presión por la gestoría. Y las preguntas le iban acercando a lo que no deseaba hablar: de sus hijos. Hasta que en un momento alguien hace referencia ellos... ¡Caramba! Y aparecieron algunas notas de su situación y de su queja. Bueno de alguna queja más... Pero le seguía agobiando lo que percibía. No entendía por qué aquellos bostezos, aquellas caras que parecían no transmitir nada, y los murmullos, la gente que hablaba con quien tenía al lado... no entendía. ¿qué les voy a explicar realmente si no parece interesarles especialmente? Incluso en algún momento alguien siseó para pedir que otros e callasen... ¿qué pasaba? Y se fue como cortado. Le dio la sensación de corte rápido, de finalización súbita. ¿Vale la pena volver? No, no me meteré en otro berenjenal como este a no ser que me lo pidan... ¿qué les hice?


Estas fueron algunas de las sensaciones con las que se marchó Angel. Y ahora me pregunto, ¿qué pasó? Bien, algo hablamos luego. Parece que Angel era un plasta. Alguien que transmitía tal nivel de tensión y de cansancio, tal nivel de hastío en y por la vida que generó en Uds., reacciones como las comentadas. Sí, eso es cierto. Pero ¿dónde queda nuestra parte profesional? ¿Qué hacemos con las cosas que nos provoca? ¿Se las mostramos tal cual? O tratamos de controlarlas, de tomar nota y seguir. Y entiendo que estamos en un espacio formativo, no clínico. Y ya sé que en la realidad no vamos a actuar así, pero ¿cómo vamos a poder entrenarnos si en el entrenamiento adoptamos “vicios” y no nos lo tomamos con la seriedad que ello representa?

Angel se enfadó. Y en parte el “profe” también. Pero porque a Angel le había constado un esfuerzo grande llegar a la Facultad. Ponerse ante tanta gente. Hablar de sus cosas. Salió enfadado. Cierto que podemos decir que el enfado posiblemente lo llevaba dentro. Pero igual también se lo introdujimos nosotros.

Por otro lado, ¿dónde colocamos las habilidades de entrevista? ¿Qué hacemos con las cosas que hemos aprendido? ¿Dónde nuestra capacidad de aportar elementos propios y no quedarnos enganchados a lo que dicen los textos? ¿Por qué no utilizamos la pizarra para poder romper su capacidad de control a través de la palabra? ¿ O para aportarle otras vías de expresión? ¿Por qué no le propusimos una estatua, o cualquier otra cosa que les hubiese posibilitado entender lo que pasaba ahí? Por ejemplo, una “foto” de la familia. ¿Cómo pondría Angel a los miembros de la familia? ¿A quienes pondría? ¿Qué amistades tiene? ¿Cuáles son sus raíces? Y es que quizás, preocupados por el diagnóstico olvidamos otros aspectos de su realidad personal.

En las intervenciones se juegan muchas cosas. Y como alguien señaló muy bien, hay elementos de la ética profesional que también entran en juego. De la ética en la intervención y de la ética en la entrevista.

Dr. Sunyer. 11/12/02

 
Facebook Twitter Linkedin Tuenti
 


José Miguel Sunyer Martín, Doctor en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona
Colegiado con el número 6589, en el Colegio oficial de Psicólogos de Cataluña
Avenir 5, Ppal. 2ª · 08006 Barcelona · Cif 37252506G