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Mi cuaderno de Bitácora. Curso 2001-02. Verdades absolutas
17/10/2001
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Verdades absolutas
Al salir de la sesión me sentí cansado. Como si, a pesar de lo relajado que me sentí a lo largo de la misma, algo se hubiese activado en mi que me provocaba gran sensación de cansancio. Dudé en si tomarme un café aquí, en la Facultad, o ir hacia mi consulta para seguir haciendo parte de esta tarea de pluriempleo a la que muchos nos hemos afiliado desde hace tiempo. Opté por lo segundo, y mientras bajaba la cuesta me acordé de mi última intervención y de una pequeña conversación que al final de la clase tuve con uno de Uds. Hablábamos de las dificultades del hablar y le decía que si cuando hablamos tenemos la sensación de tener que decir algo muy elaborado, algo muy pensado, esta misma exigencia paraliza mi posibilidad de hablar, de participar. Y el pensamiento grupal puede detenerse. Y es que este tema, el de las verdades absolutas creo que es muy importante.
Alguien de Uds., dijo más o menos al inicio del grupazo que si pretendemos establecer una línea divisoria entre lo que es la Orientación y la Psicoterapia, o la planteamos como dos verdades opuestas, vamos por mal camino. Estoy de acuerdo con ella. Las verdades absolutas son aspectos que en cuanto se posicionan en nuestra mente, paralizan nuestra capacidad de pensar. Porque todo es A o B. Ello no quiere decir que no debamos tener criterios. No. Pero una cosa es disponer de criterios y otra posicionarnos en las verdades absolutas. Y paralizan por varias razones. De entrada porque cuando tratamos de edificar estos conceptos tan claros, el esfuerzo por conseguirlo y el que luego hay que hacer para mantenerlo, impide la capacidad adaptativa que nos facilitaría ayudar a los demás. Ejemplos de ello hay muchos. Y es verdad que las verdades así expuestas dan tranquilidad. Bueno, tranquilidad aparente. Pero nos alejan de la vida.
En la ecuación que íbamos construyendo entre todos aparecían numerosos términos: quien elige qué, cuál es el motivo de consulta, cuáles son las necesidades de los pacientes, cuales son sus posibilidades, recursos, cuál es su situación. Hasta qué punto el factor institucional influye, y un largo etcétera. Fíjense que todas estas cuestiones tienen poco de verdades absolutas. Y cada una de ellas, a su vez, alude a un complejo mundo de interrogantes a despejar. ¿Y a despejar por quién? Y aparecía, otra vez, la palabra relación. O sea, que estamos ante una situación en la que hay que ir estableciendo una relación a través de la que vamos a tener que ir elaborando estas y mucha otras cuestiones. Y todo ello, básicamente, a través de una situación muy similar a la que tenemos aquí. Es decir, vamos a tener que ir posibilitando la aparición de pensamientos a través de los que nos podamos guiar e ir descubriendo, por ejemplo, si a esta persona, en esta situación y circunstancias, el proceso Orientador le es más necesario que el Terapéutico.
Repito: proceso que posibilite la aparición de pensamientos. Ahora vamos a recurrir a un viejo conocido. Winnicott. Este importante psicoanalista y pediatra escribe:
If only we can wait, the patients arrives at understanding creatively and with immense joy, and I enjoy this joy more that I use to enjoy the sense of having been clever. I think I interpret mainly to let the patient know the limits of understanding. The principle is that it is the patient and only the patient who has the answerers. (398)
Uno podría pensar que esto no está escrito por un psicoanalista. Pero es exactamente lo que como psicoanalista he hecho toda mi vida, o casi toda. Acompañar al otro explicándole hasta donde llego a entender de lo que me cuenta. De esta forma, le voy convirtiendo en detective de sus propios pensamientos, sentimientos, emociones, fantasías. Sin embargo esta tarea no resulta tan sencilla. Fíjense, por ejemplo, en nuestra propia experiencia. ¿Por qué costará tanto compartir experiencias, pensamientos, ideas? ¿Por qué en una institución la tendencia es a no aportar ideas, a esconderse en el anonimato, a que inventen otros? Pensemos como psicólogos. ¿Qué mecanismos son estos que, a pesar de la voluntad individual, parece tan difícil aportar ideas?
Podríamos pensar que hay resistencias a hablar. Hablar puede ser entendido como una forma de comunicar lo que pensamos a los demás. Lo que pensamos y lo que sentimos. Hacer que los demás participen de lo que pienso y de lo que siento. Pero parece que esta actividad encuentra una gran dificultad en el momento de realizarse. Creo que el primer día aparecía la idea persecutoria. El temor a lo que los demás puedan decir o pensar sobre lo que pienso. Y desde esta línea de pensamiento creo que estarán de acuerdo en que parece que consideramos al otro como si fuese miembro de un tribunal de justicia. El otro como juez. Esta idea, un tanto absurda, parece que tiene poder suficiente como para frenar cualquier expresión personal. Además ya sabemos lo que dicen en las películas “a partir de ahora, todo lo que Ud. diga, puede ser utilizado en su contra” Evidentemente, si pienso que lo que digo puede ser utilizado en mi contra, me callo. Lo que pasa es que esto también tiene consecuencias negativas.
También hay otras derivaciones. No hablo hasta que lo tenga claro. Esta idea es normal. No se aleja de la anterior, sino que la complementa. Parece que existe una exigencia de “habla cuando tengas algo qué decir” que paraliza cualquier posibilidad de libre expresión. ¿Miedo a la libertad? No sé. Quizás. Pero no en el sentido filosófico, sino en el vital: miedo a que aparezcan mis ideas en proceso de formación, mis sentimientos que todavía no están claros, mi espontaneidad. ¡No hay que ser espontáneos! Pero... ¿cómo nos las vamos a apañar si lo que hacemos es pedir a los pacientes que lo sean?
O no hablo porque mi pensamiento no tiene el valor que debe tener. ¿Valor? ¿Según quien? ¿Según los demás? !Ah! Estamos hablando de un tribunal externo. O... ¿Según yo? Pues ahora resulta que estoy ejerciendo un papel censurador sobre la expresión de mis propios pensamientos. Y ¿por qué no me permito comprobar el efecto de mis palabras? Porque pudiera ser que no fuese el que me imagino. Y si no es el que me imagino, tendré que comenzar a reconsiderar el papel de mi censura. ¿Me censuro? ¿Censuro a los demás? Este es un bonito debate.
Pero hay más. Hablar es exponer cosas personales. Es la posibilidad de ser visto, y de ser admirado. En muchas ocasiones nos encontramos con el miedo a la admiración, al éxito. Y ante esta posibilidad nos paramos. En ocasiones les descubro una cierta cara de sorpresa y vergüenza cuando les digo que lo que acaban de decir me parece una idea excelente. ¡Pero si es verdad! ¡Pero si cuando un paciente dice cosas que responden a lo que va descubriendo de sí mismo es una gozada! Y lo es porque de pronto descubrimos el valor de la vida, descubrimos que la posibilidad de conectar con nuestra propia espontaneidad nos llena de temores y de alegrías. Y ¡Cómo se van a sentir Uds., cuando en el proceso de orientación vayan viendo que aquel grupo humano que tiene delante de sí, o aquella familia, o aquel chaval ha ido descubriendo sus propias posibilidades!
Lo que pasa es que esta energía choca con la otra. Sí, como dos fuerzas, Eros y Tánatos. Lo que nos lleva a vivir y lo que nos conduce a morir. Fíjense sino en las frases que uno dice ante algunas situaciones. Acudan al castellano que, como otras lenguas, dispone de un rico y variado repertorio de frases muy significativas. “Mi boca estará cerrada como una tumba” “Callaré como un muerto” ¡Buf!
El callar en algunos momentos parece que tiene una connotación muy negra. Pero, fíjense, en cierto modo, al no participar verbalmente, nos condenamos (bonita palabra esa, también) a una no-participación en el pensamiento colectivo. Y cuando una persona no puede expresar una serie de pensamientos, esta persona nos está presentando un elemento que no le facilita la vida, no le facilita el poder participar en la corriente de vida a la que todos estamos vinculados. Y tanto da que hablemos de un paciente como de una organización o empresa. Cuando un trabajador no puede articularse como persona en los productos en los que participa en su fabricación, a ese trabajador se le condena o se condena a pena de muerte. Psicológicamente hablando. Ahí topamos con los elementos más patogénicos del sistema, de la familia o de la persona. Digo patogénicos que no patológicos.
Volviendo al tema del día de hoy, señalar algo que no encontró ocasión a ser expresado. Una de las grandes diferencias entre la Orientación y la Psicoterapia es que mientras que la última surge como modelo de “reparación” del aparato psíquico de la persona en base a todo un cuerpo teórico, la primera nace como modelo de “inserción” de aquellas personas que no han podido engancharse con la vida cotidiana. O se han apartado de ella.
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Para el próximo día tienen Uds., un último trabajo de Rogers que nos puede servir para repasar algunos elementos de la relación que propone, y un texto en Inglés. En éste, como en el de francés del día pasado, se introduce el tema de la dificultad del idioma, si bien se me insiste en que no deben haber especiales dificultades.
El artículo de Ivey, otro más de una serie de textos que leeremos de estos autores, nos propone un planteamiento muy sugerente; y para ello utiliza un grabado (cuya reproducción no está muy clara) del prodigioso Escher. De la capacidad que desarrollen para poder ver la realidad desde ópticas diversas dependerá buena parte de sus éxitos profesionales. Ahora bien, esta capacidad de verlo desde ópticas diferentes, no lo confundan con el famoso “eclecticismo”, con el que no puedo estar de acuerdo: una cosa es que pueda tratar de ver el mundo, como este grupo en el que estamos todos los días, desde ópticas diversas; pero esto no significa que me pueda sentar en diferentes sillas al mismo tiempo. Todos tenemos una y sólo una forma de interpretar las cosas de la vida; forma que proviene de toda una trayectoria personal e intransferible. Esto no significa que no pueda realizar esfuerzos para comprender que existen otros puntos de vista; pero no puedo tener todos los puntos de vista. En cualquier caso, desde mi óptica, podré articular otras ópticas.
Otro elemento que nos aportan Ivey y col., 0es el tema de lo que denominan genograma. Es una interesantísima aportación que, confirma lo que desde el primer día les sugiero: somos miembros de numerosos grupos, entre los que se encuentra el familiar. Traten de esbozar su propio genograma. Amplíenlo. Hagan de él un cuadro de la red social en la que están inmersos. Y comparen. Verán cosas muy interesantes, sobre todo, si le introducen algún elemento cualitativo y cuantitativo a las relaciones.
Un tercer aspecto atañe a lo que denominan intencionalidad cultural, tres habilidades que convienen desarrollar. Y finalmente, los fundamentos de una ética multicultural. Este último aspecto es muy sugerente. En dos direcciones, al menos: la de la comparación de los códigos éticos que podremos ver el próximo día, y, sobre todo, la sensibilidad que deberíamos desarrollar para poder detectar los elementos multiculturales con los que cada uno de Uds., está formado. Este aspecto es difícil. Pero muy sugerente.
Les deseo éxito en la lectura
Un Saludo,
Dr. Sunyer.
Artícles a llegir:
1. *Rogers, C.R. (1961): Algunas hipótesis acerca de la posibilidad de facilitar el desarrollo personal. En C.R. Rogers (1961): El proceso de convertirse en persona. Paidos.
2. *Ivey, A; Bradford, M; Simek-Downing, L; (1997): Culturally Intentional Counselor or therapist: Introduction and overview. A Ivey, A; Bradford, M; Simek-Downing, L; (1997): Counseling and Pscychotherapy. Allyn and Bacon.
Recomanat: *Rogers, C.R. (1961):Características de una relación de ayuda. En C.R. Rogers (1961): El proceso de convertirse en persona. Paidos.
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