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Mi cuaderno de bitácora del 24 de febrero del 2009: fin de la experiencia
02/03/2009
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Mi cuaderno de Bitácora del 24 de febrero de 2009: fin de la experiencia
Más, bastante más de un mes he tardado en cerrar totalmente la experiencia académica de este año. Asombroso, diría yo y cualquiera que lea estas líneas. Como si los procesos de duelo, de finalización y de todo lo que ello conlleva fuese algo que pasase por la razón. Ya lo dice el refrán, hay razones del corazón que la razón no entiende. Y es totalmente cierto. Aún así estamos empeñados en que sea la razón la que acabe de admitir que las cosas son como son y no como desearía esa señora que fuesen. Cuando un profesional de la salud se encuentra ante esta circunstancia puede hacer varias cosas. Por ejemplo, puede pasar de largo y no darle más importancia. También puede considerar qué ha pasado para que eso sea así y no de otro modo. Entre estas dos alternativas, la primera parece que trata de negar algo que es evidente y que indica un tiempo de cierre excesivamente largo. Treinta y pico días para cerrar algo como una asignatura, si no hay dificultades en las notas a poner, si no ha habido exámenes que corregir… pues como que parece mucho tiempo. La segunda que es por la que camino, indica que algo muy importante debe haberse estado cociendo para que haya precisado de todo este tiempo para eso.
De hecho he constatado que no he estado solo en este período. Todavía recibo algún mensaje de algún alumno que agradece la experiencia compartida. Eso parece significar que este proceso de más de un mes también están en el ánimo de algunos de los alumnos que conformaron el grupo de este año. Pero es más. Por primera vez en muchos años he visto las dificultades que había para acabar de enviarme los trabajos que constituían la valoración de la asignatura. Parecía lógico pensar que hay el deseo de acabar cuanto antes, de liquidar los compromisos para obtener la calificación final con la suficiente antelación como para poder dedicar los esfuerzos a otras asignaturas teniendo la tranquilidad de lo obtenido en esta. Pero no fue así. Más allá del límite establecido todavía goteaba algún trabajo pendiente, alguna valoración que se había quedado por ahí dormida… Estos aspectos, si los leemos desde una perspectiva psicológica hablan de la dificultad de separarse de algo. Es decir, que los procesos de duelo han precisado también en los alumnos, en muchos de ellos, un tiempo largo.
Pero igual en el profesor. Uno podría decir desde una cierta idealización que un profesor que peina canas debe saber hacer estos procesos de forma más rápida. Sobre todo si ya no es el primer año que lo hace. Vamos, algo así como si la experiencia de separaciones fuese una especie de vacuna para los afectos que se mueven en ellas. Pero como no estamos en procesos de idealización tendremos que admitir que si se ha precisado de un tiempo largo es porque muchos habrán sido los elementos que se han agitado en el profesor.
Fue un año muy interesante. Se concitaban en él numerosas experiencias. Unas eran lectivas, como cada año. Pero otras tenían que ver con un Congreso que organicé y con la publicación de un texto significativo en psicoterapia de grupo. Amén de otras cosas que ya no vienen a cuento. Todo ello ha posibilitado que ese curso fuese especial, como creo que ya señalé al inicio del mismo. Y me explico.
Comenzando por el final, el libro ha sido alcanzar una cota importante en mi desarrollo profesional. No sólo por ser un texto complejo, largo, denso y muy cercano a mi experiencia clínica y profesional, sino por ser uno de los primeros (por no decir el primero) que se escribe en nuestro país desde una vertiente lo más grupoanalítica posible. Un texto que sale del esfuerzo de muchos años, y en el que he vertido buena parte de mis conocimientos en la materia. Ver las casi seiscientas páginas entre tus manos, dedicárselo a varios de mis compañeros cercanos, y oír la respuesta y los comentarios al mismo, llenan de gozo. No lo sé decir de otra manera.
El Congreso ha sido otro hito importante. Independientemente del éxito científico y de asistencia que tenga, un acontecimiento así supone más de dos años de preparación, de contacto con otros profesionales, de traducción de textos, de reuniones y planes varios. El peso de la economía no deja de ser un elemento que preocupa y que en ocasiones no deja dormir del todo. Supone también ponerse en contacto con la Administración, constatar que de las palabras a los hechos va bastante más que un trecho. Y articularse con muchas otras actividades que acaban bloqueando la dedicación a otras cosas más importantes. Este hecho ha condicionado mucho el curso. Mi cabeza estaba llena, repleta de pequeñas preocupaciones y de asuntos a resolver. Todo eso no facilitaba mi total entrega a mis tareas docentes, por más que lo intentara.
Finalmente, la propia asignatura. El grupo fue intenso, trabajador, exigente. Pasamos momentos de todo y sentía esa presión que me exigía dar más y más de mí mismo, inventar actividades que pudiesen aportar información útil. Y sobre todo, atender a las demandas afectivas que se derivaban de la experiencia grupal. En ella hubo de todo. Momentos de encuentro y desencuentro. Sesiones en las que uno sale con la sensación de haber podido transmitir algo y otras en las que el vacío ocupaba buena parte de mi alma. Relaciones entrañables muchas, y otras algo más distantes, frías, calculadas. Unas relaciones intensas que, más allá de acuerdos y desacuerdos, hablaban de la importancia y el interés que despertaba lo que hacíamos. Otras, y eso es inevitable, se presentaban como más protocolarias, como si en el fondo no se creyera que la relación que se brindaba era real y cierta. En estos momentos es cuando uno recuerda aquello de “gato escaldado, del agua fría huye”.
Por esto, cuando ya entrando el mes de marzo puedo poner punto final a la experiencia, me doy cuenta del trabajo realizado, del cansancio acumulado, de las ilusiones compartidas. Cerrar esto supone poder estar en condiciones de abrir otra experiencia, otras propuestas, otras singladuras. Y eso, en definitiva, es lo que todos debemos ir haciendo. Cerrar experiencias tras haberlas saboreado para poder abrir otras cuyos sabores nos sigan sorprendiendo y enseñando ese aspecto tan curioso que se llama vivir.
Muchas gracias.
Dr. Sunyer.
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