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MI cuaderno de Bitácora del 26 de noviembre del 2008
26/11/2008
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MI cuaderno de Bitácora del 26 de noviembre del 2008
Decir que hoy es el día siguiente de ayer no es decir mucho, pero sí bastante. Hay que considerar que el desarrollo de las sesiones lectivas sigue los mismos derroteros que toman las sesiones asistenciales. Y dependerá de los diversos estilos profesionales. Es decir, si el conductor es alguien que opta por potenciar desarrollos dependientes generará desarrollos diferentes a los que se desarrollarían en el caso de potenciar otros más autónomos. Y en nuestro caso, el conductor anduvo devanándose los sesos atendiendo a la realidad de ayer, al mensaje escuchado y a la prisa que, como era de suponer, tenía y tiene que ver mucho con el enfado colectivo; que no individual.
Hoy planteé una doble entrevista, dos entrevistas, el mismo paciente y dos profesionales diferentes. La idea básica era el que pudiésemos ver qué elementos emergían en una y otra, qué eidesis, qué palabras clave podían detectarse, qué elementos del mensaje verbal y del no verbal eran recogidos por vosotros. Dos compañeros se animaron a realizar las entrevistas y pasó lo que pasó. ¿Qué se traslucía en ambas entrevistas?
Era la misma persona que en clase fue entrevistada para “La contra” de un periódico. Y esa misma persona mostraba otra cara absolutamente distinta. En el lugar que había una persona contenta, triunfante, que no se arredraba por nada, que señalaba algún problemilla pero que se mostraba feliz y contento, ahora había otra persona, sumida en la tristeza, el desespero, las pocas ganas de hacer nada… y su felicidad se había tornado rabia y cabreo. ¿Cómo casamos ambas caras?
Los psicólogos que lo entrevistasteis hicisteis lo posible por entender algo de él. Con los instrumentos que teníais tratasteis de acercaros a esa problemática. Él iba lanzando algunos pequeños mensajes que dejaban entrever la idea autolítica, la gran desilusión, el descorazonamiento y una frustración importante ante las expectativas que se le habían despertado. Y dejamos de lado algo que parece importante: su enorme cabreo. Esos golpes que daba en la mesa, ese teclear de dedos, ese reseguir las líneas de la mesa… esa mirada medio despectiva, medio desesperanzada, ese levantarse y dejar como tirado al psicólogo, ese quedar para el siguiente día pero sin deseo de venir realmente, ese desplazamiento hacia su mujer… todo eso habla de enfado. Mucho enfado. De cabreo. ¡Somos cabreólogos, no lo olvidemos!
Y señalé algo por lo que puedo ser colgado del palo mayor. Los psicólogos (pero en realidad todo ser humano), en cuanto establecemos un contacto y una relación con el otro lo que hacemos (sin darnos cuenta y de forma involuntaria) es formar un campo común en el que las dos psiques quedan entrelazadas, conectadas. Las ideas que os venían a vosotros como observadores de las entrevistas y las que se les hacían presentes a los dos entrevistadores venían activadas y provocadas por ese paciente, Ángel, se llamaba. Que de ángel tenía poco, by the way.
Podríamos decir que los entrevistadores representaban una parte de la psique (esa psique formada por la unión de ambas) normogénica en tanto que la del paciente era la patogénica. Y esa patos, ¿de dónde venía?
Del inmenso cabreo. Cabreo que puede tomar forma diagnóstica depresiva o incluso bipolar, pero cabreo infinito. Y cabreo, por lo que decía, que era activado por las continuas decepciones que la vida le iba aportando: su gerente, su mujer, sus hijos, aquella que le hizo la entrevista… Es decir, los representantes del mundo exterior (si consideramos que todo lo que está fuera de Ángel es mundo exterior) le generaban unas expectativas y luego se las frustraban. Y aquí lo importante no es si realmente el mundo exterior le genera expectativas (no lo vamos a dudar), sino por qué esas expectativas cuando no se corresponden a lo que él entiende le causan tan malestar. Dicho de otra forma, qué pone en las expectativas que corresponde más a lo que él deposita en ellas que lo que ellas le posibilitan a él.
Ese descomunal cabreo aparecía no sólo en lo que decía, en el cómo lo decía sino y sobre todo en lo que sería el lenguaje no verbal. Podríamos decir que ese lenguaje no verbal expresaba lo que no podía expresarse en el verbal. Y, como ya vimos aquel día en el que se hizo una entrevista a varias personas, la verbalización de lo que puede corresponder a lo no verbal facilita la comprensión de los hechos y disminuye la actividad no verbal. Señalarle que estaba cabreado no hubiera aumentado su cabreo, sino la posibilidad de aceptarlo y poder comenzar a pensarlo. ¿Por qué está tan cabreado? Y tenemos razones suficientes como para entender su cabreo. Decirle que entendemos su cabreo, que es lógico que esté súper cabreado, significa poder transmitirle que entendemos y aceptamos sus sentimientos. A partir de ahí podemos comenzar a trabajar.
Y esos cabreos (puesto que son muchos), ¿de dónde vienen? Es interesante plantearnos esa cuestión. Creo que todos diríamos que provienen de su mundo exterior. Y ciertamente podemos bien decir que es el exterior, es decir, los objetos los que nos agreden. Si mi mujer, si mi gerente, mi… lo que sea se comporta conmigo de una determinada manera que genera dolor en mí creo que puedo decir que estoy cabreado con él. Es legítimo que lo veamos así. Pero quizás no acabamos de ser muy honestos con la verdad psicológica ya que una persona no es sólo una persona, un individuo, sino que entre él y las personas que lo rodean se han tejido y tejen numerosas líneas de interdependencia vinculantes. Pero estas líneas no sólo unen mis aspectos reales con los de los demás sino que también aquellos otros que ofrecen la posibilidad de creer que aquellos aspectos reales pueden ser modificados. A estos me refiero cuando hablo de expectativas. Y cuando Ángel constata que esos no se dan al menos en la intensidad, colorido e importancia que creyó que tenían, en vez de aceptar los elementos de la realidad lo que hace es cabrearse porque esa realidad no ha dado paso a otra nueva realidad; más esperanzadora para él. El cabreo pues proviene de constatar que la imagen que se había formado de lo que iba a ser, la identidad que había soñado obtener, no se alcanzaba a la velocidad que deseaba, o sencillamente no se daba y debía aceptar que era lo que era.
Dicho de otra forma, que los Reyes Magos no existen. Y eso duele. Y el dolor genera enfado. Sin embargo, al ubicar la causa en el otro y no en él o en la expectativa de nuevas interdependencias no puede hacer otra cosa que enfadarse. Sólo si comienza a considerar qué había puesto ahí podrá disminuir su enfado y reconvertir la experiencia vital en algo creativo.
Uno de los elementos cruciales en todo desarrollo psicopatológico, la génesis de buena parte de la psicopatología reside en la dimensión, forma y colorido de los enfados. Por esta razón nuestra profesión puede denominarse cabreología.
Dr. Sunyer
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