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Mi cuaderno de Bitácora del 12 de diciembre del 2007. Construyendo Identidades 23

12/12/2007

Mi cuaderno de Bitácora del 12 de diciembre de 2007

Construyendo identidades, 23


Los conceptos de transferencia y constratransferencia provienen del psicoanálisis y surgen de la constatación de que los pacientes se ubican frente al analista y lo ubican en la posición exacta en la que ubican ante sus padres y ubican al analista en ese mismo lugar. Y como no hay una relación basada en el cruce de la mirada, el analista reacciona (de ahí la palabra contra-transferencia) a este requerimiento de una manera particular. Manera que deberá poder diferenciar de la forma en la que él ubica al otro a partir de los elementos de su propia transferencia.

Cuando nos ponemos en el terreno de la Orientación Psicológica tenemos una situación que ya es diferente a la de psicoanálisis: aquí los dos que se encuentran lo hacen a través del cruce de miradas, por lo que no podemos hablar de los fenómenos de transferencia y contratransferencia de la misma manera que se habla en el psicoanálisis. En cualquier caso debemos pensar tal y como propone el Grupoanálisis, es decir, hablar de fenómenos transferenciales. Y por ellos entenderemos la forma con la que todos los humanos, absolutamente todos, nos relacionamos con los demás y que no deja de ser sino la reproducción de los patrones con los que hemos establecido relaciones con aquellas personas significativas en nuestro desarrollo. Esa reproducción supone que me coloco y coloco al otro en el lugar en el que siempre he acabado colocándome y colocado al otro. Y ese lugar lo aprendí de mis relaciones familiares. Y ¿por qué no podemos hablar como en Psicoanálisis de transferencia y contratransferencia? Básicamente porque como son dos personas, al menos, que se encuentran cara a cara, ambos ubican al otro y al mismo tiempo, en las posiciones que les son habituales. Entonces resulta casi imposible distinguir cuál de ambas marca antes la posición de la otra, porque se dan al mismo tiempo. Por esto, es mejor hablar de situación transferencial que significa que todos los que participan en la relación actualizan, inevitablemente, el esquema referencial y las formas de relación que mantienen la misma significación interdependiente que tuvieron las intedependencias establecidas con las personas que nos han sido significativas en nuestras vidas. Ahora bien, me podéis decir, si cada uno propone una, cómo podemos distinguir unas de otras.

En una situación de a dos es más fácil. Se supone que el profesional se ha preocupado entre otras cosas de conocerse lo suficiente como para ir viendo qué aspectos repite en la relación y poder ir delimitando el esquema y los procedimientos que no corresponden al presente sino al pasado y así, cuando se encuentra ante un paciente, hacer lo posible para que esos aspectos personales no estén tan presentes, o si se prefiere, anden más controlados. Pero cuando se es más de dos la cosa se complica, porque cada posición de uno modifica o interfiere en la posición del otro. Sin embargo, tenemos algo a nuestro favor: el tiempo. Con el tiempo vamos pudiendo definir la relación que cada uno tiene con el resto de personas y, en particular, con la del profesional.

Hoy en clase propuse la organización de unas historias a partir de un título común: viaje o historia interminable. Aparecieron diversos relatos que denotaban, todos, una particular relación con el título propuesto. Es más, en tanto que me paseaba por cada grupo podía percibir con claridad meridiana, cómo se posicionaba cada uno en torno a la cucaña representada, ahí, por el título propuesto por mí.

De entrada podríamos establecer dos tipos de relatos: unos de tipo más racional y otros más imaginativos. Habiendo imaginación en todos, los primeros parecían conectar más directamente con la realidad de la clase, por ejemplo, o con la cotidianidad (un 10 de octubre...) en tanto que los segundos parecían darse la posibilidad de alejarse totalmente de esas realidades e imaginarse o países, o lugares, o situaciones que tenían impregnación más fantástica. Podríamos decir que unos y otros hablaban de cómo sus autores se habían posicionado frente al título.

Poniéndonos en otro nivel, cuando pregunté sobre lo que os sugería todo esto, podríamos decir que emergían otra vez dos actitudes generales. En tanto que unos se posicionaban a la escucha, a ver qué dicen los demás, otros se mostraban activos, participativos. Participativos, también es verdad, en la medida en que la pasividad de los demás no les generaba más tensión de la que eran capaces de soportar. Pues bien, esa situación es la precisamente transferencial. La que define cómo cada uno se coloca ante el grupo grande. Unos desde posiciones que podemos denominar de pasivas, pasivas por el miedo, pasivas por lo que uno quiera, pero pasivas en definitiva. Como ocultándose y esquivando las responsabilidades que les corresponde, que nos corresponde, ante el hecho de estar en sociedad, en grupo, en familia. Otros, por contraste, se mostraban más colaboradores, más participativos, más dispuestos a asumir lo que les correspondiera tras sus comentarios.

Y mientras, opté por no repetir el modelo al que queréis que me ciña: el ser el motor, el que activa, el que dinamiza, aporta, propone. No por reacción, sino por respetar y posibilitar que se viera, se evidenciara, precisamente, todo eso.

Un saludo,

Dr. Sunyer

 
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José Miguel Sunyer Martín, Doctor en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona
Colegiado con el número 6589, en el Colegio oficial de Psicólogos de Cataluña
Avenir 5, Ppal. 2ª · 08006 Barcelona · Cif 37252506G