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Mi cuaderno de bitácora XXII. del 13 de diciembre del 2005. La escisión
13/12/2005
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Mi cuaderno de bitácora, XXII, del 13 de diciembre de 2005
Llevábamos días sin vernos. El puente, viaducto, acueducto que supuso la fiesta de la Constitución y el de la Inmaculada, fue una interrupción importante que anuncia el que dentro de poco acaba el año, y poco después el curso. Y aunque el día pasado, miércoles, un grupo de unas veinte personas se animaron a trabajar (y trabajamos mucho), el grueso no lo hacíais hasta hoy. ¿qué influencia puede tener un puente en el tratamiento o intervención psicológica? Una vez más constatamos que un puente no sólo es un puente: la interrupción del ritmo y el anuncio del final se introducen en nuestra dinámica, la individual y la colectiva. Así como el hecho de que, además, hoy teníais que entregar un montón de material. Lo veo, lo tengo ante mis ojos y me digo: tu has elegido este sistema de trabajo, o sea, ¡no te lamentes!
Hoy, como era un día “raro” y, además, coincidía con la entrega de material, y veníamos de un puente, y había tenido un desaguisado con la programación del curso, decidí que haríamos el trabajo en clase. Y como estamos trabajando aspectos proyectivos consideré que una posibilidad rica era la organización de “esculturas” a partir del caso de J.P. E hicisteis varias, seis si no recuerdo mal. Y luego intercambiamos algunas ideas al respecto.
Lo proyectivo, es decir, aquello que colocamos sobre un papel, sobre un espacio a partir de la experiencia de la relación con J.P., tiene un potencial enorme. Cuando desde Murray, se iniciaron los trabajos proyectivos para conocer la “representación interna” que nos hacemos de las cosas, se inaugura un camino exploratorio muy importante. Los humanos somos unos seres curiosos: vemos las cosas de determinadas maneras y no todos igual. Las experiencias que tenemos cada día se yuxtaponen, se articulan, se organizan a partir de las que ya hemos vivido a lo largo de nuestra vida. Son como si fuesen sucesivas capas (no es exactamente así, pero es una metáfora) que se van colocando sobre las anteriores y favorecen al tiempo que distorsionan, claro, la visión real de lo que nos sucede. Bien es verdad que el tiempo, los años, las experiencias y la capacidad supuestamente ascendente de elaborar lo que nos sucede hace que cada vez vayamos teniendo una visión más real de lo que sucede a nuestro alrededor, del otro. Pero esto se consigue con el tiempo.
Una primera observación que hicisteis fue que las sucesivas representaciones tenían la impronta de la primera. Cierto. En ocasiones el miedo a experimentar, a proponer una visión diferente de lo que todos hemos visto, hace que sea difícil introducir modificaciones. Es otra forma de expresar lo que os decía en el párrafo anterior: cada nueva experiencia la ubicamos sobre la anterior. Sólo el destacar esta similitud en las escenificaciones habría posibilitado un cambio de tercio, una forma diferente de ver las cosas. Sólo cuando se llega a una saturación, a una maduración suficiente de un esquema podemos pasar a otro. Lo dijo ya Piaget. Y el común denominador de todas las representaciones, incluida la mía, era un colocar a J.P., en una posición opuesta a la de su mujer. Él como elemento dañador; no pudimos verlo como elemento dañado.
Otra observación fue la del olvido del dolor. No caímos en algo que J.P., presentaba desde el mismo momento de conocerlo: su dolor en la rodilla, en la muñeca... ¿por qué? ¿qué nos pudo pasar para olvidar ese elemento? Una gran ventaja, como veis, en las representaciones es que nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre lo representado. Y lo representado es exactamente lo representado en la mente del representador. A todos cuantos fuimos invitados a hacer de artistas se nos “olvidó” el dolor ¿por qué? Quizás porque tenemos una “tendencia” especial a evitar considerar la problemática que plantemos las personas como la expresión del dolor. El dolor lo dejamos fuera con lo que sólo veremos una parte de lo que sucede, la parte que tiene que ver con el paciente y su mujer; pero de forma descafeinada: sin dolor. Afortunadamente alguien lo mencionó y este hecho ya nos ilumina otro aspecto del escenario que quedaba a oscuras.
Pero fijaros qué cosa sucede: dejamos el dolor fuera. El ser humano, posiblemente a partir del sexto mes de su existencia como ser (aunque esté en su vida intrauterina), ubica la experiencia no placentera, dolorosa, fuera de sí. Es decir, las experiencias fundantes básicamente son las agradables, las que le proporcionan algún tipo de placer, de satisfacción. Estas experiencias que a lo largo de las primeras etapas de la vida y hasta aproximadamente el segundo mes de su existencia extrauterina va teniendo, constituyen un punto referencial básico para la constitución de su yo incipiente. Y las experiencias desagradables las ubica “fuera” de sí, fuera de ese marco inicial placentero. Son como si fuesen a un “no-yo”. Poco a poco, el ya nacido y a partir de su segundo mes y hasta aproximadamente el sexto, momento en el que aparece la primera reacción afectiva ante la pérdida de su madre, ha ido tejiendo un par de memorias o de recuerdos: los agradables y los desagradables. Recuerdos que en un principio estaban como en dos registros diferentes. Y nosotros de alguna forma “habíamos olvidado” el dolor, es decir, el registro malo, y nos habíamos quedado con otro aspecto de su historia: el de la relación con su pareja. Nos habíamos aliado con la parte de la representación que tiene que ver con su mujer, ¿será porque el grupo, en global, es preferentemente femenino? ¿será que como grupo nos hemos “solidarizado” más con la faceta femenina de su historia y menos con el sufrimiento que como varón puede estar teniendo? Este es un tema importante a reflexionar. Cómo quizá, por el hecho de ser un grupo preferentemente femenino, tendemos a “solidarizarnos” con esa faceta.
Otra cosa: en estos momentos me preguntaba sobre si hubiésemos podido traducir la situación clínica a una situación organizativa. No sé si realizar la traducción. Casi mejor no. Os lo dejo a vosotros. ¿sería alguien capaz de hacer una traducción de la historia clínica a una historia organizativa? Este es un reto que os propongo. Reto que coincide con otro problema que tenemos como colectivo: nos cuesta integrar. Algo nos está dificultando este proceso, por demás necesario, para la buena realización de la tarea. No en vano fue una representante del grupo de organizaciones la que señala el dolor. ¿cómo será el dolor del subgrupo de varones? ¿cuál será el de la persona de Erasmus?. Quizás hemos olvidado el dolor de parte del grupo.
Hasta el próximo día.
Dr. Sunyer
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