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Mi cuaderno de bitácora XIV del 9 de noviembre del 2005: lenguaje no verbal
10/11/2005
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Mi diario de bitácora, XIV del 9 de noviembre de 2005
Ayer tuvimos la visita de Xavier Gimeno. Estuvo y participó en el grupo grande y en algunos grupos pequeños. ¿cómo lo encajasteis? La impresión es que no generó especial ruido; no supuso una intromisión a la tarea que teníamos. Pregunta: ¿el nivel de fiabilidad alcanzado por este grupo será el que ha propiciado que las lógicas paranoias activadas por Xavier no hayan bloqueado nuestra dinámica? Creo que sí, y esto es una tarea de todos. Incluso percibí que en el grupo grande podíamos pensar más entre todos. Creo que si el grupo, la trama de relaciones que tenemos entre nosotros no hubiese desarrollado esa capacidad de aceptación del extraño, del extranjero, no hubiese encajado con tanta naturalidad su presencia.
Por otro lado ¿de qué hablamos? De las significaciones de aspectos tales como el espacio, el ritmo, el tiempo... cosas todas ellas muy importantes en la relación asistencial. Y fueron apareciendo muchas cuestiones, e intervenciones muy enriquecedoras como la compañera que nos comentó cómo se evidenciaban los cambios (ascensos) en una empresa, ¿os acordáis?
El problema con todas estas cosas en realidad no reside en la cosa en sí, sino en el conjunto de significaciones que las arropan. Por ejemplo nuestro espacio de grupo grande. Evidentemente podríamos hablar entre nosotros si en el espacio interior a nuestra elipse hubieran sillas, bolsos, carpetas. Estas cosas en sí no impiden hablar. ¡qué poder tendrían! Sin embargo no es lo mismo un cierto orden que un cierto desorden. Algo sucede si ponemos sillas por en medio: impiden la comunicación. Es como si las sillas se encontraran “revestidas” de significaciones que les atribuimos, y que adquieren el poder suficiente como para entorpecer la comunicación. Estas sillas representarían, se me ocurre, varias cosas: un cierto desorden, un elemento de distracción, un obstáculo y una protección. Seguro que muchas más cosas. Bien pues todas ellas se entrometen en la conversación que tenemos entre nosotros, modificándola e incluso, impidiéndola. Pero esto no es porque lo diga yo, sino que lo dice la experiencia. Y por supuesto que algunos me podríais decir: vale, en cualquier caso las podríamos dejar para comprobarlo o para ver si somos capaces de “superar” este obstáculo. Y os podría contestar que de acuerdo pero prefiero quitar aquello que visiblemente creo que dificulta la relación y ver de resolver los problemas que tengamos habiendo eliminado estos obstáculos. Y de esto se trata, de eliminar obstáculos.
Si reflexionamos sobre los muchos obstáculos que aparecen en las relaciones humanas, debemos considerar todo lo que en ellas aparece implícito. Os comenté aspectos que nos afectan como los horarios, la dificultad de adaptarse a una aula diferente cada día, la de no tener “espacio propio”. Sucede casi igual o incluso superando nuestras circunstancias en las instituciones. ¿habéis tenido la oportunidad de ser pacientes de un hospital? Se de varios de nuestros compañeros que han tenido que ingresar, ¿cómo os sentisteis a lo largo de todo el período de ingreso? ¿Cómo sienta que le limpien la habitación a las 7:30 cuando uno está todavía en su más profundo sueño? Y ¿por qué se hace? Porque no se sabe en qué otro horario es mejor. Hay algo de la disciplina militar en ello (me acuerdo de la mili, claro) Y otras muchas cosas. Un día hice una experiencia: Llamar a varias consultas en las que hay contestador. ¡fantástica experiencia! Seguramente si me llamo a mí mismo no sabré qué decir, por aquello de la distancia, pero uno piensa ¿y como voy a dejar un mensaje en este contestador?
Lo mismo diríamos de otros aspectos. El cuidado físico, la presencia física personal, las maneras y forma de hablar (¡el chicle no, gracias!), el tener o no el botellín de agua e ir bebiendo en la entrevista... todo esto es información que damos o nos dan y con esta trabajamos siempre. Lo consideremos o no actúa sobre la relación que se establece. Y si podemos ser conscientes de estos elementos ganamos en el conocimiento y control de lo que sucede. Recuerdo que una vez, una profesional a la que supervisaba su trabajo (y nunca mejor dicho, supervisaba) me vino con un cachorro de perro que, evidentemente se hizo sus cosas en el despacho... ¿qué decir ante esto?
Bueno, hoy estoy poco inspirado, lo veo. Y os dejo.
Ciao
Dr. Sunyer
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