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Mi cuaderno de Bitácora. V II 11/10/05: El pensamiento es producto grupal
13/10/2005
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Mi cuaderno de Bitácora VII (11/10/05)
Hoy, día de la Virgen del Pilar, me pongo a revisar lo que escribí ayer tras la sesión de nuestra asignatura. Os lo dejo como estaba pero quiero añadir algunas cosas más.
Este espacio que tenemos dos días a la semana está diseñado y pensado para que todos vayamos organizando, a través de lo que podamos ir añadiendo, la asignatura que forma parte de nuestro currículum académico; pero también para ofrecer la posibilidad, que muchos de vosotros aprovecháis (por lo que voy leyendo en vuestros cuadernos de bitácora), de reflexionar sobre el significado de ser psicólogo, de ser orientador, de ser profesional de la salud; sea ésta la de una persona, la de una familia, la de una organización o institución, o la de la propia sociedad en la que estamos. Parto de la idea que alguno de vosotros puede en un momento de su vida dedicarse a la cuestión pública y, por lo tanto, deberá administrar aspectos que tienen que ver con grupos y grupos de grupos: es decir, con lo social. Los psicólogos no sólo somos clínicos. O mejor, la clínica no es el único campo de los psicólogos.
Si pensamos en el conjunto de personas que constituimos la asignatura (fijaros que no digo grupo para evitar que nos veamos ocultos tras esta palabra), los que constituimos esta asignatura vamos transitando por diversos terrenos: días más soleados, días más oscuros. Momentos en los que todo parece una maravilla y otros que más parecen un pasar penando por la vida. Exactamente este es el proceso que se da en las interacciones con nuestros pacientes (leed no sólo personas “psicopatológicamente marcadas” sino colectivos diversos incluidos los que trabajan en una empresa o forman una sociedad; y si los sigo llamando pacientes es porque reconozco el sufrimiento que presentan). Y en este proceso en el que estamos involucrados (como en la asignatura) debemos hacernos cargo justo de lo que señalo en la clasificación: debemos hacernos cargo de las relaciones que se dan incluida la nuestra. Sí, incluida la nuestra.
Como profesor, y por lo tanto, responsable de lo que estamos organizando, no puedo dejar de pensar ¿qué no he hecho hoy? ¿qué no hice o qué hice para que los alumnos reaccionasen de esta manera y no de otra? ¿qué elementos se están agitando que causan esta “tensión”? Y junto a estas otras muchas y más personales como ¿aceptarán lo que les estoy proponiendo a sabiendas que tiene algo de rupturista? ¿no sería mejor mantenerme políticamente correcto, no entrar en berenjenales complicados, ser aséptico y limitarme a hacer lo que la Universidad me pide realmente: enseñe y evalúe”? ¿Tendrán razón los que desde distancias más cercanas me dicen “no te metas en estas cosas, “porqué no haces como todo el mundo”, “para lo que te pagan...”? Pero sigo con la mía: ¡estoy tan convencido de que lo que estamos construyendo es útil! Sin embargo no dejo de ver nubarrones cuando veo la cara de alguien que me sugiere “aburrimiento” o “enfado” o “frustración” Y, además, como no lo puedo segregar del día a día...
Lo que hacemos tiene mucho valor, independientemente de que podáis verlo. Posiblemente para muchos de vosotros la idea es que las clases deben ser impartidas (es decir, expuestas, dadas) por el profesor que es quien sabe del tema. Pero para mi, lo dije el primer día, todos construimos el conocimiento, todos construimos el complejo mundo de la asignatura. Tengo a mi alcance un texto de Dalal, F. (2000) taking the group seriously JKP, y en él aparece un estudio delicado y profundo (según mi percepción) de N. Elias. Aparecen numerosas citas y hay algunas que creo que se ajustan a este momento en el que estamos:
o “Thinking had a much more interpersonal character than the standardized image of thinking operations” (Elias, 1991:81) … Thinking took place between people, not inside them … thinking consisted of the manipulation of concrete substances rather than the manipulation of symbols (Dalal, 2000:98)
o The outcome of this is that language, by definition, contains representations of human experience as it has evolved in interaction. In other words, language is knowledge-they are one and the same. (Dalal, 2000:98)
Si somos capaces de crear un espacio en el que podamos compartir nuestra experiencia diaria, la que deriva de los textos que leemos, la que viene de la propia experiencia de estar juntos de formas diversas, la que nace de nuestra propia experiencia vital y también profesional y estudiantil, ese espacio es el que conformará el conocimiento que adquirimos junto con los demás. Aquí no estamos en la competición de saber quien sabe más (es decir, quien guarda en su cabeza más conocimientos para sí mismo), sino que estamos en la capacidad creativa de casi sesenta personas en torno a unos textos y unas experiencias.
Bueno, os dejo que leáis lo que escribí. Por ser día del Pilar, día de la Hispanidad (es decir de todos los que formamos este colectivo humano de diversas razas, culturas, pensamientos, razones de vivir, etc, y que, y a pesar de lo que algunos señalan, tenemos tanto de común), no me voy a alargar más de la cuenta.
Ahí va lo que puse. Pensad en ello.
Silencio. Este fue el primer elemento con el que tuvimos que vérnoslas hoy. Podíamos pensar si era operativo o no, si era útil, adecuado... y nos podíamos haber pasado un buen rato hablando sobre él. Pero, ¿y nuestro silencio? Fijaros que hay una dificultad importante al tratar de pensar sobre nuestra propia experiencia. Es una dificultad generalizada. Se observa y se percibe en muchos ámbitos; incluso en la propia actividad asistencial. Y si es cierto que la experiencia ajena es importante como punto de referencia, la que más útil acaba siendo para todos es la propia. La que proviene de esta capacidad de observar, observarse en las diversas situaciones que se van planteando. Y cuando nos pusimos a pensar sobre nuestro silencio aparecieron cosas muy, pero que muy interesantes. De entrada emergía nuestra capacidad clasificatoria: ¿qué tipo de silencios existen? Son iguales los silencios? ¿Son operativos? Y nos podíamos haber dedicado a hacer lo que suelo llamar “pajas mentales”, es decir, toda una elucubración que no es sino un “hablar por hablar”, un llenar el espacio comunicativo ante la ansiedad que genera el topar con algo tan evidente como el silencio. Y osé comentar un sentimiento que me estaba poseyendo: aburrimiento. Pero ¿por qué? ¿Os habéis preguntado sobre la etimología de la palabra silencio? Os animo a que la consultéis. Creo que encontraréis pistas que os hagan ir un poco más allá. Y tras esta intervención aparecieron otras. Se hablaba de la timidez (¡Volved a mirar el diccionario etimológico!), de si lo que uno iría a decir lo considera poco válido para los demás o que puede no ser bien acogida la idea que le viene a la cabeza (estas ideas son muy ricas, fijaros en las grandes dificultades que tenemos todos para participar de los procesos sociales, por ejemplo), también aparecía una imagen metafórica, la de “romper el hielo”, frase que se relacionaba con la distancia que había entre los miembros del grupo..., todo esto eran importantes aportaciones de los componentes del grupo y que iban dirigidas al propio pensamiento grupal.
Notaba lo pesado que os era, en general, el tema que estaba sobre la mesa así que os propuse considerar las propuestas teóricas, la clasificación que propongo en el texto. Creo que generó muchas ideas y comentarios, hasta el extremo que se organizaban corrillos para comentar cosas que estaban provocadas por el tema que teníamos sobre el tapete. Seguramente no era capaz de explicar bien lo que para mí era muy claro. Por esto creo que tengo que hacer algunas aclaraciones:
1. cuando se habla de relación asistencial, es decir, a todo este conjunto de actitudes y comportamientos, empatía incluida, que constituyen lo que con tanta frecuencia se oye de “relación asistencial” no se habla de “cuál es el objeto de estudio”. Es decir, puedo ser empático, simpático, comprensivo; puedo mostrarme más o menos cercano, ser honesto y un sinfín de elementos que han ido apareciendo. Esto hace referencia a mi actitud, a mi conducta para con el paciente o pacientes. Pero esto no pone el acento en qué es lo que miro, qué observo, qué tomo para realizar el proceso asistencial. Desde este último punto os trataba de decir que, a mi entender, podemos clasificar en tres grupos lo que observo o tomo en este proceso asistencial; esta clasificación se basa en la posición relativa que ocupa el profesional respecto la persona a la que atiende. En el primer caso, tomo a la persona que viene como “objeto de estudio”, yo no me incluyo en este estudio. Puedo considerar elementos contratransferidos (si lo leo desde el psicoanálisis), pero estos elementos no son objeto de estudio. Es decir, guardo una prudente distancia “objetiva” en la creencia de que mi presencia no altera el objeto de estudio, lo cual en Psicología no es posible aceptarlo como tal. En el segundo caso tomo a la persona y su entorno como “objeto de estudio”, estando el profesional otra vez alejado de dicho estudio. Ahí puedo considerar, como os traté de explicar, que ese “objeto de estudio” está ampliado a zonas que van más allá de su piel, de su piel física y psíquica. Pero el profesional sigue manteniendo una distancia con la situación que estudia. En el tercero (posición del grupoanálisis), tomo la relación entre las personas que están en tratamiento, incluido el profesional como objeto de estudio; es más como arte y parte del objeto de estudio. Esta tercera posición, repito, es la grupoanalítica.
2. Desde esta posición, todo lo que sucede en el ámbito de tratamiento es parte del objeto de estudio. Así desde un bostezo hasta el comentario anodino sobre “encontrarnos luego a tomar café”, forman parte de nuestro objeto de estudio. Nada de lo que sucede en el contexto es ajeno a lo que en él sucede. En este sentido, los corrillos que se forman en la clase, el no comentar algo por considerarlo inadecuado, el bostezo, la forma cómo el círculo se forma, lo que decimos y lo que callamos, todo esto, forma parte de nuestro estudio.
Entiendo que estas ideas puedan sorprenderos, e incluso agotaros. ¡Cuánto trabajo¡ Ya. Pero es que si seguimos, por ejemplo, las ideas de Lewin (por no meterme en berenjenales que os pueden ser más complejos), en un campo hay que poder entender la totalidad de las fuerzas que en él se manifiestan. Figura y fondo, es decir, lo que emerge y lo que queda oculto forman un dúo, dinámico e interactivo, que precisa ser conocido para poder entender la conducta de una o varias personas. Y nosotros, también en tanto que profesionales, siempre formamos parte del campo de estudio. Otra cuestión es qué hacemos con todo esto. Y de entrada una cosa: hablarlo.
El hombre, el ser humano, no es un ser aislado, no puede ser entendido desde el aislamiento. Estamos insertos en una malla comunicativa total que incluye no sólo el lenguaje (verbal, no verbal), sino el afectivo, el emocional, el fisiológico, el social. La matriz en la que nos formamos ( y que a su vez formamos) está articulada como lenguaje y es lenguaje, es comunicación. Palabras, pensamientos, sentimientos y conocimientos conforman un cuarteto de elementos que constituyen la matriz en la que el ser humano, desde su concepción, está articulado, engranado, inserto.
Mucho me gustaría que lo pudiésemos ir hablando.
Un fuerte abrazo.
Dr. Sunyer
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