|
|
 |
| |
 |
Mi cuaderno de Bitácora. Curso 202-03. Es un lujo tenerles aquí.
21/11/2002
|
 |
|
Es un lujo 21/11/02
Es un lujo tenerles como alumnos. Hoy, por ejemplo, teníamos sobre la mesa la cuestión de la transferencia y surgió la posibilidad de escenificar varias imágenes que visualizasen la que aparece, desde su visión, entre el profesor y el grupo de alumnos. Y la respuesta no podía ser mejor. Varias personas se brindaron a confeccionar esas escenas, estas estatuas humanas. Fantástico, de veras.
Varias cosas podríamos decir. De entrada, cosa que es de agradecer de forma mutua, la confianza que conlleva poder expresar lo que se expresó. Esto sólo puede suceder cuando los niveles de fiabilidad lo permiten. No depende ni del tiempo ni de la voluntad. Las personas con las que trabajarán sólo les podrán decir determinadas cosas cuando huelan que la confianza para poderlo expresar es suficiente. Y no depende de los esfuerzos: la confianza se gana, se establece con la relación, aparece cuando uno tiene la seguridad de que aquello que diga no va a ser censurado, no va a ser criticado o devaluado. Y esto sólo puede suceder cuando se han ido comprobando, a través de situaciones anteriores, que lo que se dice es aceptado. Y parece que el grupo confía. Eso es de agradecer. El grupo confía en el grupo. Es un punto a su favor.
Yendo al tema concreto, se escenificaron tres situaciones. La primera, que además era la primera que confeccionaban desde su propia iniciativa, tenía una característica que me pareció básica: la dinámica. Era una escultura dinámica. Como un móvil. En ella tanto las figuras representativas del profesor como la de los alumnos, se movían. Se interrelacionaban. Era una situación interactiva. Esto es un dato importante frente la teorización de la transferencia. Se lo voy a explicar de otra forma.
En mi cuarto de baño tengo unas baldosas que tienen un dibujo que llaman “aguas”. Son formas que antojan flujos de líneas, de claro-oscuros. Cuando me las miro, unos días veo en ellas una figura humana; otros días, veo un animal. En otras ocasiones se me asemejan guerreros luchando, o la calavera de un caballo... Y me dirán Uds., que son psicólogos, que esto depende de las percepciones que mi cabeza rescata aquel día. Y cuando me propongo encontrar la figura de aquel caballo encabritado que vi el día pasado, no hay manera humana de localizarlo. ¿A qué se debe? Nadie ha cambiado la baldosa, ¡doy fe! Y creo que coincidirán conmigo en que el caballo estaba en mi cabeza y que esa forma la veía en tanto que lo que mis ojos percibían se estructuraba n mi mente con la forma de un caballo. ¿Cierto? ¿Será algo similar lo de la transferencia? Creo que sí. Transferimos una estructura relacional, cargada, como alguien dijo, de afectos, sentimientos, conductas y aprendizajes, símbolos y significantes que se articulan de una manera particular con la persona con la que nos encontramos. Podríamos decir que siendo la misma estructura adopta formas variadas con cada persona. Ahí radica parte de su dinamismo. Hay una interacción entre las partes que se encuentran que determinan una forma particular de expresión de esa transferencia en cada uno de los encuentros que tenemos entre estas partes. Y si bien en el fondo la estructura es la que es y proviene de nuestra propia historia, se actualiza de forma particular. Y en esta actualización juega un factor relevante la interrelación dinámica que se da entre las personas implicadas.
Por otro lado, y como alguien también decía, la expresión que se da de la transferencia es subjetiva. Claro. Depende de las relaciones que establecen cada uno de las personas implicadas y que determina una particular Gestalt percibida de una forma y no de otra por cada profesional. Dicha Gestalt, recuerden, figura/fondo, organiza de una manera los aspectos percibidos. Esto quiere decir que en cada representación que hiciésemos de la transferencia de una persona con otra, aparecerían elementos que la modificarían. La articulación de estas diversas representaciones se acerca más a la “pureza” de la transferencia de esa persona.
Otro elemento relevante aparece en la segunda representación. Ahí se daba otra circunstancia: era la segunda representación y por lo tanto el grupo, representado en parte por su compañera, osaba jugar más con las imágenes que aparecían. En esta segunda representación emerge otro componente de lo transferencial. Las figuras familiares colocadas detrás del profesor parece que representaban un aspecto de la transferencia que lo vinculaba con sus relaciones con los padres y con la hermana. Y la propuesta era que, en función de la persona que el profesor tenía delante, la vinculación que se daba, es decir, en nexo de unión que lo articulaba con esa persona, era filial, paterno o materno. Esto tiene una riqueza que a todas luces me parece exquisita. Y entiendo que para quien no quiera verlo no lo va a poder ver. Y lo acepto. Pero fígense que lo que señalaba dicha representación, complementaria a la anterior porque era la que la sucedía, era el talante del nexo que vinculaba individualmente al profesor con cada alumno. Si por un casual pudiésemos representar la cosmología interna del profesor, podríamos idealmente, claro, representar los diversos nexos que lo vinculan con cada uno de Uds. Pero también podríamos tratar de desmenuzar los aspectos que se articulan, por ejemplo, con la idea filial. Si los desmenuzásemos iríamos viendo los elementos que conforman ese nexo que va del profesor al alumno.
La tercer representación optó por ceñirse al otro lado de lo transferencial: a la contratransferencia. Contratransferencia entendida como aquellos elementos que aparecen en los alumnos como consecuencia de la relación transferencial propuesta por el profesor. Ahí se encuentran Uds., con otra joya. Aparecían elementos variados que iban desde la adulación al desprecio, desde el enfado hasta la admiración. Desde la indiferencia a la devoción. Estos elementos, seguramente si nos hubiésemos animado más hubiesen ido apareciendo otros elementos ricos en proteínas, dan una idea de la complejidad que emerge del fenómeno transferencial. Ahí, a diferencia de las imágenes anteriores que hacían hincapié en los aspectos morfológicos, subrayaba los aspectos afectivos y su distribución espacial. En efecto, el profesor estaba rodeado de los elementos contratransferenciales de la misma manera que la transferencia y contratransferencia nos envuelve en nuestras relaciones.
Le añadimos un elemento que enriquecía la imagen: verbalización de ideas desde cada una de las posiciones. ¿Alguien las recogió? Ahí tienen otro elemento que les permite comprender más ese aspecto de la transferencia. Y, no recogimos otro más: el significado del lenguaje no verbal, tanto en lo que se refería a la posición que tenía cada uno de los figurantes, como la posición relativa de cada uno respecto al profesor.
Todo ello les da pistas de lo que puede hacer su capacidad creativa. No pretendo agotar las posibilidades sino proponerles la utilización de sus capacidades en la exploración de los pacientes tanto individualmente como de forma colectiva.
Muchas gracias.
Dr. Sunyer. 21/11/02
|
 |
|
| |
 |
|