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Introducción a papeles 5

09/05/2001

Alguien me preguntaba no hace mucho tiempo, a raíz de su sorpresa al ver que el recuerdo de un ser próximo le generaba una importante emoción, que por qué sucedía esto y me sugirió que escribiese algo para poderlo entender. Evidentemente su sugerencia tiene varias lecturas y no es éste el lugar para realizar una descripción detallada de las mismas; pero en cualquier caso atiendo a una de ellas: la necesidad que tenemos todos en entender cosas. De hecho este es uno de los objetivos de estas páginas: facilitar elementos de comprensión, desde la psicología, de las cosas que nos ocurren. Y estas aparecen tanto en la vida cotidiana como en el proceso de análisis o psicoterapia, tanto individual como grupal.

Así que me puse a trabajar y creo poder ofrecer al fin una explicación suficientemente clara. Explicación que en realidad es doble porque atañe a dos tipos de sucesos. La primera, en la que explico el mecanismo mental tras el que las personas nos sorprendemos de la emergencia de afectos determinados (de rabia o de cariño, por ejemplo) ante hechos que ocurren en nuestro alrededor. Esto forma parte del proceso que definimos como identificación. La segunda es otro proceso en el que los afectos no derivan de cosas que suceden a nuestro alrededor sino de recuerdos, situaciones, que están en nuestra memoria y frente los que el afecto que emerge nos sorprende a nosotros mismos. Este hecho, el que nos sorprenda, le da un atributo especial y que es el que centra nuestro interés. Y nos da pie a describir este otro proceso: el de la disociación de hechos y afectos.

La pregunta que automáticamente me surge es si estos procesos son individuales o grupales, colectivos. Es decir, si pertenecen a la psicología individual o a la psicología grupal. Evidentemente hay un aspecto que es absolutamente individual. Los procesos que describiré ocurren en la mente del individuo. Ahora bien no afectan sólo a la singularidad del sujeto, sino también a sus aspectos grupales. Sobre todo en tanto que las emociones son vistas, detectadas, también por los demás. Y generan en los otros una reacción, de agrado o de rechazo. Pero incluso hasta aquí, la reacción mantiene su carácter individual. Sólo que, y es a partir de este momento, cuando comienzan a aparecer elementos más grupales que individuales. El grupo, el colectivo, establece un ambiente emocional que condiciona y es condicionado por las emociones de sus individuos. Por ejemplo, en un grupo familiar, si uno de sus miembros está deprimido o eufórico, afecta al comportamiento de todos sus miembros; llegando a un punto en el que resulta difícil saber qué es antes, si el huevo o la gallina. Si es ante la emoción individual que afecta al grupo, o si es el ambiente grupal que afecta al individuo.

Aparte de estos temas aporto el comentario bibliográfico que esta vez se centra en dos libros. Finalmente, en las actividades, ofrezco un nuevo espacio: “el grupo de iniciación a la actividad profesional”. Que será mensual y en el que se tratará de colaborar en el buen desarrollo de los primeros pasos profesionales de aquellas personas que, finalizados sus estudios, se encuentran ante el complejo mundo laboral y los afectos que a él y frente él se desarrollan.

Espero que les guste.


 
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José Miguel Sunyer Martín, Doctor en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona
Colegiado con el número 6589, en el Colegio oficial de Psicólogos de Cataluña
Avenir 5, Ppal. 2ª · 08006 Barcelona · Cif 37252506G