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Introducción a cuadernos 4

07/03/2001


Bueno. El número esta vez llega con notable retraso. El proyecto se ve con frecuencia asediado por otros compromisos más urgentes, o más apremiantes, y facilita el “aparcamiento” de este, que también lo considero importante. Cuento con vuestra comprensión.

En varias ocasiones había comenzado a desarrollar los temas de este número. Recuerdo por ejemplo, el momento de inicio del curso académico, en que comencé a elaborar un texto sobre justamente esos inicios. Esos momentos en los que, tras el descanso estival, nos vemos engrasando la maquinaria asistencial y lectiva. Pero la propia presión de la actividad detenía el texto a partir de un punto. Otra ocasión fue a raíz del asesinato del Prof. Lluch. Tuve ocasión de tenerlo como profesor en un momento de mi vida y este hecho me llevaba a leer muchos de sus escritos con la secreta ilusión de quien lee algo de alguien que conoce o ha conocido. Sin embargo, la presión de otras áreas se entremezcló y paralicé el escrito que había comenzado a elaborar. Guardaba relación con todo lo que sucede en el País Vasco, el tema del terrorismo, del odio y la sinrazón. Paralizado aquel momento, y en una de estos días en los que no hay nubes en el horizonte, me puse a trabajar, esta vez parece que en serio, en el presente número.

En él presento una reflexión a raíz de una idea de J. García Badaracco: la de la integración. Y junto a éste, presento un caso conocido por algunos de nosotros en el que, y hoy por hoy, estamos consiguiendo una cierta coordinación o al menos un no caminar de forma divergente e inconexa. Y finalmente, realizo mi aportación a la biblioteca de mis lectores: tres libros esta vez, tres, que me han encantado. De ellos, el segundo, el trabajo de Morin, me parece en estos momentos muy sugerente. Y guarda relación con la integración.

En este sentido, la idea integradora topa con la de la multiplicidad y la preservación de lo particular. De un lado, parece importante asegurar las características individuales bien sean étnicas, culturales, de idioma... pero al tiempo, ese cuidado, ¿cómo lo articulamos con la integración? Esto sucede también en nuestro contexto profesional. ¿Cómo articulamos, integramos, los diversos aspectos de los otros sin que peligre la idea de integración? ¿Cómo se articula lo biológico con lo psicológico? ¿O lo somático con lo psíquico?

El pensamiento de Morin nos introduce siete principios que tratan de combatir la fragmentación del pensamiento, el de la práctica educativa y, eso ya lo creo yo, la de la práctica asistencial. Nos cuesta mucho, por lo general, concebir las cosas de forma global y al tiempo particular. Resulta difícil articular el pensamiento de forma que las diversas aportaciones de cada uno de nosotros se articulen sin perder su valor individual y al tiempo, manteniendo la unicidad de lo que trabajamos. Y esto, creo, sucede en la práctica clínica, cuando por ejemplo, realizamos intervenciones desde diversas disciplinas; pero dentro de una misma, cuando nos cuesta articular el diagnóstico con el tratamiento o tratamientos y con las diversas evaluaciones y valoraciones del caso.

Pero no sólo en la practica clínica. También en la docente. Por lo general cada uno de nosotros acaba organizando las actividades docentes olvidándonos de la existencia de procesos, procesos educativos, procesos personales, a lo largo de los estudios de nuestros estudiantes; sean nuestros hijos pequeños, sean los estudiantes universitarios. Y la parcelación de los conocimientos, pero sobre todo, la parcelación del proceso educativo incide, creo yo, negativamente en la construcción de un pensamiento globalizador y también en el de la construcción unitaria de una persona. Y esta realidad escindida que se percibe en los campos clínicos y educativos, se corresponde a la que se ve en la sociedad y en nuestros políticos. Y todo ello, sin que nadie, o mejor poca gente, sea consciente. Y como la complejidad es elevada, cada uno acaba reaccionando de la misma forma con la que reaccionan muchos de nuestros jóvenes: “¡ve a tu olla!” O sea, que cada uno vaya a lo suyo. Lo parcial vuelve a su reino ya que lo global confunde; pero posiblemente la confusión deriva de la poca práctica que tenemos en articular lo global y lo particular como si de figura y fondo se tratase. Un problema Gestáltico en definitiva.

Deseo que las próximas páginas sean de su agrado


 
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José Miguel Sunyer Martín, Doctor en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona
Colegiado con el número 6589, en el Colegio oficial de Psicólogos de Cataluña
Avenir 5, Ppal. 2ª · 08006 Barcelona · Cif 37252506G