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¿Pan y circo? Espero que no.

20/11/2000


Bueno, pues tenemos novedades. Porque recientemente, un canal de televisión emite una serie, El Grupo, en el que se pueden ver muchas de las cosas que contamos en estas páginas.

Desconozco el origen de esta serie. A mis oídos ha llegado que ya fue emitida en un país sudamericano y que tuvo buena acogida. Y desconozco también la que tiene aquí. En cualquier caso, es interesante que aparezca un aspecto del trabajo de muchos profesionales.

Emitir algo así, no es fácil. Y creo que una de las razones por la que se torna difícil es precisamente el medio por el que se transmite. Medio que, como parece comprensible, estará más preocupado por los índices de audiencia que por los de la calidad de lo que emite. No debiera ser así; pero es la realidad que hemos montado: priman las apariencias a la calidad de lo que se ofrece.

Imagino que es por razón de las audiencias, que se combinan dos elementos que forman parte de la realidad: lo que sucede en la sesión y lo que sucede en la vida de cada uno de los integrantes del grupo; incluido el conductor. Y en esta doble realidad, pueden colarse aspectos que estén más preocupados por generar las expectativas suficientes en el público que les haga fieles a la emisión, que por la de la corrección profesional de lo que se emite. Los humanos seguimos teniendo este aspecto del que ya los emperadores romanos estaban al corriente: pan y circo.

Sin embargo, y hoy por hoy, no parece que la serie se exceda en mostrar situaciones con morbo televisivo. Y posiblemente por esto, la serie presenta un aspecto un tanto “aburrido”. Pero ese aburrimiento es, en mi opinión, lo que garantiza que lo que se emite se ajusta a la realidad.

En efecto, siendo cierto que en la vida aparecen situaciones de mucho “morbo”, si la serie cayese en potenciar estos aspectos, nos estaríamos alejando de otro aspecto de la realidad más común de lo que creemos: la vida tiene más de aburrida que de excitante. La cotidianidad de las cosas que vivimos la mayoría de los humanos le da esa tonalidad un tanto depresiva, un tanto real que, a efectos de un espectáculo no funciona. La lucha interna, por ejemplo, a la que nuestra violonchelista se ve sometida, lucha que tiene que ver con las fidelidades (a mi padre, a mi madre); los plantes que Fidel da al conductor del grupo; la ansiedad generalizada que presenta Marga, la rígida apariencia omnipotente que nos muestra Carlos, por ejemplo, todo ello, tiene mucho más de cotidianidad y de realidad que las escenas aparatosas que podrían inventarse los guionistas de la serie.

Si uno va siguiendo con atención los capítulos, puede ir viendo cómo se tejen las relaciones, pasando de una suspicacia y recelo total, a una creencia de cercanía que tampoco es real. Cómo aparecen deseos de romper el marco de trabajo dibujado por el conductor del grupo. Cómo aparecen alianzas en contra de algún miembro y cómo estas mismas alianzas se van desplazando de uno a otro componente del grupo. Todo ello, le está dando una pátina de verosimilitud que, para muchos de los que estamos acostumbrados a trabajar en contextos similares, e incluso mucho más duros por las problemáticas que se dan o por las circunstancias que rodean a los tratamientos psicológicos, nos tranquiliza.

Los espacios de psicoterapia de grupo no son lugares en los que necesariamente la gente debe expresar intensamente sus emociones; o no son lugares en los que los participantes deban experimentar sensaciones especialmente intensas o dibujadas para hacer creer que uno es libre sin serlo. Tampoco es un lugar para hacer amigos, aunque pudieran surgir algunas amistades. Tampoco es un espacio en el que el conductor somete a una presión psicológica intensa para que se descubra “toda la verdad de cada cual”. No. Todo esto es más el producto de nuestra fantasía, o más nuestros deseos de encontrar marcos espectaculares, que la realidad de un tratamiento seriamente conducido.

Y ver que el conductor también es de carne y hueso; que también a él le suceden cosas y cómo todo esto que le sucede debe permanecer estanco para evitar cualquier contaminación del ámbito profesional y asistencial. Ello también es interesante.

Veremos cómo sigue la serie.

En este número, el 4 ya que no consideramos el número 0, seguimos explicando cosas de la relación, introduciendo el concepto de relación transferencial tan útil para la comprensión de lo que nos sucede.

Deseo que les agrade.


 
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José Miguel Sunyer Martín, Doctor en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona
Colegiado con el número 6589, en el Colegio oficial de Psicólogos de Cataluña
Avenir 5, Ppal. 2ª · 08006 Barcelona · Cif 37252506G